
Guerberof, de Pinter a Shakespeare
El director está con agenda apretada: además, hará "El retrato del pibe", de González Castillo
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Tres proyectos ocupan la atención, actualmente, del director Miguel Guerberof. Ayer estrenó en el teatro Palermo "Los enanos", de Harold Pinter; en junio presentará "Todo está bien si termina bien", de William Shakespeare, y para julio prepara "El retrato del pibe", de José González Castillo.
Las tres resultan propuestas muy diferentes. A la contemporaneidad de Pinter se oponen el valor clásico de Shakespeare y más aún el de González Castillo. Pero para Guerberof esto no es una dificultad. "Casi todo el teatro -dice- está inscripto en el suceso dramático. Si el acontecimiento dramático está fuera de los actores, no tiene interés." Ahí está su apuesta y en nombre de ella actúa.
Conoce el texto de Harold Pinter hace algo más de 15 años. Los actores Damián Casemeiro, Gerardo Baamonde y Diego Cosín le propusieron trabajarlo y aceptó. "Es una obra basada en una novela inconclusa -comenta-; es muy misteriosa y extraordinaria. En el programa de la función pongo una frase de Rolland Barthes que dice: "Es una porción del lenguaje infinito que no cuenta nada, pero uno tiene la certeza de que algo misterioso pasa". Subterráneamente hay en la obra ambigüedad sexual, marginalidad, y conjugando todo eso un lenguaje poético al que Pinter es muy afecto. Es una poesía por momentos llana, dura, casi elemental, pero de pronto, por las metáforas que utiliza, se va colocando en un nivel casi sublime."
Especialista en Samuel Beckett, Guerberof no puede dejar de buscar relaciones entre uno y otro autor. ""Los enanos" es una pieza de la primera época de Pinter y, como sucede con las obras de la primera etapa de Beckett, es extraordinaria. En su momento, y aun hoy, es una obra revulsiva donde se ve a determinada gente que decide no insertarse en el sistema y se queda afuera. En la obra hay una escena que parece sacada de "Esperando a Godot". Según parece, Pinter, le pidió asesoramiento a Beckett y en algunos momentos se nota su mano. Ambos son similares, tienen un problema parecido con el lenguaje."
Conocida generalmente como "No hay bien que por mal no venga" o "Si no hay buen principio no hay mal final", esta comedia negra de William Shakespeare tendrá su premiére el mes próximo. Guerberof dice de la obra: "Estoy afinándola, tiene que ser como una explosión".
"El retrato del pibe" también es un material que Guerberof viene trabajando desde hace tiempo. Se verá en julio y estará interpretado por María Ibarreta y Horacio Acosta. El espectáculo está concebido como una investigación que mostrará tres versiones de la misma obra, una detrás de la otra. Una seguirá el estilo del sainete, otra la del grotesco y "la tercera como un teatro sin sentido. Se verá el drama de Castillo repetido por tres y con distintos significados", aclara el director.
En verso apareado
Miguel Guerberof destaca que este texto le interesó "porque es una pieza escrita en verso apareado, algo que exige a los actores un comportamiento particular para trabajar el lenguaje. Están hablando tipos y muñequitas del Buenos Aires de 1912 y de pronto aparece una comedia isabelina; en otros momentos asoman rasgos notorios de acontecimientos que se dan en el país y se establecen unos vínculos y unas relaciones misteriosas muy fuertes".
La discusión se impone, ¿cómo trabajar estos materiales para que no queden como piezas de museo?
Su respuesta es contundente: "Brecht decía una cosa extraordinaria: "Yo creo que mis obras son eternamente inacabadas". Hacer una obra como se supone que se representaba no es bueno. Hay que tomar la estructura, reventarla y empezar a contar las obsesiones que uno tiene. El problema del teatro es comunicar determinado tipo de obsesiones, de valores poéticos y traspasarlos en el tiempo, porque sino, hasta Shakespeare está muerto".





