
Emanuel junto al mar
Mañana presentará "Historia de la magia en la Argentina"
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En tiempos de descreimiento, cuando crear ilusiones parece imposible, el mago Emanuel decidió hacer una recorrida por la "Historia de la magia en la Argentina". Ese es el título de su nuevo espectáculo que, entre el 21 de julio y el 12 de agosto, presentará en el Teatro Auditorium de Mar del Plata, con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires.
Hijo de Dora Baret y Carlos Gandolfo, Emanuel se alejó, en parte, del camino teatral. Inició sus estudios de arquitectura con la intención de ser escenógrafo, pero comenzó a profundizar su entrenamiento en la magia y poco después dejó sus estudios universitarios, convencido de que su vocación estaba por ese lado.
"En realidad, mi actividad se relaciona bastante con la de mis padres -dice-: el mago también es un actor, desarrolla un 80 por ciento de actuación y un 20 de magia. Yo puedo saber muy bien la técnica de cómo mover un dedo, cómo poner una carta, pero si no tengo cómo mostrárselo al público la técnica se queda en eso y no trasciende a la gente. Cada mago crea un personaje y para eso se necesita de la actuación. Debo creerme que aparece la paloma, porque será la única forma de que el público lo crea."
-¿Y cómo es su personaje?
-Creo que aún lo sigo buscando. Básicamente, siento que está muy seguro de lo que hace sobre el escenario. Eso me permite encontrarle algunas variantes. Cuando juego con el público me gusta poner humor, para que la gente se divierta y no vea sólo un truco detrás de otro. Ahí el personaje se desestructura.
-En los últimos años los magos han aportado mucha teatralidad a sus espectáculos.
-Fue necesario salir de ese lugar del mago de moño, la paloma y la varita mágica. Había que mostrarle al público algo más que el truco de cortar a una mujer. El cómo se hace, o contar una historia -haciendo magia teatral-, o vestir el espectáculo con música, coreografía, ropa, iluminación y una estética moderna. Muchas veces, cuando uno empieza a desarrollar un truco con cartas, el espectador dice: "¡Ah, el truco de la carta!", y hay quinientas mil variantes de ese truco, pero al público no le importa, lo que ve es el truco de la carta. De alguna manera fue necesario lograr que la gente no dijera eso y se metiera en el juego.
-¿Y cómo se logra?
-Haciendo magia, sorprendiendo.
Y ése es quizás el gran tema del mago contemporáneo, cómo lograr que el público se sorprenda cuando la televisión, por ejemplo, acostumbra a mostrar cómo se logran los efectos especiales en el cine, cuando el público sabe que los magos hacen trucos y muchos de esos profesionales debieron generar, para imponerse, experiencias tan fuertes como aparecer volando dentro de un teatro o haciendo desaparecer un auto.
"En ese sentido -explica Emanuel-, la tecnología tiene sus pros y sus contras. Antes se conocía a los magos por el boca a boca, se hablaba de alguien que hacía determinada cosa y se lo traía de Europa, por ejemplo, y era sensación. Houdini llegó a hacer cosas como encerrarse en una cárcel. La función era a las diez de la noche y a esa hora él debía escaparse. En realidad lo dejaban salir, pero la prensa hacía tanto movimiento que la gente creía que salía por sus medios. La gente creía. Ahora todo eso es más difícil, el público está muy descreído. En ese tiempo se creaba ilusión con más facilidad. Hoy el desarrollo tecnológico nos hace conocer lo que sucede en el mundo de la magia con más rapidez y a la vez usamos esos medios en un espectáculo, porque la gente lo necesita. La apuesta sigue siendo la misma, hay que lograr que el público se ilusione, se siente en su platea dispuesto a descubrir que cualquier cosa puede ocurrir."
Haciendo memoria
En "Historia de la magia en la Argentina", Emanuel repasa la evolución de esta disciplina desde 1800 hasta la actualidad. En verdad, en aquellos años, los magos que llegaban provenían de España o Inglaterra. Sólo comenzó a crearse una escuela local con la aparición de Fu-Manchú. "La idea -cuenta el mago- es hablar de ellos, mostrar sus trucos, pero todo desde una estética moderna. El público hoy reclama show, explosiones, ritmo, música, luces."
-¿Cuáles son los trucos que más reclaman los espectadores?
-Se vuelven locos con todo lo que sea fastuoso, cortar una mujer en veinte mil pedazos, por ejemplo, o que desafíes el peligro. Estamos en un mundo violento y el público pide un poco de eso también. Generar mucha tensión en escena hoy te ayuda a promover la atención.
-¿No se deja de lado cierta ingenuidad o pureza que caracterizaba el arte de la magia?
-Muchos magos se entregaron a la tecnología y perdieron habilidad. Un mago inglés decía que los prestidigitadores necesitan mucho entrenamiento y los grandes ilusionistas mucho dinero. En mis espectáculos trato de combinar las dos cosas.
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