Falleció "el gran soñador" Luis Fischer Quintana
El actor estaba retirado desde hace algunos años y tuvo una destacada labor en el teatro de los años 70 y 80
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Allá por 1976, Luis Fischer Quintana esperaba nervioso la subida del telón; su tarea era nada menos que ponerse en la piel y llenar los zapatos de Charles Chaplin. Quien lo dirigía en esa ocasión era Lía Jelín, quien recuerda sus palabras antes de salir a escena: "Decime que soy un genio, porque para hacer de Chaplin tengo que ser un genio". Meses le dedicó al estudio de los inolvidables gestos de Chaplin y cuando se subió al escenario del teatro Estrellas, de la calle Riobamba, "fue como verlo a Chaplin", recuerdan Arturo Puig y Selva Alemán, quienes se consideran "hermanos" del recién fallecido actor. ¿La obra? El gran soñador .
Fischer Quintana, quien murió en los primeros días de enero a causa de un infarto masivo, fue un actor muy querido por la "familia artística", que lo acompañó hasta el final.
Tenía una risa muy particular por su sonoridad estridente. Puig la recuerda como si la estuviera oyendo: "Si él estaba entre el público y yo me encontraba actuando, me percataba de su presencia, sólo por sus carcajadas".
Fue un exponente de la vanguardia en la Argentina, amigo del Nuevo Teatro y un aventurero de alma que emprendía caminos de los más inesperados, como aquella vez que viajó por Europa para ofrecer clases de mimo, o cuando recitaba monólogos de Shakespeare, después de que un show de desnudistas desapareciera de escena, en el teatro burlesque Florida.
"Era una persona brillante, inteligente y un gran conversador", describe Jelín, quien lo dirigió junto con Marilina Ross en El gran soñador , obra emblemática por ser una de las primeras del género danza teatro, tan exitosa, que fue llevada a Europa, donde el mismo Chaplin la disfrutó como parte del público.
Fue uno de los integrantes del Instituto Di Tella y dirigió a Enrique Pinti en su primera obra, Corazón de bizcochuelo . También se recuerda su actuación, por demás audaz para la época, porque en ella se anima a un sincero desnudo, en La fuerza del destino no trae mala suerte . En esta pieza, inspirada en la obra de Griffero, lo dirigió Roberto Villanueva en el Payró de los años setenta. Actuó en obras de Pacho O Donnell y de Chéjov, siempre acompañado por figuras como Nélida Lobato, Tato Bores, o Antonio Gasalla. Además de su trayectoria como actor, enseñó pantomima, hizo teatro para chicos y fue coreógrafo.
En sus últimos años, y ya retirado de los escenarios, se dedicó a su clínica geriátrica, aunque nunca perdió contacto con el medio artístico. Hasta sus últimos días, asistió a todos los estrenos. El eco de su risa enérgica seguirá retumbando en las bambalinas y no pocos lo extrañarán.





