
La desesperación de seres oscuros
Los siete locos vuelve a ser captada por el teatro, pero en un montaje con altibajos
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Los siete locos, de Roberto Arlt. Adaptación y dirección general: Omar Aita. Intérpretes: Pablo Iemma, Julio Ordano, Coni Marino, Andrea Juliá, Marcelo Sánchez, Darío Levy, Enrique Papatino, Hernán Vázquez, Gustavo Pardi, Federico Aimetta, Claudia Pereira y Cecilia Kruchoski. Escenografía: Carlos Di Pasquo. Luces: Soledad Ianni. Vestuario: César Drago. Maquillaje y peinados: Camila Aita. Música: Martina Vior. Asistente de dirección: Anabel Ferreyra. En el Centro Cultural de la Cooperación. 80 minutos.
Nuestra opinión: buena
Sumergirse en la narrativa de Roberto Arlt siempre tuvo un especial atractivo entre los directores y dramaturgistas argentinos. Las razones son obvias. El escritor imponía teatralidad a sus novelas y la confección de sus personajes es tan minuciosa, tan exacta y preciosista que no resulta difícil verlos corporeizados. No es casual que la primera representación teatral de un texto de Arlt fue en el Teatro del Pueblo y sobre un capítulo de Los siete locos , "El humillado", que dirigió Leónidas Barletta. Esta novela de desesperados, humillados y opresores, de conspiraciones, revoluciones, salvaciones y trampas fue objeto de estudio en numerosas oportunidades durante los últimos treinta años. En 1980, en El Picadero, se hizo una recordada versión; remozada y también inspirada en El lanza llamas, dirigida por Javier Margulis y Rubens Correa, en 1997, en el Cervantes. También hubo fragmentos en esa joyita que fue Por amor al Arlt , en el Alvear, dirigida por Ismael Hase, y Ricardo Bartís hizo una de sus obras maestras basada en estas dos novelas: la inolvidable El pecado que no se puede nombrar .
Esta nueva propuesta de Omar Aita, que cuenta con un elenco de actores de probado talento, intenta resumir ese inmenso universo arltiano tan difícil de condensar. Y ése es el mayor peligro a la hora de llevar a escena una novela tan expresiva, reflexiva y filosófica como Los siete locos . Aquí es poco lo que queda fuera, pero toda esa información, esa cantidad de personajes y situaciones hacen que la adaptación sea una suerte de ayudamemoria de la novela, pero representado. En muchos tramos de la obra, la dramaturgia se ve forzada y hay cierta debilidad estructural. El entramado que constituyen el espacio, el tiempo y la acción está desajustado y, por lo tanto, el ritmo es débil y el resultado es un montaje quebrado.
Salir al toro
No es sencillo el desafío en el que se metió Aita, sobre todo si se tiene en cuenta que el protagonista de la obra se "bajó" del proyecto dos semanas antes de estrenar (que feo). El director fue hábil a la hora de armar el elenco y puso especial atención en los vínculos y en el trazado de una puesta en escena articulada que, aunque presenta los desajustes señalados anteriormente, puede llegar a cobrar forma en el transcurso de las funciones.
Pablo Iemma (quien hace unos años hizo una espléndida composición en El petiso orejudo ) es quien ha tenido que salir "al toro" para encarnar al ya célebre Remo Erdosain, aquel que lleva la desdicha en su alma, que busca coraje y salidas, y que se queda acorralado como un ratón frente a todas esas aparentes salidas que son entradas a perdiciones peores. Pero es un papel muy complejo como para preparar en tan poco tiempo. A Iemma aún le falta encontrarle el alma y el peso corporal a su criatura, por fuera de sus decires. Le falta locura y ese color sombrío con el que uno imagina a Erdosain. Es sostenido por los reflejos y la excelencia de Julio Ordano, y los magníficos trabajos de Coni Marino, Marcelo Sánchez (en una composición espléndida de Ergueta), Enrique Papatino, Gustavo Pardi y Andrea Juliá.
Es destacable el vestuario de época de César Drago y la oscura música compuesta por Martina Vior. Entretanto, la iluminación de Soledad Ianni es sencilla, pero precisa y sustancial a la hora de delimitar espacios, en un trabajo conjunto (o por lo menos así se ve) con el escenógrafo Carlos Di Pasquo. Con mucho más ensayo, Los siete locos hubiera sido una propuesta mucho más interesante.





