
El vuelo mágico de Oscar Araiz
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Actuación del Ballet del Teatro Argentino, de La Plata. Programa : "Romeo y Julieta". Música de Serguei Prokofiev. Coreografía de Oscar Araiz. Vestuario de Renata Schussheim. Diseño de iluminación de Araiz y Gabriel Lorenti. Con Carla Vincelli, Nadia Muzyca, María Fernanda Bianchi, Aldana Bidegaray, Sabrina Streiff, Eric Erles, Gaik Kadjberounian, Marcelo Reynoso, Christian Pérez y cuerpo de baile. Director de la Orquesta Estable: Mario Benzecry. Director del Ballet Estable: Mario Galizzi. Director de Danza del Centro de las Artes Teatro Argentino: Oscar Araiz. Próximas funciones: sábados 1° y 8 de noviembre, a las 20.30, y domingos 2 y 9, a las 17. En la sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata.
Nuestra opinión: excelente
Para finalizar la temporada del Ballet Estable del Teatro Argentino, Oscar Araiz repuso "Romeo y Julieta", que luego del estreno, en 1971, no volvió a montar aquí. Su gestión como director del elenco de ballet generó que éste tomara otra perspectiva y un amplio vuelo, ya que su trabajo está logrando que adopte todos los estilos, sin olvidar las fuentes. Contribuyó el entusiasmo de Daniel Suárez Marzal, director de un teatro cuyo presupuesto es muy restringido.
La obra es austera y Araiz se concentró en los personajes y situaciones clave, con una mirada aguda para captar lo trascendente. Y concibió que Julieta era el meollo, la que lleva el nudo de la historia de lo que ocurre. Pero esta Julieta está dividida, ya que su madurez es rápida y radical para tomar decisiones de distinta índole. Por eso el autor hace que la interpreten tres bailarinas, concibiendo las etapas que se superponen en el corto período en el que se desarrolla la trama.
Hay transformaciones en el vestuario, de Renata Schussheim, y algunas modificaciones en la coreografía. Los muchachos, con bandanas, y las chicas están vestidos de manera muy simple, como cualquier joven de hoy. Cuando se lanzan al centro, el conjunto baila hasta que se separa en dos grupos anticipando el odio entre Capuletos y Montescos. En la siguiente escena, sólo Julieta, en su dormitorio, rezonga cuando su nodriza (Sabrina Streiff) la despierta. Esa noche será el baile en el cual se formalizará su compromiso con Paris, el hombre al que sus padres (Marcelo Reynoso y Aldana Bidegaray) dieron la bendición para que contrajera matrimonio con su hija. La chiquilina (Carla Vincelli) juega sin pensar en la responsabilidad que debe asumir. Pero al mirar su cuerpo, a lo que la insta su nodriza, se asombra cuando roza sus senos, que ya tienen forma. Es entonces cuando cae en la cuenta de que ya no es una niña.
Fiesta de color
En la fiesta, la riqueza y el poder de los Capuleto se acentúa en el esplendor de los nuevos trajes que creó Renata Schussheim para el grupo femenino, de tafeta roja, muy glamorosos. El otro cambio es que tienen cubiertas sus cabezas, dando la sensación de que están rapadas, todas idénticas, ya que llevan antifaces e igual maquillaje, en tanto los hombres lucen de gala, en estricto negro. Sólo Julieta, radiante y vivaracha, lleva una túnica corta blanca. Con ese tono se destacará Romeo (Darío Lesnik), cuando se escabulle con su amigo Mercucio (Eric Erles) en un lugar que le está vedado. La danza de la corte, con solemne música, tiene pasos robóticos en la masa. Se bambolean de un lado a otro, tiesos. En cambio, en el encuentro de Romeo y Julieta, los avances de él para seducirla, la emoción de los adolescentes al percibir sentimientos diferentes y fogosos hasta que la atracción los une en el primer beso, traduce a seres plenos de vida. En el fondo, a contraluz, se vislumbran algunas figuras de mujeres como si fueran maniquíes de antiguas vidrieras.
Allí se interpola la segunda Julieta (Nadia Muzyca). Al enamorarse, la niña va quedando atrás. Es éste el momento en el cual cambiará su personalidad. Se forma un trío en el cual la nueva desplaza definitivamente a la chiquilina. Será la que acudirá al balcón y en un dúo lírico, intenso, los dos se sienten libres para expresar su amor.
En el segundo acto se dan las escenas más fuertes, siempre con un lenguaje coreográfico que entremezcla el neoclásico, el clásico y el contemporáneo. Hay una fluidez inagotable en la creación, que combina lo aéreo, la alegría, la gracia de bailes populares. Todos en la plaza bailan con desenfado. Mercucio, un simpático torbellino, insta a Romeo a que se le una. Las variaciones del cómplice de juergas son rápidas y es hábil para comenzar peleas que está seguro de ganar. Azuza a Mercucio hasta que éste entra, divertido, en el combate y es asesinado.
Su muerte enfurece a Romeo, y su dolor plasma una escena sobrecogedora, junto al cuerpo inerte de Mercucio. Es aquí donde Lesnik tiene su máxima actuación, en una gran interpretación del desenfreno y desesperación que pone para aniquilar a su enemigo. Ya muerto Teobaldo, la señora Capuleto hará la dramática escena de su lamento, que habla de un afecto incestuoso. Los movimientos son desgarradores, pero con una fuerza descomunal. Aldana Bidegaray realiza la secuencia a la perfección, pero no transmite la angustia descontrolada que exige el momento.
En cambio, María Fernanda Bianchi está excelente asumiendo el papel de la tercera Julieta. Hay una extraordinaria pasión en la escena del dormitorio, donde Julieta abraza como las llamas de una hoguera el cuerpo de su amado. El responde con igual fervor y el voltaje sube a su máximo límite. De esa felicidad, Bianchi pasa a la tragedia. Es una actriz que pone todos sus mecanismos en favor de lo que necesita expresar. Conmueve y estremece, en su decisión como una mujer adulta dispuesta a todo para defender su amor.
El final de esta obra magistral es asimismo diferente. Julieta y Romeo (aquí se ve a las tres) han muerto, pero otras parejas perpetúan el espíritu de ambos bailando tiernamente, dejando la luz de la esperanza.




