
La fuerza de la inercia
"Cuatro paredes." De Gonzalo Hurtado y Hernán Pajoni. Puesta en escena y dirección general: Gonzalo Hurtado. Con Graciela Franzetti, Tatiana Rodríguez, Florencia Blanco y Hernán Pajoni. Vestuario: Silvina Bailo. Luces: Gonzalo Hurtado y Raúl Nogueira. Escenografía: Gustavo Galindo y Gonzalo Hurtado. Musicalización: Guillermo Pesoa. Asistente: Silvina Bailo. En el Teatro del Viejo Palermo, Cabrera 5567.
Nuestra opinión: bueno
Cuatro personas secas, que se mueven casi sin ver, con una cáscara cuyo contenido sólo se mueve inducido y conducido por cuatro paredes. Son cuatro hermanos mayores que, tras la muerte de sus padres, se autoimponen una rígida reclusión entre las paredes de su casa. Ese es su mundo y lo observan entre esos límites, aunque ni siquiera participan en él. Cada uno hace su tarea; cada uno se repite y potencia sus manías y vicios, exámenes y pruebas compartidas, pero sin saber que esas paredes siempre pueden reducirse cada vez más, hasta comprimirlos.
Gonzalo Hurtado pintó un cuadro muy bello sobre la opresión de las normas impuestas sobre la sociedad y los individuos. Esas reglas establecidas que, como el perro de Pavlov, mueven al individuo sólo por reflejo. El autor escribió el texto con pluma metafórica sencilla, pero elocuente y visceral. Hay mucha convicción en esta puesta, además de ideología y nociones claras de sociedad, libertad o dominación. Es un texto no lineal, simbólico y abstracto por momentos.
Asimismo, todo lo que quiso decir lo hizo muy bien a través de cuatro criaturas de peso, claramente distinguibles sin constituirlas en arquetipos. En ese hogar (ese corral) están claros los roles que cada uno cumple, incluso las jerarquías, como si se tratase de una jauría. Cada uno barre o cose en una oposición de comportamientos que confrontan y crean discusiones circulares. El paso del tiempo cada vez más refleja una desesperación y los sueños se vuelven obsesión. Todo esto queda al desnudo, marcado por el ritmo de un reloj espeluznante que hiere con tiempo.
Y ellos repiten una y otra vez el principio de inercia: "Un cuerpo en reposo permanece en reposo y un cuerpo en movimiento permanece en movimiento y a una velocidad constante, siempre que no intervengan fuerzas externas".
Interesante puesta
Hurtado conoce muy bien lo que quiso expresar con la escritura y lo plasmó en la actuación. El movimiento se hace vital no sólo en la sincronización y la acción, sino para mantener vivo ese texto y esa idea.
Asimismo, trazó una puesta elocuente y atractiva, a la vez. Con una buena utilización de los elementos escénicos, que benefician la acción.
En ese mismo sentido, contó con la excelente musicalización de Guillermo Pesoa, que es vital a la hora de crear climas.
Por otra parte, la puesta de luces del mismo Hurtado y de Raúl Nogueira son hábiles en cromatismos que no hacen mella en la intimidad.
Sin trabajos significantes, las actuaciones son correctas y se someten a un texto y a una puesta que las sobrepasa. Sin descollar, podrían mencionarse los trabajos de Graciela Franzetti y Tatiana Rodríguez.





