Imaginativa y original propuesta con títeres, humor y canciones

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29 de junio de 2002  

“Mundus Trucus”. Autor: Pepe Márquez. Diseño y realización de títeres: Mariano Rodríguez. Escenografía: Norman Gallard. Música: Jorge Polanuer. Diseño de vestuario: Magda Banach. Diseño y puesta de luces: Jorge Leyba. Asistencia de dirección de títeres: Javier Cancino. Intérpretes: Marcela Paoli, Sandra Palomares, Patricia Rey, Pedro De Simone, Omar Luzi y Javier Pironi. Dirección general: Pepe Márquez. Teatro del Abasto, Humahuaca 3549, sábados y domingos, a las 18. Entrada: $ 5.

Nuestra opinión: muy bueno.

Imaginativa y original, se trata de un juguete fantástico, con títeres, bailes, canciones y humor.

La historia es simple: Margarita es una niña que está enojada con su familia y quiere irse. Se encuentra con un delicioso monstruito que le propone un viaje a “Mundus Trucus”, a cambio de un trabalenguas. Luego de un intento fallido, Margarita recuerda uno que es aprobado y consigue el viaje.

Ya en el fabuloso planeta, se encuentra con un sapo hechizado que le pide un beso, un fantasma, una bruja y otros personajes. Después de un rato se cansa y quiere volver a casa. Hay un problema con eso, porque el viaje era sólo de ida. Pero sus nuevos amigos la ayudan y puede finalmente retornar, no sin antes darle un beso al sapo y permitirle recuperar su identidad anterior. Lógicamente, algo ha cambiado en ella: ve a su hermana de otra manera y sigue con la capacidad de ver y saludar a los “trucus”, que andan por ahí tratando de reclutar gente para su mundo.

Clima más cálido

La pieza es simpática y se disfruta plenamente (hay que superar, eso sí, el frío de la sala). Los monstruitos títeres tienen encanto y son divertidos, el trabajo de manipulación es ágil, ajustado y se logran momentos muy interesantes con un importante trabajo corporal de los titiriteros. Ellos son los encargados de dibujar fascinantes coreografías con sus acrobacias, dentro de un marco estético simple, pero suficientemente sugestivo, a la vez que funcional.

Los actores y actrices lucen un vestuario y maquillaje disparatados acordes con el tono de la obra, pero en armonía estética; sobre todo están muy bien elegidos los colores. El traje de la bruja es especialmente atractivo, a la vez que delirante.

La música propone melodías reconocibles para los chicos y crea climas acertados.

En fin, absurdo, divertido, ingenuo, bien infantil, hecho en serio.

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