
Fábrica de ilusiones
Una vez más, hay una argentina en el elenco, Mercedes Hernández, quien se suma a una gran cantidad de clowns locales que giran por el mundo con la compañía quebequense
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PORTO ALEGRE.– Un lugar al que llegar. Un sueño que alcanzar. Un objetivo que cumplir. Varekai, la nueva propuesta del Cirque du Soleil en América del Sur, invita a sumergirse en una búsqueda sosegada pero persistente de la felicidad, más allá de los obstáculos. Esos movimientos, esos avances y retrocesos, son los que muestra con sutileza, perfección y belleza, pero también con desparpajo, destreza, fuerza y humor la obra de esta compañía oriunda de Quebec, que se estrenará en Buenos Aires el próximo sábado.
Si antes estuvieron Saltimbanco, Alegría y Quidam, ahora es el turno de Varekai, ese "mágico lugar, que puede estar en cualquier lado" donde vive la esperanza y al que se hace referencia desde el mismísimo título a través de la lengua romaní de los gitanos. Todo el espectáculo –que LA NACION tuvo oportunidad de conocer en Porto Alegre, donde viajó invitado por la productora Time For Fun– es una gran fiesta gitana, una fiesta nómade, con su música, su colorido y su mística. Es un viaje que nunca acaba hacia ese espacio y ese tiempo de promesas por cumplir. Hacia allá vamos.
Cae un hombre alado llamado Ícaro en tierras extrañas. Ya sin alas, sin posibilidades del volar, queda a merced de raros personajes con quién sabe qué intenciones. Están los que sólo exploran el andar roto del extranjero, quienes intentan ayudarlo y quienes quieren alejarlo. En ese reaprendizaje, Ícaro se adentra en un bosque fantástico repleto de seres mágicos que vuelan de mil maneras, saltan, se suspenden y lo invitan a seguirlos, pero él no puede. Hasta que conoce el amor. Esta es la clave, la suave llave que le abre todas las puertas y le habilita todos los caminos.
Varekai no es otra cosa que una historia de amor entre dos seres que se necesitan para completarse. Juntos cambian, crecen e integran a otros a su felicidad. Entre una punta y la otra de ese recorrido balcánico se enhebran los personajes que dan vida y excusa al universo de poesía, color y magia del Cirque du Soleil, su sello distintivo, su marca en el orillo. Así estallan en escena acróbatas, trapecistas, contorsionistas, malabaristas que desandan danzas georgianas, columpios rusos, correas y aros aéreos, y muchos números más que cortan la respiración o erizan la piel, y que también enternecen o matan de risa.
Y ahí está una de las claves de este viaje electrizante: el equilibrio entre las sensaciones, los colores, los tonos y las texturas sensitivas que arman un entramado contagioso de ojos desbordados.
Made in Argentina
En ese finísimo vaivén, en ese alumbrador deseo de buscar y encontrar el mágico lugar, aparece la payasa entrañable que compone desde hace dos años y medio la clown argentina Mercedes Hernández. Junto a su compañero de escena, el australiano Steven Bishop, Hernández recibe al público, lo acomoda (a su manera), y luego sube a escena para llevar adelante desopilantes números de magia, música y humor en donde nada sale como se espera. Y claro, ellos son clowns; y mientras más tremendas son sus desventuras más carcajadas provocan en la platea. Hay algo sanguíneo en eso que hacen; sacan del ensueño al espectador y le dan un baldazo de bienvenida frescura. "Es que es eso lo que hace un clown, presenta un personaje totalmente humano con quien la gente pueda identificarse y, por ejemplo, en Varekai –donde todos los números son increíbles, casi inhumanos por lo impresionante de la perfección de los cuerpos y de la ejecución de las distintas disciplinas– representa la vulnerabilidad, la simpleza, la emoción y la sonrisa", explica nuestra payasa.

