Faking Posca: la cruel verdad en una lluvia de risas

Jazmín Carbonell
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25 de octubre de 2019  

Idea, interpretación, música y dirección: Favio Posca / Colaboración creativa: Luiza Callau / Diseño visual, escenográfico y lumínico: Sergio Lacroix / Teatro: Metropolitan Sura / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: buena

Para los fanáticos de Favio Posca y de esos personajes inolvidables que creó hace años se encontrarán con un Posca auténtico. Tal vez un poco menos desfachatado y más maduro, pero eso solamente si se lo transitó mucho y se conocieron esas facetas transgresoras que puede generar este artista difícil de encasillar. Los despistados entrarán con el asombro de lo osado que se puede ser. El público lo conoce pero los cambios de horarios -más tempraneros que de costumbre- invitan a la renovación. Lo primero que se ve en escena es un video de la azafata dando un tutorial de sexo. Así, de entrada, el Posca que todos aman en su esplendor: sexual, rebelde, guarro y arrojado. Tras el estallido de carcajadas aparece Miryam, la trans que ahora vive en Brasil, personaje clave del universo Posca.

Él suele encarar personajes marginales. Drogadictos, dealers, locos y un largo etcétera variado pero con un eje en común: estar al costado del sistema, muchas veces olvidados y relegados. Todos sus personajes exigen que el público conozca de qué se trata el ambiente sórdido que narran. Pero si hace quince años, en la trasnoche, con su Lagarto blanco o con Alita de Posca, reclamaba un código en común, hoy ese estilo propio genera personajes conocidos como el esquizofrénico y entrañable Pitito, rebalsado de pastillas, de todos los colores, que ve enanitos por la sala pero con una dulzura que lo hace querible; el ya popular Angelito, tan top y amante de Punta del Este como de la cocaína. El Perro estará solo en un video.

Paneles lumínicos, tecnología que se suma y ciertas referencias actuales son algunas de las novedades, pero la esencia es indemne al paso del tiempo. Es el rey de este tipo de espectáculos, él mismo lo sabe y se atreve a titularlo. Solo sobre el escenario, sosteniendo con su cuerpo los 90 minutos de show, con baile, música, canto, muchos cambios de vestuario incluyendo algún desnudo, como suele hacer, este performer que puede pasar de un personaje a otro con absoluta naturalidad sin dudas sabe hacer disfrutar a la platea con risas que estallan por la verdad descarnada que enuncia.

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