Héctor Bianciotti, hombre de teatro
Alberto Greco me presentó a Héctor Bianciotti, a comienzos de los años 50, en la confitería Jockey Club, de Viamonte y Florida, que ya no existe. Héctor (cuya apariencia juvenil no se modificó con los años: la alta figura esbelta, el mechón rubio barriéndole la frente y la ancha boca en un gesto que podía ser una sonrisa o un mordisco) estaba en ese momento conversando con la gran actriz Alba Mujica, al despedirse de la cual se sentó a nuestra mesa. Por ese entonces, apenas llegado a Buenos Aires de su remoto lugar natal en Córdoba, trataba de asentarse en la capital como escritor y como actor, dos vetas que durante varios años lo tironearon en direcciones opuestas. No mucho después, aspirante yo también a pisar un escenario, trabajé con él en su versión, junto con otra amiga común, Alma Bressan (Alma De Cecco), de Lucha hasta el alba , de Ugo Betti, dramaturgo italiano famoso entonces y hoy olvidado. Juan Carlos Gené nos había hecho un hueco en un pequeño teatro de la calle Tucumán y allí estuvimos hasta que surgieron ya no recuerdo qué dificultades.
Lo que sí recuerdo muy bien es el plan que se discutía con un mecenas, Mario Wasserman, de estrenar en Buenos Aires Esperando a Godot : dirigiría Bianciotti y sería Vladimiro, con Santangelo (también intérprete de Lucha hasta el alba ) como Estragón.
Todo parecía ir bien hasta que apareció el obstáculo: Héctor pretendía que la acción transcurriera en una carpa de circo, y Wasserman se empeñaba en ceñirse al desolado lugar donde sólo hay un árbol, requerido por Beckett. Muchos años después supe que esta era una exigencia insoslayable del autor para ceder los derechos de representación, y lo concreto es que aquí no hubo Godot hasta varios años después, en la magnífica versión del Teatro de Arquitectura, con Jorge Petraglia, Roberto Villanueva y Leal Rey.
Bianciotti aparece fugazmente, como un marinero nórdico, en una escena de Días de odio , la película de Torre Nilsson sobre el cuento "Emma Zunz", de Borges. Esa es, creo, la única imagen de Héctor registrada por el cine argentino. Ignoro si llegó a actuar en un film español: su entrada a Europa fue por Italia, donde pasó momentos durísimos (con hambre y sin techo), y se trasladó luego a España, que tampoco le resultó propicia. Por fin encontró su destino de escritor y figura prominente de la cultura en Francia, que le confirió los honores de su venerable Academia.
En mi primer viaje a Europa, a fines de 1955, me reencontré con Bianciotti en Roma, sin sospechar -nunca me lo mencionó- el calvario que estaba atravesando, puesto que siempre se lo veía elegante y displicente, mientras estudiaba teatro y se moría de hambre. Muchos años más tarde, cuando me confió (después de años de no vernos ni comunicarnos) la traducción al español de sus tres últimos libros, dos de ellos autobiográficos ( El paso tan lento del amor y Como la huella del pájaro en el aire , ambos editados por Tusquets, lo mismo que Sin la misericordia de Cristo ), me enteré de aquella escuálida etapa romana. La última vez que nos vimos en París, en 2004, ya se insinuaba en él -admirablemente disimulado con su habitual elegancia- el Alzheimer que en los últimos tiempos empañó su portentosa lucidez, su singular talento.





