
Kafka, en una lograda versión
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"El castillo de Kafka" , versión teatral y dirección: Miguel Guerberof. Intérpretes: María Laura Carcano, Gabriela Lerner, Natacha Méndez, Carla Peterson, Ezequiel Castaño, Gustavo Chantada, Carlos Lipsic, Ricardo Merkin, Javier Montú. Actor invitado: Mario Mahler. Escenografía e iluminación: Carlos Lipsic. Vestuario: Rosana Bonneto. Música: Mauricio Kagel. Asistente de dirección: Aníbal Compañy. En Teatro del Abasto, Humahuaca 3549. Funciones: lunes y miércoles, a las 21.
Nuestra opinión: bueno
El señor K llega a un pueblo dispuesto a ejercer su profesión: es agrimensor. Se lo ha contratado para eso. Pero muy pronto sus expectativas comienzan a verse frustradas. Los hombres y las mujeres que van cruzando su camino le muestran una realidad poco clara. Ellos mismos resultan seres de pobreza interna singular. Pero el señor K no desiste de su intento, y de esa manera hace crecer su drama personal y a la vez descubre con crudeza el mundo social del que va formando parte, y al que poco puede modificar.
La versión que Miguel Guerberof construye a partir de "El castillo", de Franz Kafka, es muy intensa en su traslado al teatro. Logra mantener cierta espesura que domina el texto original, y a la vez, formalmente, los personajes consiguen sostener ese mundo extraño del que parecen salidos; poco reconocible, a veces, porque está ligado más a un espacio fantástico que a uno real.
En la puesta sólo unos pocos objetos escenográficos van ayudando a construir ambientes. Y resulta muy atractivo el movimiento que constantemente se promueve con mucho de coreográfico.
Sorprende en forma continua al espectador y desde lo teatral ayuda a vitalizar la acción generando una dinámica muy atractiva.
Eslabón entre dos mundos
En lo actoral se destaca sobre todo el trabajo de Carlos Lipsic, el señor K. El intérprete consigue sostener a su personaje con buenos recursos durante la representación, y hasta le aporta unos ricos valores que le dan una espiritualidad particular. El señor K de Lipsic se muestra muy entero, y entonces potencia con fuerza el cruce entre su mundo y el de los demás individuos con los que se relaciona. Y abre un interrogante interesante: verdaderamente, una sociedad devastada ¿puede corromper la integridad de un individuo responsable?
Son reconocibles también los trabajos de María Laura Carcano, que compone una Frieda muy intensa; Gabriela Lerner, como una mesonera fuerte y segura, y es muy inquietante, por momentos, el dúo de servidores que conforman Gustavo Chantada y Carlos da Silva. Ambos, en el juego que conciben, posibilitan afirmar una serie de contradicciones que resultan muy significativas para la mirada y la reflexión del espectador.
El nuevo proyecto que concibe Miguel Guerberof se impone con fuertes valores estéticos, aunque sería necesario sintetizar el drama; de esa manera llegaría a la platea con mayor contundencia.
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