
Gianni y sus canciones para recordar
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"Muchas veces me preguntaron de cuántas obras de teatro soy el autor de la música. Siempre dije: "No sé", pero hoy me fijé y son 44 en total. ¡Y hubo cinco espectáculos el año pasado!" Dos de ellos, "Huesito Caracú", y "Sietevidas, la vuelta del gato", fueron ternados para los premios ACE 2001, y uno fue ganador ("Sietevidas...").
Carlos Gianni, compositor y director musical de tantos musicales infantiles, docente, integrante del Momusi, es un apasionado del tema. Y no es para menos: desde 1967, con "El bandolero cantor", de I. Nachman, y 1970 ("La vuelta manzana", de Hugo Midón), hasta "Sietevidas, la vuelta del gato" y "Huesito Caracú", sus sonidos han formado los oídos de muchos niños, algunos ya adultos, que siguen cantando las canciones, a veces sin recordar dónde las aprendieron.
"Por supuesto -dice, mientras sus manos dibujan expresivas coreografías gestuales-, la música puede divertir, jugar, entretener y ser muy útil para cubrir baches en un texto, o darles tiempo a los actores para cambiarse, o transformar un clima cuando no se logra eso con el diálogo o con la acción. Es decir que a veces es utilizada como recurso. Pero a mí lo que me interesa realmente es la integración de los códigos en el teatro, que se reconozca que la música es parte de un lenguaje muy diverso y completo.
"Me gusta trabajar de cerca con el autor y el director. Cada vez elijo cuál es el ritmo y la idea que me sirve para poder contar musicalmente lo que se está diciendo. Generalmente, en ese caso, la música, el texto, la acción e incluso la caracterización, escenografía y vestuario, se unen, y el producto es algo aparte, distinto, que habla por varios frentes diferentes. Lo que hago es sumergirme en la historia y pensar qué asociaciones, qué cosas me disparan esos personajes, o ese lugar, o ese clima, y eso me da el ritmo. Por ejemplo, cuando la mamá de Huesito Caracú le canta al hijo, por una parte es un ritmo folklórico asociado con el ambiente de campo de la obra, y por otra, se me ocurrió un valseado, que me pareció más acorde con la edad del personaje. En "Sietevidas, la vuelta del gato", el cuento del ñandutí evoca un ritmo litoraleño. El viejo cuento de la sopa de piedras, una asociación con música medieval de juglares. Y también, surgen los ritmos modernos, en las estampas de "Salpicón", "Vivitos y coleando" y otras. Realmente, me gusta mucho meterme en la historia y ser parte de ella con los sonidos."
Libertad para crear
Recordando algunas etapas de su labor en el teatro musical, el compositor se refiere al estreno de "Narices", de Hugo Midón, en 1984, como momento clave para un cambio en la manera de abordar la tarea.
"Aparte de las diferencias de cada generación, los cambios en las necesidades del público, lo que siento que ha cambiado en mí, como profesional, es la libertad que me doy para crear.
"Estábamos siempre muy condicionados por las opiniones de los psicopedagogos, de los maestros, de los docentes de música y yo, personalmente, incluso por las de mis propios maestros. Había cosas que podían ser y otras que no. Estaba todo muy acotado, porque era para chicos . Y siento que en la medida en que uno va confiando en su propio lenguaje, va descubriendo que todas las cosas pueden ser aceptadas si se hacen con profundidad, con cierto rigor y con una visión muy clara del objetivo. Para mí hubo un momento clave, cuando me dije: "Ahora empiezo a hacer la música que a mí me surge". Y esto fue con "Narices". Hablábamos de la libertad, del ayer, del hoy y del mañana. Y me dije, como se lo decíamos a todos en el espectáculo: "A partir de hoy tengo que creer en mí, en mis posibilidades, y poder caminar con mis propias ideas". En "Narices" hablábamos de la responsabilidad de ser libres como personas, ya que la sociedad estaba encontrando la libertad de todos. Me empecé a despegar, a sentir que las cosas podían ser como yo las sentía y a partir de ese momento mi música empezó a tener esa característica de juego, de ingenio, de locura."
