
La falsedad y el amor
Prueba de amor. De Roberto Arlt. Dirigida por Alejandro Vizzotti. Con: Claudia MacAuliffe, Rubén Panunzio y Fabricio Rotella. Escenografía: Ariel Vaccaro. Luces: Matías Sendón. Musicalización: Nicolás Varchausky. Vestuario: Belén Serra Delmar. En Delborde Espacio Teatral, Chile 630. Sábados, a las 21. Duración: 50 minutos.
Nuestra opinión: bueno
Una extensa tela a modo de pantalla, a un costado del espacio escénico que anuncia "Primer acto" es el preludio de que todo lo que ocurrirá después es una representación de la representación teatral. Es decir, la mentira en escena.
Un actor-relator es el encargado de representar y anunciar las acotaciones originales del texto para dejar sentado que ese juego de representación y falsedad es el concepto sobre el que estará basada toda la obra.
Es que en la trama de Arlt, un hombre decide comprobar los verdaderos sentimientos de su esposa a través de una puesta en escena. El escritor hurga y profana lo más íntimo de la institución matrimonial, con una mirada de aquellos tiempos que no es anacrónica con la realidad. Quién da más, quién da menos, amores eternos, amores existentes; el bienestar y el concepto individual sobre los sentimientos están puestos en este examen amoroso que puede virar en cualquier momento.
"Ninguna mujer puede darle una prueba de amor a un hombre como no sea su infinita paciencia", dirá ella. Mientras él la comparará con una institución bancaria por su supuesta pasividad. Los textos de Arlt son elocuentes y enfáticos, así como la propuesta de Alejandro Vizzotti.
Buenos trabajos
Los actores también transitarán por un estilo impostado y declamatorio para desarrollar esta trama que encaja muy bien con la idea del director.
Vizzotti fue minucioso en su dirección y consciente de las dificultades que les plantea a los actores. Incorpora acciones modificantes y ellos no pierden la noción de falsedad. Es que hasta los objetos y la escenografía no son lo que parecen ser. Todo es falso. Un baúl puede ser una bañera, y un saco, un cheque. Eso facilita el trabajo actoral y enriquece el trabajo del espectador.
En su regreso al país, Rubén Panunzio (integrante de La Cuadrilla, junto a Hernán Gené, Eduardo Bertoglio y Horacio Gabín) interpreta a este relator-didascalia con presencia y gracia. Su rol se vuelve observador y juez. Entretanto, Claudia MacAuliffe y Fabricio Rotella juguetean con sus enfáticos personajes y demuestran una buena química.
La musicalización de Nicolás Varchausky acompaña los climas para no perder lo argumental con la propuesta escénica, y la puesta de luces de Matías Sendón es sencilla pero efectiva.






