
El teatro de Sarah Kane
Cristián Drut la define como una obra sobre pulsiones y deseos
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"Lo veo más como un texto para representar que como una obra en sí misma", dijo alguna vez la escritora Sarah Kane, sobre su obra "Crave", rara y distinta del resto de su dramaturgia. Tanto es así que la editó con un seudónimo: Marie Kelvedon y hasta se inventó una biografía en la que, entre otras cosas, decía que fue expulsada del colegio por cometer un acto de "inexplicable dadaísmo" en el comedor, que fue presa, trabajó como taxista y preparó escenarios para el grupo Los Maníacos Predicadores Callejeros. "Kane presentó la obra con seudónimo porque ya era conocida y, de alguna manera, para autorizarse a poder escribir de otro modo esta especie de largo poema a cuatro voces. Por eso, inventó una biografía apócrifa de sí misma", explica Cristián Drut, director de "Crave", que se estrenará mañana en El Lavapiés Teatro.
El nombre de Sarah Kane circula cada vez más fuerte por los escenarios europeos, a raíz de su suicidio, el 20 de febrero de 1999, casi relatado y reflejado en su obra póstuma "4.48 Psicosis". Pero a raíz del estreno porteño de esta obra (con Leonor Manso, dirigida por Luciano Cáceres) que su nombre se hizo familiar entre los teatreros de Buenos Aires.
Drut leyó las obras de Kane hace tiempo, cuando se las pasó Rafael Spregelburd. Se interesó mucho en "Crave" y viene trabajando con ella desde hace tres años, con los tropiezos propios que implica hacer teatro. Aunque finalmente, la puedo estrenar con la actuación de Carolina Adamovsky, Javier Acuña, Gaby Ferrero y Javier Lorenzo.
"A partir de estar en contacto con Fabricio Costa, Esteban Ulrich y Andrés Colubri, pensamos en mandar la obra a una especie de no lugar, de un espacio más onírico, con la inclusión del recurso de la proyección", explica Drut. "Lo interesante es que no está pregrabada, sino que hay algo de la operación que es en vivo, de acuerdo con la pasada. La obra tiene algo plástico en relación a colores y formas, pero hay algo de lo que sucede que es una especie de «diyei». Es decir, no hay un guión estricto de luces. Es una obra donde la acción es pura palabra. Por eso fue difícil encontrar determinados mecanismos para actuar. Mi idea de puesta tiene que ver con una instancia de desaparición de puesta en escena y con poner el texto adelante. Hacer una obra de texto, en pocas palabras."
En algunas puestas internacionales, la obra se presentó como "Ansia" o "Falta", según el caso. Según el diccionario, la palabra inglesa "crave" significa "necesitar con urgencia, requerir, suplicar, implorar, pedir encarecidamente, apetecer, anhelar, ansiar, desear vehementemente". Esas palabras difíciles de traducir, sobre todo cuando se trata de definir un concepto sobre el que trabajó el autor. Por eso, Drut prefirió presentarla con su título original.
¿De qué se trata "Crave"? El director entró en crisis para poder explicarlo. "Es tremendo tener que contarte qué dice la obra. En términos de contenido, es un texto que habla de puro deseo, con situaciones que tienen que ver con la angustia y la depresión, con la construcción de vínculos amorosos... Hay alguna que quiere ser madre y no puede, un pedófilo, historias de abusos sexuales... Te la definiría más por el lado de algo relacionado con las necesidades y con la pulsión: eso que no podés controlar, que te supera, desear las cosas y que no se produzcan", concluye el director.


