
Fernando Ávila apuesta al teatro de objetos
Una victoria anormal es el resultado del taller de objetos que el director realizó en cárceles
1 minuto de lectura'
Fernando Ávila se dedica al teatro de objetos con una estética propia profundamente particular. Su último trabajo Una victoria anormal no fue presentado en una sala de teatro, entre otras cuestiones, porque se trató del resultado de un trabajo de taller en un Centro de Régimen Cerrado.
Detrás de la potente propuesta de objetos hay un proceso de trabajo tan significativo como la propia obra. En este caso, Fernando Ávila sumó a su tarea de manipulador y director la de responsable de un taller. Una victoria anormal se caracteriza por un cuidado trabajo de manipulación, objetos fantásticamente construidos y una dramaturgia lúdica e irónica. Una burla a la muerte, personaje de oficina, con su lista a cuestas, a manos de un boxeador-luchador inclaudicable. Ávila cuenta que la obra surgió como producto de un taller llamado Mecánicas de los objetos, que formaba parte de una serie de talleres pensados para dar en los centros de régimen cerrado, en este caso, en el Manuel Belgrano.
Todo empezó como un taller de manipulación de ocho encuentros, pero parece que, en un principio, a los destinatarios no les sedujo del todo la idea y no terminaban de engancharse. El docente había llevado sus propios muñecos, el material que usa habitualmente para dar sus talleres, pero allí se encontró con un pedido específico: los alumnos del taller insistieron en que querían realizar sus propios muñecos, entonces, luego de cuatro encuentros, empezaron con la fabricación. Claro que este pedido modificaba las clases que habían sido planeadas, esta instancia no estaba contemplada. Pero cuando surgió el interés, apareció la posibilidad de encontrar las herramientas expresivas en un objeto. Así que este taller, desviado de su primer objetivo, se convirtió en uno abocado a la construcción. Pero la historia siguió su camino propio: a veces, cuando las cosas parece que terminan, no terminan en realidad. Y en el día de la supuesta despedida, empezaron a aparecer los muñecos construidos y, con ellos, la manipulación improvisada y la búsqueda de continuidad. Por eso hubo otro taller, en donde, además de construir muñecos, también se empezó a construir sentido, dramaturgias en pequeño formato, pequeñas escenas, monólogos.
En ese contexto aparecieron las obras de los que hicieron estallar el género, la idea de Ávila era ampliar el panorama del mundo de los objetos para observar las posibilidades expresivas tan alejadas del imaginario que suele asociar títeres y objetos al mundo de los niños. Entonces se enfrentaron a los videos de Tadeuz Kantor, El Periférico de Objetos, Philippe Genty, Manu Mansilla, Neville Tranter, entre otros, y los participantes flashearon (ése es el verbo que postula Ávila y es mejor no cambiarlo). Empezaron a pensar en algunas de las cuestiones, vistas como herramientas, y las pusieron en juego en sus propios trabajos.
La dinámica del taller, cuenta el director, siempre partió de improvisaciones. No habían restricciones temáticas y lo primero que solía aparecer era el mundo en el que están viviendo, eso que uno puede suponer como el estereotipo. "Supongo -dice- que lo que buscaban era probar los límites, ver hasta dónde se los dejaba seguir, pero nunca me hice eco de eso y siempre traté de encontrarle sentido a la teatralidad de ese lenguaje. Sí les pedía que atravesaran todo lo que hacían y lo canalizaran en el objeto. Entonces, cuando llegaban a ese punto, lo que hacían se resignificaba y terminaban saliendo unas improvisaciones absurdas y desopilantes. Cuando los participantes se daban cuenta de que circunscribirse a ese lenguaje los acotaba expresivamente, empezaron solos a buscar y encontrar otras formas". Ávila aclara que no todos los participantes tienen las mismas herramientas, y que las particularidades e inquietudes son diferentes en cada chico. Y, además, cada uno tuvo un modo específico de acercarse al taller. "Ninguno venía del mundo del teatro, entonces fueron entrando por lugares diversos: el boxeador y estudiante de Sociología tuvo un manejo increíble del espacio, porque está acostumbrado a pelear en el ring y desarrolló una manipulación muy detallada. Por ejemplo, siempre cuida que las piernas estén en eje, que los pasos sean verosímiles... Otro de los pibes, desarrolló toda una técnica para incorporar las diferentes cadencias de respiración para el muñeco."
Terminó el segundo taller, y en el momento del cierre Ávila recibió el pedido de seguir. Él les respondió que ya no había mucho para transmitir en materia de manipulación, que el resto era práctica, ensayo y el modo de lograrlo: trabajar sobre una obra. El grupo estuvo de acuerdo y empezó con las improvisaciones colectivas, textos que fueron llegando, se pensó un dispositivo escénico, se pulieron los muñecos, se eligió la música, en síntesis, todo lo que se hace en cualquier proceso de producción de una obra. "Funcionamos como compañeros de grupo: si nos hundimos, nos hundimos todos. Y si salimos a flote, también salimos todos", sigue Ávila.
Se pensó que el destino final era mostrar la producción, hacer funciones fuera del Centro. Pero era complejo. Se produjo una contrapropuesta: utilizar algún espacio al que pudiera asistir gente de afuera para verla. En ese marco se iban a mezclar los dos públicos: los pibes y los de afuera. "Hicimos cinco funciones. Pasamos por distintas temperaturas de públicos, o más comunicativos con sus expresiones, o más silenciosos. Cada situación repercutía de modo diferente, pero la clave estuvo en lograr que se valore el trabajo artístico-técnico", termina Ávila.Y lo lograron, con prepotencia de trabajo, como diría Arlt.
1- 2
La actriz que sufría frente a las cámaras, huyó de Hollywood y fue docente de una estrella de la actualidad
3La despedida de Susana Giménez a Marikena Monti: “Nadie la podría haber cantado como vos”
4Julieta Ortega habló de la recuperación de Palito y reaccionó, contundente, a una pregunta directa de Mirtha
