
Estreno: una grieta de amor y desamor en el San Martín
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Durante la década del 90, el teatro francés le dio la bienvenida a un grupo de jóvenes creadores que revitalizaron el campo dramatúrgico siguiendo los pasos de dos grandes autores como Bernard Marie Koltes o Jean Luc Lagarce. Así fue como Joël Pommerat o Philippe Minyana profundizaron ciertas búsquedas de aquellos maestros y no solo en el estilo de construir un drama, sino además agudizaron sus miradas sobre un campo social que se había vuelto muy hostil para el ser humano.
Varios de los artistas de esa generación se divulgaron en Buenos Aires en un ciclo que, a comienzos de 2000, organizó la Alianza Francesa y que se denominó Tintas Frescas. En 2004, Pommerat presentó con su elenco francés la pieza Au monde, en el Teatro Presidente Alvear. En esa obra, uno de los personajes decía: "Se que habrá un mundo mejor más adelante, un mundo más humano, pero antes tenemos que pasar por este".
Dos textos de este autor se montaron luego en nuestra ciudad. En 2005, ¿Qué hicimos?, con dirección de Vilma Rodríguez, y en 2014, Al mundo, fue llevado a escena por Natalia Casielles. El año pasado en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín se presentó Todo saldría bien (1) fin de Luis, un espectáculo de cuatro horas en el que Pommerat se detiene en los acontecimientos que provocaron la Revolución Francesa. "Al volver a este momento fundacional para la democracia y al pensamiento político, creo que reaccioné más ampliamente a la crisis de los valores democráticos en Europa y al aumento de los extremismos en todo el mundo", explicó el dramaturgo y director.
Una nueva obra de Joël Pommerat se da a conocer ahora, nuevamente dentro del Complejo Teatral de Buenos Aires. Se trata de La reunificación de las dos Coreas, un texto escrito en 2013 y que, llamativamente, no está ligada a cuestiones políticas. "La política no me interesa –ha dicho el creador–, escucho y leo mucha actualidad. Pero no busco hacer teatro político en el sentido militante". El elenco está conformado por Ingrid Pelicori, Esmeralda Mitre, Mario Alarcón, Agustín Rittano, Natalia Cociuffo, Alejandro Viola, Maruja Bustamante, Javier Pedersoli, Caro Solari y Pablo Lambarri, dirigidos por Helena Tritek.
"La reunificación de las dos Coreas es una obra cuya escritura es espontánea, es decir que no trabajé a partir de una intriga o de un tema. El desencadenante fue un espacio, un pasillo bifrontal. Trabajé durante varios meses en ese ámbito con los actores, a partir de extractos de diarios, de libros, de películas y otras cosas. Busqué la obra haciéndola", explica Pommerat.

El dramaturgo insiste en que "distintos motivos se impusieron, poco a poco, alrededor del amor o de lazos afectivos". Y estos son los ejes de un material dramático estructurado en pequeñas situaciones que poseen una entidad propia. Pequeñas historias que muestran el universo contemporáneo de una manera cruda, recreado por personajes que parecieran seguir buscando un mundo mejor.
La directora Helena Tritek conoció esta pieza hace algo más de un año. Un amigo le regaló ocho libros que contenían dramaturgia contemporánea y, entre los textos, descubrió La reunificación... El material le resultó muy develador sobre ciertos aspectos de la sociedad actual. Ella confiesa que este montaje es como un premio. "Lo que me interesó -cuenta- son las historias que aquí aparecen y que muestran lo dificultosas que son las relaciones humanas. Aparecen temas como el amor, el desamor, la violencia, la agresión, la incomunicación. Y lo llamativo es que el autor no lo trata solo con parejas sino que busca diferentes tipos de relaciones y dentro de distintas clases sociales. Lo que expone es muy doloroso y, también, apasionante. Y esas cuestiones encuentran mucha resonancia en lo que sucede hoy en la Argentina, la famosa grieta. No es posible unirse, escuchar al otro, opinar distinto. Así asoma la violencia, la ira. Entonces me pareció que reflejaba un momento muy importante para nosotros, como sociedad. La obra permite ver de qué estamos hechos y no nos damos cuenta. Es un teatro de desesperados pero Pommerat tiene una zona muy espiritual. Es un hombre que les toca el corazón a los personajes. Tiene piedad".
Tres de las actrices que integran el elenco, Esmeralda Mitre, Ingrid Pelicori y Natalia Cociuffo, coinciden en rescatar el valor de una pieza que las obliga a componer personajes muy distintos, en situaciones de aproximadamente quince minutos y con registros muy diferentes, algunos muy graciosos y otros muy emotivos.
"Cuando leí el texto me pareció muy inquietante -explica Mitre-. A medida que lo hacía reconocía su contemporaneidad a través de un lenguaje muy coloquial. Lo comparo mucho con Shakespeare. Siento que hay una tragedia enorme en este texto y, al mismo tiempo, encierra algo del absurdo contemporáneo (Ionesco, Beckett, Arrabal). Están todas las problemáticas más trágicas de la humanidad. Todo lo que Shakespeare trató en Ricardo III, en Hamlet: la envidia, la desidia, el matar al rey, el querer ser como los demás, la traición, la alegría, el amor, el desamor, la desunión, la falta de diálogo, el no escuchar al otro. Justamente el desamor se produce por la falta de diálogo y escucha". Mitre subraya que Pommerat es muy poético y profundo. "El nombre poético que le pone a su obra demuestra que tiene una pena muy grande en su alma por la falta de contacto y de comunicación. De alguna manera nos incita a los espectadores y a los artistas y a quien pueda comprender: escuchémonos, unámonos, miremos y reflejemos todos nuestros defectos, nuestras miserias, para poder modificarlas, para que el teatro sane y salve y haya una transformación".
Por su parte, Ingrid Pelicori, ya una decana en el escenario del San Martín, reconoce que "todos los personajes son como elementos dentro de un fresco que se va armando a partir de las situaciones". Aclara que cada historia es un poco más de lo que podemos observar de los lazos amorosos en las relaciones humanas. "Como el tema es tan abarcador y universal, es muy apropiado hacerlo con muchas historias y climas muy distintos. Hay momentos que son desopilantes, ligados al absurdo y otros muy íntimos. Hay algo del interés que se renueva todo el tiempo. La obra se llama La reunificación de las dos Coreas, no la enemistad, entonces en algún punto es un llamado a lo amoroso. Lo que guía a todas estas historias desoladas y de desencuentros es esta idea de convocar a un reencuentro entre los humanos".
Cociuffo, que viene de descollar y arrasar con todos los premios por su trabajo en Los monstruos (aún en cartel) ha decidido dejar de estar siempre detrás de una canción, explica. Fascinada por la escritura de Joël Pommerat reconoce que "él escribe conduciendo ya a la actuación; le hace decir algo a un personaje sabiendo que le va a provocar una reacción al otro". La actriz, que ya trabajó con Tritek en varias oportunidades, considera que el mismo texto induce a la metamorfosis. "Así es como se retroalimentan las emociones permanentemente. De pronto, estás en el bosque con tu marido y ves un fantasma y el cuerpo adquiere una actitud; o estás sentada en una silla recreando a una prostituta con unos tacos rojos. Creo que ese es un poco el laboratorio del actor, ser camaleón inmediatamente. Eso es lo divertido y lo que más me atrajo de esta experiencia: entrar, salir. Esa esquizofrenia es lo más interesante, lo más difícil y lo más intenso. Para el público resultará muy atractivo vernos a todos haciendo muchos personajes, casi simultáneamente y hablando del desamor que es una forma del amor o la sombra del amor".
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