
Fedra, entre la historia y la actualidad
Fedra/phaidra
Autor: Yannis Ritsos. Dirección: Ana Fouroulis. Intérpretes: Carla Solari, Federico Ponce. Escenografía y vestuario: Pepe Uria. Diseño sonoro: Miguel Rausch. Diseño de luces y luces: Lucas Orchessi. Producción: Carla Solari, Ana Fouroulis. Traducción: Selma Ancira. Traducción del griego y versión: Ana Fouroulis. Música: Dimitris Papadimitriu. Asistencia de dirección: Laura Pages. Sala: El Kafka Espacio Teatral (Lambaré 866). Funciones: domingos, a las 21. Duración: 55 minutos.
Nuestra opinión: Buena
Fue Eurípides quien en la Grecia antigua escribió Hipólito para hablar de esta historia; luego, existieron muchas otras versiones; las de Racine y Séneca, por nombrar algunas. Fedra es la mujer de Teseo y se enamora perdidamente de su hijastro, Hipólito. Al confesarle su amor, él la rechaza y ella entonces decide denunciarlo ante su padre y quitarse la vida. Esta es, a grandes rasgos, la sinopsis argumental del mito. Cada autor que lo revivió incluyó su mirada, su contexto.
Es válido preguntarse para qué tomar este mito en estos momentos. Es interesante pensar qué es lo que moviliza hablar de ciertas obras y cuál es el aporte que desde el presente, el autor, el dramaturgo o quien sea pueda hacerle a la misma. En teatro muchas veces nos encontramos con versiones, reversiones, nuevas miradas, y aquellas basadas en.. Y detenerse a pensar el por qué y el para qué resulta muy conveniente para un correcto análisis. Ciertamente, hay historias que en determinados momentos sociales o políticos cobran otro sentido y logran resemantizarse. Ya ocurrió con la famosa Antígona y ni qué hablar con las muchas piezas shakesperianas. Es tal vez sobre este punto en el que la obra falla. En una mezcla tímida de la versión antigua con algo de presente en el personaje de ella, más lanzado por cierto que el de Racine, se queda a mitad de camino. No se anima a ir por más, a actualizarla, pero tampoco parece interesarle solamente la historia madre. Y en esta duda, pierde peso.
Hay que decirlo, es una obra profundamente de texto. La acción es casi nula. Prácticamente nos encontramos con un unipersonal, interpretado por Carla Solari, que tiene como oyente a Hipólito, Federico Ponce, quien sostiene con su mirada y algunos pocos gestos el largo parlamento de Fedra. Se hace larga, y si el espectador no conoce al dedillo la historia, puede quedar desorientado y perdido en esos extensos monólogos que no encuentran ni en la música ni en el uso de objetos una buena compañía.
Por lo demás, está correcta. Las actuaciones, sobre todo la de Carla Solari, están bien, aunque recién sobre la mitad de la pieza logran la intensidad que se necesita. La escenografía es austera, solo un diván, un sillón y una mesa. Lo mismo sucede con el diseño lumínico: una luz pareja, uniforme, más bien fría, que alterna un poco sus tonalidades para marcar el paso de los días. Una decisión que parece deliberada y que invita al espectador a que se concentre solamente en el texto y no se le desvíe la atención. Esta decisión puede ser arriesgada teniendo en cuenta que la obra no resulta tan conocida para el público local y que su texto puede ser algo abrumador.






