
Juegos de seducción en el patio
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Patiecito, patiecito . Creación de Aymará Parola, Rakhal Herrero, Lucía Di Salvo y Laura Aguerreberry. Dirección: Laura Aguerreberry. Intérpretes: Aymará Parola, Rakhal Herrero. Música: Andrés Reboratti. Iluminación: Omar Possemato. Vestuario: Jimena García Blaya y Beatriz Pertot. Realización escenográfica: Roberto Aguerreberry y elenco. Colaboración artística: Ignacio González Cano y Damián Cortes. Asistencia general: Lucía Disalvo. Funciones: hoy, a las 23; jueves 13 y 20 del actual, a las 22. En Apacheta, Pasco 623; 4941-5669. Entrada, $ 15.
Nuestra opinión: muy buena
Es viernes a la noche, tarde. Apenas hay treinta personas en la sala y no podrían entrar más: así de íntimo es Apacheta, un espacio que tiene su encanto. Y por eso, mientras se acomoda en la doble hilera de sillas que forman la platea, el público pasa frente a las narices de la pareja intérprete de Patiecito, patiecito , una obra de danza teatro que sorprenderá en varias oportunidades, siempre con buenas intenciones y mejores resultados.
Ellos están ahí, descalzos sobre el césped sintético de un patio interno, cada uno con su escalera, su molinete de viento y sus armas de seducción a flor de piel. Al margen están la tijera de podar de hojas oxidadas, una maceta que no precisa demasiado cuidado y la regadera que dará de tomar (también a ellos). En ese escenario y bajo un cielo de fantasía que hasta inventa en favor de la historia la caída de una estrella fugaz, ocurrirá el juego de seducción, fervoroso y también esquivo, de persecuciones y desencuentros, por momentos de compradora ingenuidad y siempre muy sensible.
En la pieza debut de Laura Aguerreberry como coreógrafa y directora -que como bailarina es una de las jóvenes damas de la compañía Tangokinesis, la escuadra de Ana María Stekelman- el matrimonio danza teatro funciona equilibrado, sin que un lenguaje le gane la pulseada al otro, de la mano de la gestualidad, una coreografía contemporánea que deja en evidencia la calidad de los intérpretes y un puñado de textos siempre en boca de él, que brotan como erupciones y se encargan de subrayar el sentido del humor que permanentemente subyace en este trabajo.
La música (con sus manifiestos y sus sugestiones) y el vestuario (en todos sus cambios) son dos elementos clave para que el conjunto sea encantador, aun cuando se trata de un montaje austero. Accesible en general, Patiecito, patiecito cuenta con una mirada joven, evidentemente cómplice y a gusto con el paseo que propone por un rincón del mundo interior. A la salida, al público se le nota en la cara.




