
El teatro que se cuelga y vuela
Cada vez más se utilizan las coreografías aéreas para incorporarlas a las obras
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En 1989, Buenos Aires quedaba perpleja con un grupo de artistas que no sólo caminaba por el Obelisco como insectos, sino que esas habilidades tenían un lenguaje propio potente y teatral. Era la Organización Negra, un grupo que ya forma parte de la mítica de la movida alternativa de aquellos años. Ellos implantaban los vuelos, la acrobacia y las coreografías aéreas como una prolongación del lenguaje teatral, del mismo modo que lo hacían con la música y el sonido.
En 1992, esa compañía se desarmó y algunos de sus integrantes fundaron De la Guarda. A partir de aquí ya todos saben qué siguió: el éxito en Broadway, en Europa, Asia y muchísimos países con su espectáculo "Villa-Villa", cuyo mayor atractivo eran las técnicas aéreas en pos de un lenguaje que apela a los sentidos del público. Y le siguieron muchos otros espectáculos propios y de otros grupos, como "Fuerzabruta" (de Diqui James y Gaby Kerpel) y los espectáculos del TSO (Teatro Sanitario de Operaciones).
Hoy, hay por lo menos cuatro que utilizan las técnicas aéreas como elemento visual o continuación de la línea dramática: "Dilemma", "Sudestada", "Mamushka" y "Piedad". Además, "Villa-Villa" estuvo hasta hace poco en cartel en Mar del Plata y se descarta que volverá por algunas semanas a Buenos Aires en el transcurso del año.
Lo que se pretende plantear es si existe o no una tendencia a la utilización de las técnicas aéreas sólo por lo visual y por razones efectivas, o ya están integradas al lenguaje teatral como un nuevo componente más.
Hasta puestas en escena de obras clásicas como "Romeo y Julieta" y "Sueño de una noche de verano" (en las versiones de Alicia Zanca), o comedias musicales como "El violinista en el tejado" y "Rita, la salvaje" se regodearon con la utilización de acrobacia en telas o vuelos al mejor estilo “Peter Pan”.
Claro que esto no es una gran novedad desde lo visual. Si viramos la mirada hacia atrás, basta con recordar aquella versión musical de “El príncipe feliz” que se dio en llamar “Rosaluz” y que dirigió Waldo Belloso, en 1981. O de las versiones de “Peter Pan” que hicieron Julio Gallo y, más recientemente, CIE. “Dilemma”, la obra que dirige Kris Niklison (quien fue una de las cabezas artísticas del Cirque du Soleil en Europa) y que se representa en el Club del Teatro, de Mar del Plata, es un claro ejemplo.
Lo que cuenta la actriz es una historia de amor entre dos mujeres. Pero todo ese proceso está narrado a través de palabras, danza y acrobacia. Nada está puesto para decorar. Todo cuenta, todo dice y remarca. “Creo que el teatro, como todo, está volviéndose más visual. Los textos están perdiendo vigencia y las imágenes van ganando fuerza, lo que naturalmente incluye diferentes niveles y posibilidades –explica la creadora–. Intuyo que esa tendencia va a perdurar, ya que la considero un desarrollo más que una moda. Sí, hay algo de moda en lo aéreo a partir del boom de De la Guarda. En Holanda, por ejemplo, soy una de las pocas artistas que combinan técnicas aéreas con teatro; pero en Brasil hace tiempo que eso ya se hace.”
En “Sudestada”, el grupo Cuatro Vientos fue mucho más allá de sus espectáculos tradicionales. Sumó teatro, música, acrobacia y coreografías aéreas a los distintos cuadros que conforman el show que dirige Gerardo Hochman. Ya habían incluido acrobacia en la versión que el director hizo de “La tempestad”, donde los cuatro músicos andaban trepándose a las palmeras mientras ejecutaban sus instrumentos. “Si bien la música es la vedette de nuestros espectáculos y los ilustramos con otros elementos, también aprendimos a usar la altura en forma nada decorativa. Hacemos «Kicho», un tema de Astor Piazzolla, que dura más o menos un minuto. Acontece con un número de tela desde atrás. De alguna manera, el músico dialoga con la persona que hace las figuras en las telas. Eso no es mera ilustración”, aclara Julio Martínez, perteneciente al grupo Cuatro Vientos.
En “Sanos y salvos”, Hochman y la Compañía La Arena, que se está presentando en la Ciudad Cultural Konex, también se combinan teatro, acrobacia, danza, música en vivo y bellas artes, en un espectáculo sin una línea argumental, donde hay pocos momentos en que los artistas no tocan el piso.
Pero tanto “Sanos y salvos” como “Mamushka”, el espectáculo que la compañía Circo Negro hace en el espacio de Ferrari 252, están mucho más vinculados con las técnicas circenses que con los “trucos” aéreos. Aunque, dicho sea de paso, hay que recalcar que el aire es lo que prevalece. “A fines del año pasado armé este espectáculo con gente de mi escuela sobre la base de técnicas aéreas, porque es lo que hago y enseño desde hace muchos años –aclara la directora Mariana Sánchez, que formó parte del grupo La Trup–. Sé que ahora hay una tendencia más popular, pero está bueno porque hay más trabajo para todos, y eso es algo que suma. Hace años que en el teatro se van sumando la danza, la plástica, la música en vivo y el diseño. Que se agreguen el circo y las técnicas aéreas significa que se suman más herramientas para la expresión que favorecen a las artes y que se nutran unas a otras. Los géneros puros van dejando de existir de a poco.”
Los locos de la altura
“Lo que nos diferencia de la gente del circo es que nuestro objetivo de usar el aire y las sogas, la grúa y los motores; apunta a lograr una imagen poética, para transmitir una emoción. No buscamos el efecto al que apunta el tipo que va a hacer el triple salto mortal”, expresaba Diqui James poco antes del estreno de “Doma”, en 1998. El fenómeno De la Guarda no sólo llegó a Broadway con “Villa-Villa”, sino que uno de sus creadores, Pichón Baldinú, fue contratado por la poderosa división teatral de la compañía Disney para hacerse cargo de las coreografías y efectos especiales aéreos del nuevo musical “Tarzán”, que se estrenará en abril en Nueva York. Para eso, Baldinú armó su propio taller en Buenos Aires, donde no sólo probó cada aparato y cada arnés, sino que entrenó a algunos artistas.
Desde fines del año pasado, el TSO (Teatro Sanitario de Operaciones), que sigue la misma línea de grupos como De la Guarda o La Fura dels Baus, viene deslumbrando a jóvenes entusiastas con su performance llamada “Piedad”, que actualmente se representa en la sala Villa Villa del Centro Cultural Recoleta. “Nos interesa trabajar imágenes atractivas estéticamente. La utilización de lenguajes narrativos como el agua, el barro, el fuego y el aire son para contar una historia, no para hacer una imagen descolgada de otra”, explica Jackie Miller, responsable del arte de “Piedad”. “Cuando incorporamos la altura, tuvimos que sumar a gente que tenía conocimiento de eso y que podía poner esas cosas en escena y en lo que contábamos. Utilizamos la altura como entrada en escena, como un plano más. Y gana porque todo el mundo lo ve. Pero nuestra estética no es sólo el vuelo, sino la conjunción de todos los elementos”, agrega Quique López, director y coautor, junto a Fernando Mut.
La técnica “pega”. “Fuerzabruta” se estrenará en el Roundhouse de Londres, en junio; “Dilemma” vendrá en abril a Buenos Aires, y “Villa-Villa” continúa en Atenas.




