Entre las palabras y las cosas

Luego de su muestra en el Malba, la artista visual estrena una obra teatral
Alejandro Cruz
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22 de marzo de 2014  

Liliana Porter es una de las grandes personalidades de las artes visuales argentinas. Hasta el domingo, su instalación El hombre con el hacha y otras situaciones breves, un site-specific pensado para una de las salas del Malba, tuvo tal repercusión que duró mucho más de lo previsto. Todo ese mundo de objetos ya está guardado. En pleno proceso de desarmado, está en el armado de otro mundo que toma vida sobre un territorio no transitado por ella: el teatro. El martes estrenará Entreactos: situaciones breves, en el Teatro Sarmiento.

Para ella, el teatro tiene algo de familiar. Es que su padre, Julio Porter, dirigió obras de teatro (con el mismo Discépolo, por ejemplo) y filmó varias películas ( El extraño de pelo largo , entre otras). "Ahora que me encuentro en medio de todo esto pienso que él me hubiera ayudado mucho. ¡Lo extraño como loca!", dice con una sonrisa que no está decidida a disimular.

Hace un tiempo la curadora Inés Katzenstein le hizo una extensa entrevista. El diálogo terminó con una pregunta sobre su futuro. Ahí fue cuando dijo que le gustaría hacer una obra de teatro. "Pero fue una frase suelta..., como decir que me gustaría ir a China. ¡Qué se yo!", recuerda. Esa expresión fue tomada al pie de la letra por la gente de la Universidad Torcuato Di Tella, que le fue tejiendo la trama para que este salto tomara cuerpo.

Cuando ya no tenía marcha atrás, se puso a buscar sala. Quería una que tuviera platea en declive y con algo medio decadente, romántico. Cuando conoció el Teatro Sarmiento, se dijo: "Mejor que esta sala no hay". Llegado el momento, le fueron proponiendo actores. "Imaginate, nunca había hecho un casting. Me di cuenta de que está bueno no saber porque se desactivan prejuicios –confiesa–. Lo que haré es igual a lo que hago con mi obra plástica y en mis videos sumado. Mi tema, en general, es el límite entre las palabras y las cosas."

Entonces, en el jardín del teatro, se larga a contar, con detalle, una de las tantas situaciones que componen la obra. Repara en el gesto mínimo, en esa leve (y fundante) tensión entre el actor, un objeto y la mirada del otro. "No me gustan mucho las cosas surrealistas, las casos raras", suelta en un momento. Tras cartón, cita a Borges: "El vago azar con las precisas leyes que rigen este universo". Ese vago azar regido por rígidas leyes la llevan a otro punto de su obra: la reflexión sobre la representación. "¿Qué se hace arriba del escenario? Se baila, se dicen cosas y todas esas cuestiones que pasan ahí arriba –se pregunta y se contesta–. En esta obra también se bailará y se dirán esas cosas. Y habrá música, de Silvia Meyer, que me parece genial. Ponele que la obra sea un desastre..., pero estoy segura de que la música le va a gustar a todo el mundo".

–¿Por temor al fracaso es que hacés tan pocas funciones?

–¡Nooo! Es que yo pensé que todo esto iba a ser algo chiquito, tipo una performance. Pero no. Se fue sumando gente, apareció el Complejo Teatral y todo se fue desbordando.

–En la muestra del Malba, por el uso de viejos objetos, se entabla un inevitable viaje al pasado. En esta conversación recordabas a tu padre. Tu infancia, ¿siempre?

–No lo sé. La obra, hay que reconocerlo, tiene algo retro. Por ejemplo, aparece un cartero; pero no lo vestimos de FedEx, es medio Chagall.... Pero yo no pienso en términos de nostalgia. El pasado es todo, no existe el presente, ¿no? Por ejemplo, ponele, lo que hablamos hace cinco minutos está en el mismo lugar que Colón. El pasado no tiene cronología, eso es una operación racional. La pregunta de fondo pasa por una reflexión sobre la sustancia de la realidad. Yo me doy cuenta de que la realidad es una mezcla de lo que vas inventando, no hay nada objetivo. Me encantan esas cosas que tienen pretensión de ser objetivas: como el reloj o el diccionario. Sin embargo, son tan fáciles de desestabilizar. El reloj, ponele, si te movés unos kilómetros ya es otra hora. A mí todo eso me lleva al humor, porque en todo hay sumatorias de errores. ¿Ves? Todo eso está en la obra.

Si una de sus obsesiones es la reflexión sobre la representación, llama a su primera obra de teatro Entreactos. O sea, repara en ese tiempo en el cual la ficción se suspende por unos minutos hasta volver a empezar. La idea la entusiasma. Su mismo entusiasmo hace que el desarrollo de sus ideas tenga inevitables (y jugosos) saltos. "Los objetos inanimados con los que trabajo, como son viejos, usados o esas cosas, ya tienen una historia. Sin embargo, el actor llega vacío para que uno, el director, construya el personaje. Es interesante porque vendría a ser como menos que el objeto, ¿no?", dice y se ríe de su propia "neológica".

A los actores y bailarines de su elenco no los llevó al Malba para ayudarlos a ingresar en su mundo. "Lo sugerí, pero me pareció que no les iba a interesar –confiesa–. Creo que algunos fueron y otros no. Seguramente, me habrán googleado porque ahora la realidad es como un subproducto."

–Vos también habrás googleado a los actores de tu obra.

–¡A todo el mundo!

Y vuelve a soltar su risa franca, contagiosa. Si todo sale bien, asegura, habrá una segunda obra de teatro ("o como se llame, poco importa"). De paso, vale advertir algo: que nadie espera encontrarse en el teatro con ese magnífico hombrecito con su hacha o con el barrendero frente a un basural que es un mundo en sí mismo. A lo sumo, y nada más y nada menos, estará ella, sus situaciones breves y su mundo.

Hay equipo

En Entreactos: situaciones breves, actúan Patricio Aramburu, Juan Pablo Garaventa, Valeria Lois, Sabrina Macchi, Horacio Marassi, Alejandro Vitello y Sergio Vitello. Con música de Sylvia Meyer y coreografía de Ana María Stekelman se presentará en el Teatro Sarmiento (Sarmiento 2715), del martes al sábado, a las 21; y el domingo, a las 20.

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