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"Los Cazurros: infinitamente fascinante". Teatro y títeres. Texto y dirección: Ernesto Sánchez y Pablo M. Herrero. Música: Sebastián Scofet. Escenografía: J. Jaureguiberry y Fernando Súber. Títeres y objetos: Marcelo Fernández. Auditorio Cendas, Bulnes 1350. Martes a domingos a las 15.30. Entrada: $ 6. Nuestra opinión: Bueno
Los Cazurros se presentan como dos animadores, cómicos, muy vitales protagonistas de aventuras, que proponen un conflicto que sirve de pretexto para hacer rodar el juego.
Hábiles con el uso del espacio y el manejo del gesto, son también muy conscientes del cuidado del ritmo que en ningún momento decae.
Sus idas y venidas sobre el escenario, vertiginosas, cambiantes, instalando a cada momento una imagen nueva, mantienen a la platea concentrada. La trama, aunque elemental, es desarrollada y llevada a su final feliz con la ayuda de los títeres.
Dos monstruos han secuestrado a todos los juguetes, por lo que los Cazurros salen a rescatarlos. Ingeniosos y polifacéticos, estos personajes esgrimen distintas maneras de buscar y mirar para finalmente combatir a los monstruos con el invisible rayo de una espada mágica.
Lo que puede notarse es que los juguetes mencionados como perdidos -y que motivan la aventura- son solamente los que integran distintas modas establecidas por la publicidad y la televisión, como los pokemones, los rangers u otros similares, y no se habla de los tardicionales, los artesanales, ni siquiera los peluches, que sobreviven a todas las modas. Esa sectorización de los juguetes empobrece las motivaciones y habla de un mundo del juego y de un imaginario infantil muy limitados.
Es cierto que al final, los Cazurros proponen la fabricación de una máscara con un balde y otros materiales de uso cotidiano, pero es algo que no está integrado al desarrollo de la historia: suena a impuesto, poco convincente, forzado.
Juego sin tiempo
Más que de un relato, se trata de un juego en el que el chico no entra demasiado pese a que siempre se lo está considerando, tal vez porque no se le otorga su tiempo. Eso también excluye la posibilidad de empatías, proyecciones, alguna identificación. Todo es demasiado rápido. El público, aunque participando de una animada hora de juego, no tiene la pausa para saber qué pasa con él mismo.
De todos modos es divertido, agradablemente entretenido y tiene buen nivel interpretativo y visual.





