El Teatro Colón, ¿cerró o se expande?
Su política extramuros, mientras avanzan las reformas, podría ser una gran oportunidad para ganar nuevos públicos
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A un mes de su cierre, el Teatro Colón, paradójicamente, se muestra más activo que nunca: reinaugura vitrales restaurados; presenta su temporada 2007; desembarca en el Luna Park.
El primer coliseo no para de ser noticia y por momentos parece una sobreactuación. Cuando creíamos que no íbamos a tener de él informaciones significativas por un tiempo largo -al menos hasta su esperada reapertura para su centenario, el 25 de mayo de 2008- nos sorprende ahora mismo, al multiplicarse en infinitas sedes y actividades. ¿Será para neutralizar las inquietudes respecto de cómo se encara el ambicioso Master Plan? ¿Intenta así conjurar el dolor de ausencia que inevitablemente generaría entre sus seguidores más fieles un silencio profundo mientras se remoza?
Sea por una u otra cosa, lo cierto es que en tanto la joya más preciada de la ciudad entró en el quirófano para cirugía mayor -a cada incisión que se hace sobre su venerable cuerpo, los "médicos" miden esa maravillosa e inexplicable acústica, su principal tesoro, que es de esperar que con tanta "mejora" no se pierda-, extramuros viene demostrando un inédito espíritu andariego que ha convertido, de buenas a primeras, al conspicuo y sedentario Teatro Colón en una bienvenida institución itinerante. Sin perder sus bien ganados blasones, ¿podrá ahora enriquecerse con otras brisas refrescantes provenientes de lugares y públicos distintos?
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La reciente experiencia de brindar Turandot en el Luna Park (éxito apabullante de público y crítica, en ocho funciones, con más de 32 mil espectadores, unos 10 mil más de los que hubiesen entrado en la sala principal de la calle Libertad en idéntico número de representaciones) fue el puntapié inicial de algo más ambicioso que la actual coyuntura de la sede paralizada por las reformas potencia: que el Colón salga por la ciudad y por el país a la búsqueda de nuevos públicos. Su monumental edificio (y no menos impresionante historia de celebridades que actuaron en su escenario), más las realidades (y leyendas) de ser o haber sido un lugar para pocos, sólo reservado para la más alta aristocracia, mantiene todavía a la distancia a cantidades de espectadores sensibles que nunca (o pocas veces) han pisado ese templo musical, ganados por estúpidos prejuicios ideologizados o por tontos complejos de inferioridad.
Aun cuando los operómanos más acérrimos se hayan rasgado las vestiduras en el Luna Park por el sonido amplificado de la obra de Puccini (de todos modos, bastante bien ecualizado), valió la pena la experiencia. Daba gusto ver, entremezclados con el público habitual del Colón, otras caras y otras edades. Un entorno más informal y amistoso que, inevitablemente, atrajo a gente nueva. Y hasta resultó simpático ver cómo algunos espectadores de Gran Abono cambiaban su glamorosa copa de champagne por un buen pancho (toda una apetitosa institución del estadio de Corrientes y Bouchard). Sin la solemnidad del Colón, esa nueva fragua -público habitual, nuevos espectadores y ámbito natural de representaciones más populares- alentó aplausos entre arias y hasta el insólito bis de Darío Volonté en la penúltima función.
Aunque no fue anunciada ninguna representación en el Luna Park para la temporada 2007, tras la positiva experiencia de Turandot avanzan las primeras conversaciones para que haya otra sorpresa por el estilo el año próximo.
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Muchos dicen, no sin razón, que la prodigiosa acústica del Teatro Colón determinó el desarrollo firme y sostenido de legiones de artistas locales con calidades fuera de lo común. Que si a los argentinos no se nos hubiese regalado ese don extraordinario que hasta ahora la sala principal conserva, quien sabe si se hubieran despertado tantas vocaciones musicales.
Si esto es así (y es muy probable que lo sea), la salida del Colón hacia otras sedes (el Coliseo, el Gran Rex, el Alvear y el San Martín) y, principalmente, su inserción momentánea en barrios más alejados del centro (el CETC ya pasó por el Margarita Xirgu, de San Telmo; la Opera de Cámara se trasladará al teatro 25 de Mayo, de Villa Urquiza; algunos talleres funcionarán en dependencias de la biblioteca La Nube, de Colegiales) podría propiciar nuevos talentos o, al menos, legítimas curiosidades que amplíen y nutran la familia de seguidores del Teatro Colón, con aportes sociales y generacionales diversos y enriquecedores que lo conviertan definitivamente en un faro de excelencia de toda la comunidad y no solamente de sus elites económicas y culturales.
Quizás una notable adversidad (el cierre de la sala principal durante un año y medio) bien pilotada pueda transformarse en una gran oportunidad (el acercamiento de nuevos públicos, la expansión de la "marca" Teatro Colón). La renovación de abonos para la próxima temporada, que comenzará mañana, con sustanciales rebajas del 30 por ciento o más con respecto a los precios actuales quizá también pueda contribuir a ese fenómeno en ciernes tan estimulante.
Anoche la Orquesta Académica del Teatro Colón actuó con el Coro Polifónico Nacional en la Facultad de Derecho y hoy, a las 19.30, en el Centro Cultural Recoleta, con entrada libre y gratuita, los talleres de integración operística del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón mostrarán tres trabajos.
El presupuesto operativo 2007 del Colón se reducirá de unos 14 millones de pesos a 10 millones el año próximo, diferencia que será absorbida con niveles de producción menores, óperas en versión concierto y coproducciones externas. El camino, no exento de acechanzas, acaba de comenzar. Saberlo recorrer bien será la clave.



