
Hundan el Belgrano
La Guerra de Malvinas, según la mirada filosa del inglés Steven Berkoff
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Autor : Steven Berkoff / Traducción : Rafael Spregelburd / Elenco : Monina Bonelli, Gastón Rodríguez, Estanislao Milicich, Lucas Lagre, Alejandro Cop, Gonzalo Pastrana, Gustavo de Filpo, Carlos Cano y Luciano Ricio / Música original y en vivo: Pablo Vazquez / Coreografía : Eugenia Di Marco / Escenografía : Gustavo Dieguez y Lucas Gilardi / Vestuario : Pablo Graziano / Iluminación : Alejandro Le Roux / Dirección : Claudia Marocchi / Sala : El portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034 / Funciones : Sábados a las 23 / Duración : 90 minutos
Nuestra opinión: muy buena
En 1986, cuatro años después de la Guerra de las Malvinas, el inglés Steven Berkoff escribió una de las obras menos conocidas de su relativamente extensa lista de trabajos dramatúrgicos: Sink the Belgrano. En ella, imaginaba la trastienda del conflicto bélico entre la Argentina y Gran Bretaña y los sucesos que desencadenaron en el hundimiento del crucero que da título a la obra.
Sólo hacía falta tiempo para que alguien pensara en estrenarla de este lado del mapa; y los aniversarios redondos, es sabido, suelen facilitar este tipo de concreciones. Representada por primera vez en la Argentina este año, a treinta del conflicto bélico, la obra -cuyo título fue traducido de manera literal: Hundan el Belgrano - aporta a los escenarios locales una mirada inglesa sobre lo sucedido en las Malvinas/Falklands en 1982. Con una traducción de Rafael Spregelburd que conserva el tono satírico del texto original y una puesta a cargo de Claudia Marocchi que fortalece esa intención, Hundan el Belgrano es una obra que no puede verse sino con espíritu paródico y con capacidad para reírse de los políticos y de sus políticas (aunque, a juzgar por el público que asistió a la función presenciada por esta cronista, no todos entiendan que esta es la única manera de pararse frente a esta propuesta).
Con música en vivo, un dispositivo escenográfico simple y generoso que puede referenciar tanto un buque inglés como el despacho de la dama de hierro y elementos de vestuario que aparecen para generar un distanciamiento brechtiano (la idea de que estamos ante una puesta en escena inspirada en otra puesta en escena, la guerra, va cobrando fuerza a lo largo del espectáculo) Marocchi creó una farsa musical en donde la protagonista, Amargas Cachas, se convierte en comandante en jefe de la obra, de la vida de todos los personajes y de las miradas del público. Monina Bonelli, que le presta el cuerpo a esta versión burlona de Margaret Thatcher, cautiva en las escenas de texto y a la hora de cantar; la clave del éxito parece consistir en que, además de talento, tiene la inteligencia para entender lo que está haciendo: si hay algo que distingue a Hundan el Belgrano de otras obras que tematizan la Guerra por las Malvinas, es un abordaje escénico sin ninguna solemnidad, pero que no por eso intenta pasarse de vivo.
La moraleja, es cierto, puede dejar con gusto a poco a los que después de tres décadas les piden algo más a los discursos artísticos sobre Malvinas: sabemos que todos, no sólo los militares argentinos, necesitaban una guerra para perpetuarse en el poder y que tanto Amargas Cachas como la cúpula argentucha depositaban en la victoria algo más que la posesión legitimada de un territorio. Pero Hundan el Belgrano también existe para recordarnos que hasta las decisiones políticas más comprometedoras pueden ser caprichosas e imprevistas, y en esa catarsis de vodevil a la que invita, recordándonos cuán ruines pueden ser los seres humanos, la obra encuentra, paradójicamente, sus mejores momentos. Quien no quiera dejarse llevar, que mejor se abstenga: la opción es irse o quedarse y reírse.






