Floja propuesta de Cibrián Campoy
"Tacos, mujeres en terapia". Libro y letras: Pepe Cibrián Campoy. Música original: Angel Mahler. Dirección y puesta en escena: Damián Iglesias. Elenco: Pablo Hidalgo, Cristina Desanze, Myriam Pérez, Alelí Villate, Romina Rognoni, Violaine Alexis, María Eugenia Balzi, Viviana De la Vega, Cynthia Nion, Giselle Mota, Pilar Gonzales Treglia, Florencia Salvador, Bárbara Vieytes, Marisa Viotti, Cristina Mollo, Carina Mariel Mprilakis y Lorena Irigoyen. Coreografía: D. Iglesias y Myriam Pérez. Luces: Carlos Gaber. Sonido: Osvaldo Mahler. En el Teatro del Globo. Duración: 80 minutos.
Hace unos años, Pepe Cibrián Campoy y Angel Mahler hicieron, por encargo, una comedia musical para una tarjeta de crédito. Se llamó "Sueños en Blue" y se realizaron algunas funciones en la Rural. Damián Iglesias (actor de "Calígula", "El fantasma de Canterville", "La importancia de llamarse Wilde") participó en ella y decidió desempolvarla y readaptarla. "Sueños en Blue" se convirtió en "Tacos, mujeres en terapia".
La línea argumental de la historia gira en torno de seis mujeres y un travesti, en una sesión de terapia grupal. Claro que es una terapia un tanto particular, con gente que entra y sale, una psicóloga que otorga "descansos" y deja a sus pacientes solos, y un travesti-diva que se cambia de ropa cinco veces en la misma sesión. Nos podemos poner más blandos y pensar que esto es un divertimento, pero parece más una reunión de amigas o de eventuales conocidas que un grupo terapéutico. "Este es el lugar donde se sueña", dice sobre el final Dora, la psicóloga.
No es, precisamente, el libro más inspirado de Cibrián. Damián Iglesias no realizó un buen trabajo de dirección. La puesta es histérica, con mucho grito, movimientos superfluos y personajes que se pasan de silla en silla sólo porque sí. Las acciones son injustificadas e inductoras a excesos interpretativos. En ese sentido, el elenco en pleno está permanentemente instalado en la línea del desborde. Ese error, que es irritante por momentos para el público, es el de una dirección amparada en la sobreactuación y la superficialidad. ¿Por qué la gesticulación permanente y ese antiguo clisé de hablar mirando al frente y no al interlocutor?
Con ritmo
Lo mejor de la pieza son las canciones. Alguna que otra, muy pegadiza ("Tu volarás como un águila"), con una variante interesante de ritmos utilizada por Angel Mahler. Las letras de Cibrián Campoy también son ingeniosas y divertidas, como en el caso de "Yo, la peor de todas". Otro punto interesante es la balada "No estás vos". Algunos pasajes corales son muy bonitos.
Iglesias es un muy buen coreógrafo y tiene un estilo propio. Confeccionó coreografías armónicas, con mucho puño y hombros.
Del elenco no se luce nadie por lo subrayado anteriormente. La única virtud resaltable en la mayoría es su ductilidad para el baile. No se entiende muy bien por qué (¿tal vez para darle mayor duración a la pieza?) el travesti que compone Pablo Hidalgo quiebra la obra y entabla una conversación sin sentido con el público. Les pregunta qué vestido les gusta más. En este punto hay que hablar de algo básico: qué es funcional a una pieza. Eso es lo que no se tiene en claro en esta realización.
El diseño de vestuario no es muy feliz y se utiliza la escenografía de "La importancia de llamarse Wilde".
Es una pena que haya tanto esfuerzo y despliegue para un resultado tan magro.




