Erotismo a la hora del crepúsculo
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"La parte del temblor" , versión libre de un cuento de Yasunari Kawabata de Alberto Félix Alberto. Intérpretes: Adriana Díaz, Jean Pierre Reguerraz, Lourdes Abalo, Carlos Issa, Viviana Caram y María Alejandra Figueroa. Escenografía, vestuario, iluminación y dirección: Alberto Félix Alberto. Duración: 95 minutos. En el Teatro del Sur, Venezuela 2255, 4941-1951.
Nuestra opinión: bueno
"La casa de las bellas durmientes" es el marco estético de "La parte del temblor", versión de Alberto Félix Alberto sobre uno de estos cuentos de Yasunari Kawabata, escritos en 1961.
Y en esta traducción escénica, aunque se percibe el aporte de Alberto, queda expuesto el estilo de este novelista japonés, que nació el 11 de junio de 1899, en Osaka, y murió el 16 de abril de 1972, cuando enfermo y deprimido, se suicidó, habiendo cosechado el lauro de ser el primer japonés en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1968.
Uno de los temas que melancólicamente predomina en la obra de Kawabata es el lugar del sexo en la cultura y la vida de la gente, con un estilo donde alternan las antiguas formas de representar la belleza japonesa con tendencias modernistas y el realismo con visiones surrealistas.
En sus primeras obras, Kawabata experimentó con las técnicas del surrealismo. Su estilo naturalista pasó a ser impresionista, combinando la estética japonesa con la narrativa psicológica y el erotismo. Con frecuencia se preocupó por la exploración de la soledad y los aspectos que bordean la sexualidad humana.
Todo esto se encuentra en "La parte del temblor", donde un hombre viejo, aparentemente agobiado por la soledad, mantiene una relación erótica, sin recurrir al contacto físico, con una joven geisha que atiende a los clientes totalmente dormida, somnífero mediante. Este es el servicio que ofrece la dueña del establecimiento a aquellos hombres en una etapa de la vejez en que ven declinar su actividad sexual y, en un intento por no darse por vencidos, aplican la fantasía más que los hechos.
Otra forma de amor
En un plano claramente surrealista, la versión presenta en forma simultánea a un joven que frecuenta esa casa de placer donde puede volcar toda su líbido amorosa sin encontrar límites. No es aventurado interpretar que se trata del mismo hombre en una época de exultante juventud. Pero esta incertidumbre, así como una buena dosis de suspenso, es una característica en la obra de Alberto Félix Alberto. Es la escena final, donde el realizador apela a los desnudos masculinos, la que expone el cierre de este cuento.
De cualquier forma, la esencia de la narración original se palpita. Aunque, si bien toda la escenografía remite a un ambiente japonés, los personajes interpretados por actores de rasgos occidentales, por decirlo de alguna manera, fractura ese clima netamente oriental, provocando un distanciamiento entre el protagonista y las acciones. No solamente por esto, también por el estilo de actuación.
Pero es una apreciación personal que no disminuye los méritos de esta puesta que refirma el detallismo de Alberto en la recreación de los ámbitos, enriquecidos por una puesta de luces que subraya los contrastes dramáticos de las escenas, logrando una hechura estética perfecta.
En cuanto a la actuación, Jean Pierre Reguerraz, en una interpretación que no requiere de muchas palabras, logra a partir de lo corporal transmitir el torbellino de conflictos que anida en su alma y en su cuerpo.
Adriana Díaz, como la dueña de la casa, tiene una energía que escapa de los modismos culturales, pero acierta en su interpretación. Algo similar a lo que sucede con Carlos Issa y el resto del elenco, que tiene una presencia pasiva pero elocuente.






