En 1908, Sherlock Holmes estuvo aquí

Ernesto Schoo
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12 de enero de 2008  

Cien años atrás, a mediados de 1908, Sherlock Holmes estuvo en Buenos Aires. Si en Londres puede visitarse, en el 221 de Baker Street, la casa del célebre detective creado por la pluma de sir Arthur Conan Doyle, ¿por qué la esclavina de su abrigo no pudo ser agitada por una brisa porteña, ni su estrafalaria gorra (que los ingleses llaman the deer stalker , algo así como «buscador de ciervos» en una cacería) despertado asombro en la calle Florida o en la Avenida de Mayo? Tan fuerte es la corporeidad del personaje de ficción, tan poderosa la personalidad que le infundió su creador, que los turistas visitan hoy, convencidos de su autenticidad, la escenografía que es su falsa residencia londinense, reconstruida a partir de las ilustraciones que Sydney Pager dibujó para la serie de relatos publicados en la revista The Strand, entre 1892 y 1905. Podemos, pues, imaginar perfectamente que, en efecto, mister Holmes nos visitó hace un siglo, insólito turista virtual, en compañía de su inseparable cronista, el doctor Watson.

Ambos estuvieron, claro está, en un escenario porteño. Mejor dicho, en varios, porque en nuestro público se declaró una asombrosa sherlockmanía. Justificada, sin duda, porque las historias son un prodigio de ingenio, sutileza lógica y suspenso, y el personaje resulta muy atractivo pese a la frialdad aparente y la imperturbable máscara que no gesticula más allá de lo necesario, ni en las situaciones más riesgosas. Lo interpretó el actor español Eliseo Sanjuán, en el teatro Apolo (el de Pepe Podestá), a partir del 23 de mayo de 1908. Era una adaptación, por Vidal y Traversa, de un original francés. Tuvo tanto éxito que no mucho tiempo después, el 20 de julio, en la misma sala se representaba Las aventuras de Sherlock Holmes , otra versión, sobre un texto inglés, hecha por Agustín Fontanella.

La proliferación de Sherlocks en Buenos Aires no se detiene ahí, sino que sus clones parecen entablar una suerte de asombrosa competencia. Y todos tienen público abundante. Nada menos que Pablo Podestá -considerado el más talentoso de la familia, y seguro imán de boletería- entra en danza, poco después, con Nuevas aventuras de Sherlock Holmes , en el San Martín (el antiguo, el de la calle Esmeralda, demolido para dar lugar al edificio de YPF sobre la Diagonal Norte). Y en el Moderno, la compañía italiana de Bordeaux-Cairo debuta con Sherlock Holmes . De paso, no está de más recordar que el 25 de mayo de 1908 se inauguraba el nuevo Teatro Colón, con Aida , y el 3 de octubre del mismo año, el Avenida, con María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza en El castigo sin venganza , de Lope de Vega.

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