
La destreza y la armonía
Nuevo espectáculo de la Compañía Circo Negro para viajar a otra dimensión
1 minuto de lectura'
Grandes éxitos...! Por la Cía. Circo Negro. Dirección: Mariana Sánchez. Intérpretes: Mariana López "La Rana", Guadalupe Mauriño, Cecilia Gómez, Ana Gurbanov, Andrea Silva, Teresa Ciarla, Mariana Sánchez y Gustavo Lecce. Iluminación y producción general: Pablo Zarfati. Club de Trapecistas Estrella del Centenario, Ferrari 252 (Caballito), los sábados a las 20. Entradas $ 30; niños, estudiantes y jubilados, $ 20.
Nuestra opinión: muy bueno
La acróbata sobrevuela al público con alegría contagiosa, con cada impulso elástico más cerca de las cabezas que siguen su veloz zambullida aérea. La sensación de libertad y belleza inunda el espacio en un espectáculo que no excluye edades. Desde la serenidad de influencia budista e india hasta la euforia occidental del "Don´t Stop Me Now" de Queen, los climas se suceden sin solución de continuidad en la serie de los números circenses.
Grandes éxitos...! , el nuevo show de la Compañía Circo Negro, dirigida por Mariana Sánchez, retoma el repertorio de sus anteriores presentaciones, las celebradas Mamushka y Mandalah , en una exhibición de destreza puesta en función de la armonía expresada en formas sorprendentes.
No se trata sólo del movimiento, siempre preciso en sus dibujos acrobáticos, sino de su conjunción con el vestuario, la música -en parte interpretada en vivo por la cantante Teresa Ciarla- y las imágenes de fondo que sugieren ciudades iluminadas surgidas del desierto, los verdes más diversos de la naturaleza, el fuego del sol o sencillamente el blanco necesario para resaltar las sombras voladoras. Un humor flotante, más que impulsado por el gag de risa estruendosa, dibuja sonrisas.
Aros, trapecios, elásticos y telas colgantes son los soportes del desplazamiento. Nina Hagen, Giacomo Puccini, Robert Gass, la Malagueña Salerosa y Queen generan el envolvente entorno acústico. Los efectos lumínicos diseñados por Pablo Zarfati juegan un rol clave para crear el espacio adecuado, incluidas las rutilantes serpentinas de teatro negro. Sobre todos estos elementos se montan el desplazamiento aéreo y la desenvoltura gimnástica de la troupe de Circo Negro, transmitiendo una persistente sensación de felicidad.
En el galpón circense del Club de Trapecistas, con sus sofás, sillones y almohadones entreverados en la platea, conviene ubicarse de frente al escenario que va del ras del suelo hasta la altura, dado que los números, muchas veces jugando con grandes pantallas y telones sobre los que se proyectan imágenes y sombras o se traslucen las figuras, tienen una orientación frontal, de fuerte simetría, que se pierde un poco desde las ubicaciones laterales.
Mariana Sánchez supo guiar el espectáculo marcando el tono a través de las habilidades que generan asombro, pero que se realizan con una liviandad de espíritu y cuerpo que crean la grata ilusión de que son accesibles a todos, que son patrimonio común de público y artistas. Sin grandilocuencia, en un ámbito intimista, de cámara, se desarrolla así una función que sabe crear mundos oníricos en los que el espectador se siente incluido, transportado a una dimensión ajena a los tropiezos cotidianos.



