
La avenida más graciosa del mundo
El sorprendente montaje local de este musical de Broadway es una de las mejores propuestas del género de este último tiempo
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Avenida Q . Libro: Jeff Whitty. Música y letras: Robert López y Jeff Marx. Intérpretes: Mariano Chiesa, Melania Lenoir, Federico Salles, Germán Tripel, Silvana Tomé, Manuel Victoria, Patricia Lorca, Pablo Gandolfo, Guillermina Gesualdi, Micaela Pierani Méndez y Sonia Savinell. Escenografía y multimedia: Santiago Tato Fernández. Luces: Gaspar Potocnik y Juan Monserrat. Dirección vocal; Katie Viqueira. Vestuario: Alejandra Robotti. Dirección títeres: Rosa Leo y Jorge Crapanzano. Dirección actoral: Omar Chino Kühn. Dirección musical: Federico Vilas. Coreografía: Alejandro Lavallén. Dirección general: Natalia del Castillo y Santiago Tato Fernández. En el Paseo La Plaza. Duración: 130 minutos.
Nuestra opinión: muy buena
Lograr una adaptación fiel de una obra estadounidense con numerosos guiños locales, slang y un ritmo humorístico de sitcom televisiva es algo de temer. Sobre todo cuando se trata de un producto artístico de tan exacta factura, como Avenue Q , el musical de Broadway que logró arrebatarle el premio Tony nada menos que al gigante Wicked , en 2004.
¿Cuál era el desafío argentino? Múltiple. Sobre todo porque muchos de sus hacedores son poco conocidos en el ámbito local. Resultado: la versión porteña de Avenida Q es una completa revelación.
La adaptación de Del Castillo, Fernández y Morales es mejor de lo que podría suponerse. Obviamente, en un típico lunfardo porteño, fueron absolutamente fieles al original, sólo con algunos mínimos cambios muy localistas muy bien sustituidos. Antes que nada hay que aclarar que, aunque se vean "muppets" adorables en las fotos, no es una obra para chicos. En la avenida Q (especie de cortada con tres edificios) vive un grupo de seres a quienes la suerte no se les escapa, sino que ni siquiera se aparece por sus puertas. Pero son optimistas, alegres y se ríen de sus propios defectos y de su infortunio. Losers se diría. Allí encontraremos a un flamante licenciado en letras que no sabe qué hacer con su diploma; una monstruita peluda que sufre de desamor; un gay ultraconservador que no se atreve a salir del ropero, y un comediante frustrado, entre otros personajes que pueden habitar en cualquier ciudad del mundo.
Avenida Q es una invitación a la risa desde el momento en que comienza hasta el final. Entre pegadizas canciones, con gags y oscurísimo humor negro, demuestra que las causas del fracaso de estas criaturas no sólo son la sociedad, el entorno y el capitalismo, sino también el egoísmo, la individualidad y la competencia. Estos personajes son todo lo opuesto a lo políticamente correcto. El hilarante libro de Jeff Whitty está confeccionado a partir de la ironía y el sarcasmo, con personajes cínicos, inimputables, pero tremendamente divertidos. Desde una fantasía que remite a la televisión infantil clásica reflejan la rudeza de lo cotidiano y contienen una entrelínea tan crítica como potente. Todos los personajes, blancos, negros, orientales, judíos y monstruos, dirán que "todos somos un poquito racistas"; blanquearán la envidia, el sabor de lo incorrecto y hasta el sexo en todas sus variantes.
Natalia del Castillo y Santiago Tato Fernández -con el aporte de Omar Chino Kühn en la dirección de actores- son otra fantástica sorpresa a través de su puesta en escena. Revelan un conocimiento minucioso de la pieza original. Seguramente serán unos enamorados de ella, porque se ve eso: mucho amor en el montaje. No sólo la respetaron sino que la revitalizaron, la enriquecieron.
Todos los intérpretes realizan trabajos excelentes (ni uno solo desentona), y aquellos que manipulan marionetas se muestran como una prolongación de esos muñecos. Ellos no descuidan la manipulación ni siquiera al cantar o al bailar, hasta componiendo más de un personaje. Esos muñecos hasta respiran con ellos. Germán Tripel ya se mueve en el musical como en su casa; Melania Lenoir se afianza como una de las mejores intérpretes del género; al igual que Federico Salles y Patricia Lorca, versátiles como pocos. Pero las revelaciones son los talentosísimos Mariano Chiesa (en dos personajes centrales) y Silvana Tomé, como Chau Fan, ambos impecables. Por su parte, Manuel Victoria, es simpatiquísimo como Gary Coleman.
Hay un riesgo grande. Lo satírico de la obra puede prestarse al desborde. Los actores por momentos están al límite de la improvisación y el morcilleo. Eso puede hacer ganar en risa, pero resta excelencia. A su vez, no es nada feliz la alusión a Pepe Cibrián, en mucha medida causante del boom del género.
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