
La actualidad de un mundo marginal
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"Don Chicho" , de Alberto Novión. Dramaturgia: Patricia Zangaro. Intérpretes: Claudio García Satur, Lucrecia Capello, Joaquín Furriel, Oski Guzmán, Néstor Ducó, Emilio Bardi, Malena Figó, Gustavo Ferreira, Carlos Kaspar, Oscar Núñez, Miryam Strat. Música original: Lucas Rebolini Manso. Iluminación: Daniel Zappietro. Vestuario: Marina Aldalur. Escenografía: Norberto Laino. Dirección: Leonor Manso. En el Teatro Cervantes.
Nuestra opinión: muy bueno
Esta pieza de Alberto Novión posee unos valores que la tornan un tanto reconocible dentro del panorama teatral argentino. Estrenada a comienzos de la década de 1930, está catalogada como sainete pero, como muchos textos de aquella época, posee una fuerte aproximación al grotesco; se nota que está escrita para el lucimiento del protagonista -algo frecuente también en aquellos tiempos- y finalmente, como tantos otros dramas de esos años, permite comprobar cómo ciertas cuestiones que hacían a la mísera vida de una clase no han logrado superarse en la larga historia de la vida argentina. Esto quizás es lo más doloroso y a la vez algo que posibilita descubrir ciertas resonancias en esta actualidad.
Chicho y su esposa Regina viven en la más, aparente, extrema miseria. Comparten sus días con el abuelo Don Pietro, dos hijos (Luciano y Quirquincho) y la novia del mayor Fifina. Chicho vive escudándose en su devoto fervor religioso, pero en verdad es sólo una máscara que le hace sentir menos culpas, porque es un delincuente, un mafioso, que inculca el robo en su familia, como forma de obtener dinero para vivir mejor. Pero en realidad lo que los otros ganan se lo guarda y todo su núcleo no hace más que padecer sus propias existencias.
En su intención por acercar el drama a estos años, Leonor Manso decide que esa familia viva en un descampado y que su vivienda esté construida por un aglomeramiento de desperdicios, basuras, elementos que otros ya no usan (muy buena escenografía de Norberto Laino). Desde allí, ellos miran el mundo y se inventan el suyo, el de cada día, el de cada robo.
"Don Chicho" es como un friso -y eso está muy valorizado en esta puesta- que posibilita ver distintas variables de un mundo marginal. En principio "cierta" pobreza y unas leyes muy perversas que la sostienen: abuelos acabados que nunca lograron superarse, padres que niegan ese ejemplo y se aprovechan de sus hijos, y estos últimos que, no pudiendo reconocer valores de alguna tradición, se dejan llevar y cuando deciden salir del encierro que los oprime, no pueden, no tienen herramientas para "zafar".
En ese marco -y este es el planteo del espectáculo-, instituciones como la policía (el orden) y la Iglesia (la fe, la reflexión, la esperanza) no actúan. O se corrompen utilizando esa misma miseria en algún magro beneficio, o la dejan pasar. En ese mundo, Dios no existe.
Siguen esperando a Godot
Este es otro elemento por tener en cuenta y que se abre en la actuación. Leonor Manso le quita algo de protagonismo a Chicho y lo reparte entre todos los otros personajes. De esa manera demuestra con mayor intensidad la absurda condición de cada ser y por supuesto lo doloroso de esas vidas. En un cruce de actuaciones -que es inevitable por cuestiones generacionales- hace estallar el grotesco en Chicho (Claudio García Satur), Regina (Lucrecia Capello), Venancio (Oscar Núñez), Francisca (Miryam Strat) y Don Pietro (Néstor Ducó).
Como si las situaciones que ellos viven hubieran recorrido las distintas décadas de este país y llegaran a este hoy mucho más acabados, pero a la vez más enloquecidos, más desesperados. Dios los abandonó hace tiempo y ya ni destino tienen. Esas personas repiten los mismos actos desde hace años y esperan. Están peor que Vladimir, Estragón, Luky y Pozzo (a ellos se parecen por momentos). El árbol ha sido reemplazado por una enorme cruz (está en la escenografía). Tal vez se las dejó el mismo Godot que en algún momento apareció y no pudo salvarlos.
En cuanto a los intérpretes más jóvenes -Joaquín Furriel, Oski Guzmán, Emilio Bardi y Malena Figó- ellos juegan con un estilo interpretativo que conocen, que les pertenece, aunque no sea el único: mezcla de teatro realista (Bardi, Figó) murga, circo (Guzmán), televisión (Furriel).
Los contrastes así se tornan más claros porque "Don Chicho" también habla de las generaciones. Y de unos jóvenes que con una tradición signada por la pobreza (y no sólo económica) poco podrán construir en el futuro.
Este espectáculo muestra la historia de este país. Parte de 1930 y llega hasta este presente. Muy buenos profesionales lo conducen. En los protagonistas, sobre todo -Claudio García Satur y Lucrecia Capello- asoma una buena síntesis de la actuación argentina contemporánea.