Un enfoque errado
"Lamentablemente, como todo lo que en el arte tiene que ver con lo infantil, la música de los niños no está suficientemente valorizada. Una madre no lleva a su hijo a ser atendido por un estudiante de medicina. Por el contrario, acude a un profesional que, además de graduarse como médico, estudió una especialidad y es doctor en pediatría. Pero con el arte es todo lo contrario: muchos piensan que si no se animan a componer para los adultos, a lo mejor pueden largarse con algunas "cancioncitas para chicos". Eso, que está demasiado generalizado, es un enfoque no sólo errado, sino peligroso.
"Cuando pienso en qué música voy a escribir, me planteo: ¿cómo son los chicos? Son seres muy sensibles. Entonces, la música tiene que tener esa característica. Son seres que están cambiando. Entonces, la música también tiene que ser dinámica y cambiante. Son seres muy profundos. Entonces, la música tiene que ser profunda. Batiendo palmas solamente no se logra llegar a los chicos, sólo se agita la superficie. Lo que van a seguir escuchando es aquello que los conmueve. Y tiene que tener el juego, que es inherente a los chicos. Así que, cuando aparecen estas características en la música que hago, me digo: estamos por buen camino.
"Por supuesto, hay que reconocer que al igual que los adultos, los niños consumen la moda. Esto es así, pero lo que permanece es lo que los conmueve. Sin duda, hay éxitos inmediatos, músicas y canciones pegadizas que son hits. Pero a mí se me acercan adultos para decirme que siguen escuchando canciones de "Vivitos y coleando", o de "El imaginario", y que se siguen emocionando. Eso es lo que queda. Es lo que pasa con las canciones de María Elena Walsh, con la "Canción del jardinero", con "La reina Batata". El éxito deja una huella transitoria. La emoción, una huella imborrable."
Como docente, Carlos Gianni no solamente ha participado en numerosos congresos y festivales dictando cursos, sino que, junto a Marcelo Moruja y a Gaby Goldberg, conduce el Taller de Teatro Musical. Acaba de regresar del III Festival de Teatro para Niños en Aguascalientes, México, donde acompañó el espectáculo "Objetos maravillosos", de Hugo Midón, del cual es director musical. Regresará a México este año para asesorar a grupos sobre teatro musical para niños.
En cuanto a proyectos, prepara un espectáculo con sus alumnos para presentarlo a fin de año, trabaja con Hugo Midón en la reposición de "Huesito Caracú" en el Paseo La Plaza y en una nueva versión de "Vivitos y coleando", y con Asomados y Escondidos seguirá "en la denodada tarea" de buscar un escenario para reponer "Sietevidas, la vuelta del gato", estrenada el año pasado en el Teatro Cervantes. "Eso, por ahora -concluye-, y todo aquello que me permita trabajar con colegas y amigos para defender el espacio, la dignidad, el nivel profesional que le corresponde a la música para los niños, en el teatro y fuera de él."
Piedra libre
- Estreno en el Larreta. A partir de hoy podrá verse -de jueves a domingos, a las 18- el espectáculo "Dale que te canto", de Santiago Doria, con canciones de tradición popular española, en los jardines del Museo Larreta, Vuelta de Obligado y Juramento. (La entrada es por Obligado.) El elenco está integrado por Julia Calvo, Pablo Schapira, Sergio di Croce, Claudia Zima y Ariel Altieri. La entrada cuesta seis pesos y las funciones no se suspenden por mal tiempo.
- En la sala Alberdi. Con "Pajaritos en la cabeza", de Sergio Ponce, se inicia la temporada de verano de la sala Alberdi, en el sexto piso del Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551. Hoy y mañana, a las 18, podrá verse este espectáculo, integrado por "El gato y los ratones", "El buen diablo" y "El regreso". Las funciones son a la gorra, debiéndose retirar número en planta baja, porque el ámbito es reducido. El próximo viernes seguirá la programación con "Una historia de amor", de Marcelo Peralta.
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