
Experimento verbal minucioso
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"Incriminándome", de Peter Handke. Traducción: Nicolás Costa y Ruth Fehling. Intérpretes: Natalia Salmoral, Enrique Papatino y Florencia Limonoff. Iluminación: Martín Hoffmann. Sonido: Angel Olivencia. Dirección general: Roberto Aguirre. En el Centro Cultural Konex (Córdoba 1235). Funciones: miércoles, a las 21.30.
Nuestra opinión: muy bueno
Pieza que pertenece a la primera etapa en la producción dramática de Peter Handke, "Incriminándome" ("Selbstbezichtigung", 1966, por primera vez se representa en la Argentina) tiene todos los valores que caracterizan a este autor austríaco. Su texto es un largo monólogo -el creador indica que debe ser dicho por una actriz y un actor- que no muestra una historia: sus palabras surgen como a borbotones, propone una experimentación con el lenguaje, con las intenciones del decir y, fundamentalmente, define con crudeza a un ser humano.
Como en otros textos, Handke observa hasta con ferocidad, y así lo expresa por momentos, a un ser a medida que crece y se acomoda dentro de una sociedad que le impone sus valores. Ese hombre se hace preguntas que producen respuestas, se cuestionan su condición y su existencia, mientras que a medida que la representación se sucede irán sumándose incógnitas en el espectador. Ese hombre está cargado de palabras y cada una lo conmociona, lo degrada y lo enaltece.
Silencio conmovedor
El espectáculo que diseña el director Roberto Aguirre es de una gran minuciosidad. Dos actores frente a sus respectivos micrófonos van haciendo aflorar las palabras desde sus cuerpos, que apenas realizan movimientos. En cada palabra hay un valor particular y sólo es necesario dejarse llevar por esa intención que está marcada en la puesta.
Un ritmo especial irá construyendo una estructura mayor, que en este caso aportará sensaciones. A veces el volumen del sonido irá modificándose y también habrá distorsiones. Y el cuerpo de quien observa y escucha se acomodará a ellas. Cada acto del habla será así una provocación que indefectiblemente llevará a una profunda reflexión.
Natalia Salmoral y Enrique Papatino asumen con fuerte compromiso este "experimento verbal" que les demanda una gran concentración. Se relacionan muy pocas veces y juegan con las palabras tanto como lo necesitan, y hacen crecer este material de Peter Handke hasta el justo momento. En el final, el silencio de la platea tiene una profundidad conmovedora.





