
"La duda" en juego
Hoy estrenarán la obra multipremiada en Broadway que confronta a dos religiosos en un hecho de corrupción
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"¿Qué se puede hacer cuando no estamos seguros?" Es la frase con la que comienza su sermón el padre Flynn y tal vez sea una premonición. El mismo se verá envuelto en la inseguridad, por el velo de la duda. Otra religiosa, la hermana Luisa Beauvier, perteneciente a una orden que posee una escuela primaria, apuntará su mirada y su sospecha hacia el joven cura, que no sólo tiene una jerarquía superior, sino que es el más popular y progresista de la parroquia. Y la sospecha no es ínfima. Cree que el cura ha intentado abusar de un alumno en la soledad de la sacristía.
Es el argumento de "La duda", una obra que fue el éxito de Broadway del año último, que ganó cuatro Tony (además de otros 21 premios) y por la que su autor, John Patrick Shanley, recibió el premio Pulitzer. El mismo equipo que produjo "La prueba" la trajo a Buenos Aires y hoy se estrenará en el Liceo, con Susú Pecoraro y Fabián Vena en los roles principales, acompañados por Silvia Baylé y Magela Zanotta. La dirección es de Carlos Rivas, el mismo de "La prueba", "La noche de la iguana" y "Cristales rotos", entre otras.
El autor de esta pieza con visos de thriller, en el que "la duda" también envuelve al espectador, convierte en pregunta el título literal de una película de Akira Kurosawa: "Los malos duermen plácidamente". "Me hago las mismas preguntas que el autor. Cuando era chica me decían que los ojos eran como los espejos del alma. Creía que era posible. Ahora que soy una mujer grande me lo pregunto porque no veo en todos los ojos reflejadas las almas, como cuando era chica -reflexiona Susú Pecoraro-. Todo se ha dado vuelta. También te decían que si hacías algo malo, no ibas a poder dormir bien. Pero por ahí los malos duermen mejor que yo, que me quedo preocupada por esas cosas y quizá no duermo. La obra es muy de estos tiempos. Habla de eso. Está muy ubicada en lo que pasa en el inconsciente. No es muy intelectual y es popular. Se hace todas esas preguntas, pero con un argumento de suspenso. Está armada como para tenerte enganchado por el suspenso. Es una parábola, un cuentito."
Enretanto, para Fabián Vena esa frase escondía mucha inocencia en un principio, hasta que se puso a reflexionar al respecto con sus compañeros. "Ya hablar de los malos implica la existencia de éstos, y eso no es nada inocente. Pero mi opinión personal es que los malos descansan tan bien como los que se creen buenos. Sobre todo en un mundo tan contradictorio y esquizofrénico."
Esta monja sagaz y vigilante está convencida de su sospecha y enfrenta cara a cara al cura en una feroz disputa moral, pero todo es un camino de duda. Inclusive, él involucra a una joven novicia en su favor, sintiéndose víctima de las ideas ortodoxas de la mujer. Aunque sólo es una duda, ella sigue adelante. "La razón de esa obstinación es que está en peligro la integridad de un niño. No puede cerrar los ojos y hacer como si no pasara nada. Ella es una gran madre. Un hijo está en peligro y hay que moverse. Va haciendo una investigación para saber si esa sospecha es real. La obra tiene algo muy detectivesco, ya que hay muchas pistas que hacen que la historia parezca de Agatha Christie. Para ella, esa duda es una certeza. Tiene olfato", explica Pecoraro, que retorna al teatro luego de haberse consagrado con otra película: "Roma", en un papel premiado y muy elogiado. "La hermana Luisa es como Roma, pero con hábitos: una gran madraza. Estos personajes son seres humanos. Los estamos mostrando como personas, con sus dudas, sus flaquezas y atrapados. El autor es muy bueno para marcar el carácter de los personajes. Esta monja es una mujer intolerante, con mal humor, con una cosa ética importante detrás. Personajes como los de antes. Podría haberla hecho Bette Davis."
Dos iglesias, dos miradas
Por su parte, Fabián Vena se mete en la piel de este sacerdote que, aparentemente, es el mejor del mundo, pero sobre el que pesa una gran sospecha. A primera vista no es un trabajo fácil. Según la mirada de la hermana Luisa, el padre Flynn parecería el malo de la historia, pero para el ojo del espectador es simplemente un acusado. "La pieza te indica perfectamente cómo tenés que hacer el personaje. Los cuatro están claramente definidos y fríamente calculados de tal forma que ninguno tiene dudas de sí mismo. En todo caso es en la interacción donde se genera la posibilidad de desarrollar la duda en el ser humano. Es ahí cuando el público sentirá que tiene que encargarse de saber qué está pasando entre estos seres. De la historia se desprende la posibilidad de que reflexiones sobre distintas cosas. Incluso sobre tu espiritualidad o tu fe", explica el actor.
Orgulloso de su personaje, lo defiende tanto como lo hace cuando lo encarna sobre el escenario. "El autor trazó un plan perfecto para que estas potencias, en algún momento, se saluden. La potencia de la generosidad, que es lo que carga mi personaje, una clase de Iglesia o una manera de ver el trabajo eclesiástico. Es un exponente de cura que se acerca al ser humano sin diferencias sociales ni económicas. Es amoroso, generoso, cuidadoso y amante de su vocación y de sus principios. Por su parte, ella es un reflejo de la ortodoxia. Una vez que tenés conformados esos personajes, le ponés la dualidad de todo ser humano", explica Vena.
La acción transcurre inmediatamente luego del asesinato del presidente norteamericano John F. Kennedy, en 1964. Eso afecta la acción. Es la muerte de la esperanza. A su vez, es el momento histórico en que se reconvocaba al Concilio Vaticano II, donde las discusiones se enfocaron en las relaciones entre la Iglesia y el mundo, y la libertad de la investigación científica. El sacerdote dejaba de dar la misa de espaldas y en latín para mirar de frente a los fieles y en su propio idioma. Y aquí es la Iglesia la que cuestiona a la Iglesia. "Mi personaje es un claro exponente de esa nueva institución, donde marca claramente una manera de relacionarse con los fieles. Parte de la duda indica que eso esté como mal visto y peligroso", explica Vena. "La Iglesia es la forma. El escenario está puesto allí. Pero hay dos clases de mujer y el mundo de los hombres en ese ámbito, representados por este cura. El autor tuvo esta experiencia que se cuenta y vivió protegido por estas monjas cuando era chico. En el prólogo dice que sintió en su infancia una seguridad que no volvió a sentir jamás. Los hombres manejan todo en la Iglesia, en tanto las monjas pueden hacer desde el trabajo de mucamas hasta ocuparse de la educación. Son las que ponen el cuerpo", agrega Pecoraro, en la reivindicación de un personaje que casi siempre fue mirado por la ficción como un arquetipo de inocencia.
El equipo de "La duda" se completa con Fernando Dopazo, en las luces; Gabriela Dodero, en el vestuario; Nico Posse en la música; y Martín Papanicolau y el mismo Carlos Rivas en la escenografía. Uno de los estrenos más "vistosos" del año.
Para agendar
- La duda , de John P. Shanley .
Liceo , Paraná y Rivadavia. Miércoles y jueves, a las 20.30; viernes, a las 21; sábados, a las 20 y a las 22.30, y domingos, a las 20. Entradas: $ 30 y $ 40.