No es casual que Hernández esté donde está. Desde hace años, los representantes del Cirque du Soleil vienen a estas tierras en busca de clowns, actores físicos, mimos contemporáneos o artistas callejeros. Y así sumaron a sus filas, para distintos shows y en diferentes épocas, entre otros, a Toto Castiñeiras (Quidam), Martín Pons (Saltimbanco), Victorino Luján (Corteo), Gabriel Chamé Buendía (Quidam), Gastón Elie (Alegría), Cristian Zabala (Quidam), Cachi Bratoz (Dralion), Gabriel Rosas (Love), y ahora también a Mercedes, Mechi para los amigos.
Ella fue seleccionada para audicionar a través de un video que presentó Sebastián Godoy, su compañero de dúo de Aguas, la obra de clown de Marcelo Katz que se presentó hace unos años en Ciudad Cultural Konex. Y pasó la clásica del "yo sólo vine a acompañar a mi amigo": ella quedó y él no. Mercedes fue seleccionada y pasó a formar parte de una base de datos "a la suerte de que te necesiten". Esperó tranquila y al año la llamaron. Es que cuando Hernández audicionó sabía para qué papel la estaban probando. Los números que interpreta en Varekai son muy conocidos por el mundo clown, son números muy visitados en YouTube. Así, hace dos años y medio que esta payasa de exportación viaja por el mundo con un espectáculo que nació en Montreal en 2002, y que ya lo vieron más de 8 millones de personas en las 65 ciudades por las que pasó.
Suena a tremendo desafío eso de mantener un mismo rol durante tanto tiempo con igual pasión, con genuina sorpresa. "Se logra haciendo pequeños cambios, mínimos, y charlando con mi compañero de escena, otro gran apasionado de la comicidad. Aunque la estructura del número es la misma desde que se creó, me sigo divirtiendo, es que ahí hay algo mío. De hecho, a mí me eligen porque el personaje con el que trabajaba como clown en la Argentina se adaptaba bien y tenía mucho que ver con el de Varekai", explica Hernández. El personaje al que hace referencia es Mar Chiquita, su clown personal, su versión clown de la vida. Con su Mar Chiquita, en un número en el que entraba a escena rodando por el piso mientras cantaba el bolero "Algo contigo", sedujo al señor de los castings del Cirque. Con su Mar Chiquita también participaba en el número del brindis de Aguas con su compañero de dúo (ese que le tenía fe a la hora de mandar el video al casting). De alguna manera, Mar Chiquita es quien aparece en Varekai. "Es que el clown mantiene su identidad en diferentes contextos, es un personaje que te acompaña. Así yo hago el número original que aparece en Varekai, pero con mi propia esencia de clown", sigue Hernández.
Sherly Lynne Valensky, la directora artística canadiense de la obra, colabora en eso de explicar la idea de ser fiel al original, que tanto se esfuerza en aclarar Mercedes Hernández. Valensky es la encargada de cuidar que se mantenga la puesta tal como fue concebida hace más de diez años: "Hay que lograr un equilibro entre mantener a raya la creatividad espontánea de los artistas para contener el show, y así y todo alentarlos a que no pierdan la inspiración y la motivación. Hay que dejarlos crecer, dejarlos respirar, pero en la dirección correcta".
Y en eso está nuestra payasa, viviendo y sobreviviendo feliz –respirando en la dirección correcta– en un mundo mágico, repleto de desafíos y de búsquedas, en un mundo muy parecido al que pinta Varekai.ß
Una función benéfica
Varekai, el espectáculo del Cirque du Soleil que creó Dominic Champagne se presentará en el Complejo al Río (Laprida y Bartolomé Cruz, de Vicente López), desde el sábado 8 y con funciones a lo largo de dos meses aproximadamente.
Por otra parte, el miércoles 10 de octubre, a las 21, habrá una función a beneficio de la Asociación Civil Circo Social del Sur, de Parque Patricios, entidad socia del Cirque du Monde, el programa de circo social del Cirque du Soleil. Reservas y pedidos vía internet: espectaculo@circosocialdelsur.org.ar. Entradas de categoría 1, a $ 700.
Para el resto de las funciones, las entradas están a la venta por Ticketek, desde $ 180.




