
Entre el realismo y el delirio puro
La boca del ratón parte de dos situaciones familiares que se volverán inestables
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La boca del ratón. Espectáculo compuesto por dos obras: Boca Ratón, de Roberto Perinelli, y Ratones en la boca, de Andrés Binetti. Con Ana María Castel, Viviana Suraniti y Ana Luz Kallsten. Asistente de dirección: María Elena Acuña. Escenografía, vestuario y dirección general: Paula Andrea López y Andrés Binetti. En el Teatro del Pueblo, Roque Sáenz Peña 943. Duración: 60 minutos. Viernes, a las 21.
Nuestra opinión: buena
Las dos piezas que arman La boca del ratón parten de dos situaciones familiares que, sometidas a la presión de determinados hechos, comienzan a desestabilizarse como la tapa de una pava bajo la cual hierve el agua. La primera de ellas, la protagonizan tres mujeres: una tía, una joven que juega al tenis, pero está cansada de hacerlo, y su madre que, separada del padre, trata desesperadamente de salvarse con la idea de que la hija triunfará como una nueva Navratilova. El ambiente se carga de tensión y reproches porque, además de perder el partido, la hija ha roto una raqueta y su madre debe pagar una multa por mal comportamiento. De pronto, una llamada del padre de la joven, que está en Miami e invita a la hija a visitarlo, desata un nuevo conflicto y la joven debe decidir.
El otro texto se asienta también sobre la relación de un trío, pero más extraño: hay una viuda que vive en su departamento con su hija y también con la que fue amante de su marido muerto hace poco. Esta última es una psicóloga que ha entrado en el hogar, todavía en vida del cónyuge, y se ha instalado allí con el pretexto de tratar a la hija de la pareja de un supuesto trastorno de conducta. Mientras las tres discuten por enconos y diferencias que las separan, un suceso inesperado con un portero -fuera de escena- cambia el rumbo de los hechos.
Dos rumbos
Mientras la primera historia tiende a cargar la atmósfera con un tratamiento más realista, la segunda lo hace disparando la peripecia hacia el humor absurdo. Ambas redondean su objetivo dramático bien, pero es la de Binetti la que logra resultados más efectivos, debido a la mayor hilaridad que propone la fuga hacia el delirio.
La obra de Perinelli, comparada con la exactitud y el perfecto acabado de su otro trabajo actualmente en cartel ( Desdichado deleite del destino ), luce como una propuesta de elaboración más endeble. La brevedad de lo que se cuenta y las muy logradas composiciones de las tres actrices, en especial de Ana María Castel en el rol de madre viuda, permiten, sin embargo, conformar un espectáculo agradable, bien resuelto en un espacio pequeño y con una escenografía que no asombra por su imaginación, pero es funcional a las necesidades de los relatos.
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