
El Terceto, un grupo que siempre está dispuesto a hacer algo nuevo
1 minuto de lectura'
Presentación de El Terceto, con Hernán Ríos en teclados, Pablo Tozzi en contrabajo y voz y Norberto Minichillo en batería y voz. En Umbar. Mañana se presentarán a las 20.30, en el Centro Cultural del Sur, Caseros 1750.
Nuestra opinión: muy bueno.
Evolución es quizá la palabra que mejor describe la música de El Terceto, un combo que interpreta de manera acabada el espíritu del jazz, pero desde una mirada porteña, rioplatense. Un show en el que Norberto Minichillo en batería, verdadero corazón del trío, junto a Hernán Ríos en piano y Pablo Tozzi en contrabajo, suscribió un compromiso de elegancia musical y de moderno mensaje.
Ríos tiene un sonido abierto en el que sus solos, de frases algo asimétricas, logran impulsar de manera abrupta el ritmo; improvisador de vuelo sostenido, su estilo representa un universo alternativo. Cerca, Tozzi elabora uno de los bajos más interesantes por sureevaluaciónde la visión tradicional, con un melodismo nada común. Sostiene un estricto tempo, pero sus líneas son de una fuerte musicalidad. En sus introducciones, como en sus solos, Tozzi hace cantar al mueble fino. Una suerte de Paul Chambers melódico. Atrás, Minichillo pone una enorme dosis de creatividad en los distintos ritmos sobre los que trabaja. Este baterista mantiene sobre los tambores una técnica de tensión-relajación atrapante para quien escucha. Cambia las simetrías de sus formas y genera así un espacio intenso. Se vuelve, de alguna manera, el conductor de cada tema.
Por si fuera poco, El Terceto tiene algo casi único en el jazz local. Dos cantantes: Tozzi y Minichillo, perfecto contraste entre la voz diáfana del contrabajista y el tono aguardentoso, tanguero, de Minichillo.
Su show en Umbar comienza con un aire de chacarera que muestra cómo el grupo se va asentando en su mensaje; Ríos toma un solo de 16 compases para avanzar sobre una idea pequeña en contenido pero desarrollada de manera exhaustiva, en la cual tras un encadenamiento de acordes seguido de escalas altas se cae en una estructura arpegiada. El ritmo de Tozzi asegura el camino enriquecido por los énfasis de Minichillo en sus tambores, en las definiciones de cada vuelta, cada una de ellas más inspirada, más caliente que la anterior.
Los acordes del piano sacuden con "Milonga triste" el club; este tema tradicional gana una nueva vitalidad, intensa pero de gran agilidad.
El tempo suavemente se acelera en los solos, como si el combo buscase con ese impulso renovar el mensaje. La batería describe un arco amplio de tensión al que se suben Tozzi y Ríos, para luego en pocos compases disolverse en la melodía. "Lloré con mi grito largo, lloré sin saber llorar", canta Minichillo con un tono tan afín a la lírica que pone lapiel de gallina.Su fuerza interpretativa es de tremenda expresividad.
"Hugo cuando duerme", tema de Ríos, propone una personal mirada a las adyacencias del free jazz. Su introducción muestra a un pianista de la vanguardia porteña, pero sin pose, un músico sensible, como también lo es Tozzi, que elabora su discurso sobre un mundo que tiene imágenes sonoras. Por momentos, la melodía parece vagabundear, aunque la dirección está contenida en la línea del bajo, pues batería y piano se encuentran en un diálogo de profunda interacción.
Habrá más: "La fallada", tema de Minichillo, destruye el mito de la improvisación baterística sobre los ritmos de seis por ocho; no hay reiteraciones ni exhibicionismo. Hay composición. Cierran con "Hasta siempre", una guajira que es el sello del grupo y que tiene una simbología evidente acerca de la filosofía del trío, un grupo que puede definirse como uno de los más evolucionados combos del jazz argentino.




