
Isósceles
Una obra que repite la fórmula de los triángulos amorosos
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Texto y dirección: Mariana Chaud / Con: Ezequiel Díaz, Dolores Fonzi y Violeta Urtizberea / Vestuario: Carolina Sosa / Escenografía: Alicia Leloutre / Iluminación: Matias Sendon / Sala: Chacarerean Teatre / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: Regular.
Motivo transitado de manera recurrente en la ficción, el triángulo amoroso parece ser uno de esos temas sobre los que se ha dicho todo, pero que siempre resiste nuevas actualizaciones. Para el promedio de los espectadores resulta difícil no interesarse en el asunto: la identificación, se sabe, tiene forma de anzuelo. Isósceles, propuesta con la que Mariana Chaud vuelve a su doble rol de dramaturga y directora, gira en torno de este tema, pero suma el paso del tiempo como un componente que complica más las cosas. Dividida en dos actos, la obra cuenta la relación de Roberta, Cinthia y Gonzalo, estudiantes de Geografía primero, y más tarde adultos jóvenes que transitan los caminos del trabajo y del amor.
Primer acto: los tres estudiantes están en la casa que comparten las chicas, terminando un trabajo. En un ambiente lleno de guiños para quienes fueron adolescentes y postadolescentes en los 90, las primeras escenas delinean los roles que cada uno ocupará en este triángulo. Gonzalo se debate entre Cinthia, linda, alumna destacada, promesa de novia ejemplar, y Roberta, un poco más incorrecta que su amiga.
Quince años más tarde (segundo acto), Gonzalo se ha decidido por una de ellas. La pareja vuelve a reunirse una noche con la otra amiga, que cada tanto reaparece, no sin dejar una estela de recriminaciones cuando se despide de sus ex compañeros. Lo interesante del asunto pasa por detectar cómo las dinámicas de grupo cambiaron con el paso del tiempo: qué pasa cuando "la desastrosa" pasa a ser "la exitosa" en lo profesional, o qué aspectos de lo personal se juegan cuando "la feliz pareja" compara su situación con la de quien "nunca sentó cabeza". Más allá de eso, el esquema dramatúrgico vuelve a ser el mismo que en el acto anterior; protagonista y antagonista pelean por su presa. Aunque las actuaciones le brindan un ritmo sostenido a esta comedia (Violeta Urtizberea nadará las aguas que mejor le sientan hasta que alguien le acerque personajes y escenas que la saquen de su lugar de comodidad; Dolores Fonzi y Ezequiel Díaz acompañan de manera correcta), el planteo pierde fuerza cuando deviene en repetición de la fórmula inicial. El encerrarse en la dinámica del triángulo Isósceles termina resultando una trampa para la obra: tal vez un oblicuángulo o un escaleno le hubieran calzado mejor
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