
La fascinación de Alezzo por Pinter está justificada
Traición. / Libro: Harold Pinter. / Versión: Rafael Spregelburd. / Intérpretes: Juan Pablo Kexel, Lorena Saizar, Luis Torrecilla, Mariano Ulanovsky. / Vestuario y escenografía: Marcelo Valiente. / Iluminación: Jorge Ferro. / Música: Mirko Mescia. / Dirección: Agustín Alezzo, Nicolás Dominici. / Sala: Border, Godoy Cruz 1838. / Funciones: sábados, a las 21; domingos, a las 19.30. / Duración: 80 minutos.

En la Poética, Aristóteles afirmaba que el teatro debía presentar una sucesión lógica de eventos. Esta preminencia por la lógica antes que por lo cronológico ha permitido que el teatro experimente con temporalidades diversas, con historias que se extienden por décadas, que van a los saltos o que duran apenas un segundo. Una de las pruebas sobre el tiempo más sobresalientes es Traición, de Harold Pinter. En el plano de la historia se trata de un triángulo amoroso: Jerry y Emma son amantes, Emma está casada con Robert, y Jerry y Robert son mejores amigos. La relación se extiende durante siete años hasta que se agota. Hay muchas maneras de encarar un relato semejante, pero Pinter eligió hacerlo desde el final para luego ir desandándolo. Traición va en reversa, parte del instante en el que la relación ya no existe y va hasta el momento en el que empieza.
El espacio en esta puesta contiene una cama al medio, mesas, sillas y aparadores que dan cuenta de tres lugares nítidamente definidos, pero que también pueden resignificarse según lo que pide la pieza. Un poco como en su última incursión pinteriana, al hacer El invernadero Alezzo utiliza aquí una espacialidad que se desarrolla a los costados, que cambia una locación por otra dependiendo de si está a derecha o a izquierda del foro. La iluminación y la música vuelven dinámicos estos espacios, muestran sucesivas aristas del mismo. Esto hace eco en lo que sucede con los personajes. A medida que la obra avanza se ven capas y capas sin que dejen de ser ellos mismos.
Gracias a la dirección y al buen nivel actoral (principalmente en los roles masculinos), el espectador entiende la distancia insalvable entre lo que los personajes dicen y lo que les pasa. Hay una hipocresía fundante en los tres, pero esa hipocresía no es sólo la que hace a la traición, sino que parece ser también la que posibilita las relaciones. Pinter parece decir que el amor y la amistad también necesitan nutrirse de esos engaños. En Traición, ninguna frase sobra, ninguna pausa está vacía, cada breve diálogo es un estiletazo certero que tiene un subtexto definido. Ahí se ve la mano de la dirección, la obra está bien comprendida por el conjunto, desarrolla una lógica implacable que el espectador completa desde su observación.
Dentro de las muchas capas que tiene la dramaturgia del premio Nobel Harold Pinter, Traición es de las que produce mayor identificación con el público. Algo tiene que ver su temática, claro, el triángulo amoroso es algo interesante de ver. Pero no es eso lo que corona esta pieza, es su virtuosismo exacerbado en la construcción, su paso de cangrejo, su forma de ir de atrás hacia adelante y de lado a lado que resulta envolvente. Paradójicamente, esta puesta de Traición reafirma la fidelidad de Alezzo hacia Pinter, autor del que ya ha montado ocho piezas. La fascinación por estos universos y su deseo inquebrantable de seguir transitándolos es, también, lo que convoca en esta obra. Es, por último, una excelente oportunidad para conocer el bello y recientemente inaugurado teatro Espacio Border.
Nuestra opinión: muy buena.



