
La historia del señor Sommer
Portaluppi se luce en este unipersonal del autor de El perfume
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Texto : Patrick Süskind / Traducción : Ana María De La Fuente / Dirección: Guillermo Ghio / Intérprete: Carlos Portaluppi / Vestuario: Peonia Veloz / Iluminación: Adriana Antonutti, Pablo Armentano / Espacio escénico y musicalización: Guillermo Ghio / Banda de sonido: Julián Rur / Asistente de dirección: Norberto Portal / Sala: Teatro El Picadero, Pasaje Enrique Santos Discepolo 1857 / Funciones: Domingos, a las 18 / Duración: 65 minutos.
Nuestra opinión: muy buena
Ante todo, valga una recomendación. Si usted está planeando ver esta obra, recuerde hacer el siguiente ejercicio durante la función: cierre los ojos -durante un minuto, o dos, o tres, los que su naturaleza, entrenada para no perderse nada en un espectáculo, le permita- y notará casi enseguida cómo logra disfrutar del relato sin necesidad de mirar aquello que está pasando en escena. La conclusión llegará casi sola: La historia del señor Sommer es una historia para ser escuchada antes que para ser vista. Esta cualidad, tomada casi de prestado del mundo de los narradores orales, se manifiesta por dos razones.
La primera: La historia del señor Sommer no es una pieza dramatúrgica sino un cuento. Trasladable al teatro, cierto, pero un cuento al fin, que construye mundos que remiten al pasado y que puede permitirse la austeridad de recursos para ir construyendo su trascurrir escénico. En el presente del relato se evoca un presente lejano, el de la infancia del protagonista, que recuerda sus días de niñez y en especial al personaje que da nombre a la historia. ¿Quién era el señor Sommer? ¿Qué hizo para quedar tan sujeto a la memoria del protagonista?
El segundo motivo es la notable interpretación de Carlos Portaluppi, que con su voz, llena de matices, parece encontrar la entonación perfecta para cada uno de los sentimientos que atraviesa su personaje. La ilusión del primer amor y una posterior decepción, la desazón con la que se enfrentan las clases de piano de una profesora vieja y severa, la perplejidad con la que se mira el mundo adulto cuando todavía no se ha ingresado en él: todas esas sensaciones adquieren un decir propio de la mano del actor.
Si el texto de Patrick Süskind -autor de la novela El perfume - resulta más emotivo que perspicaz, Portaluppi, dirigido de manera atenta por Guillermo Ghio, es el responsable de sujetar el interés hasta el final y conseguir que, a pesar de su extrema candidez, la historia convoque e incluso emocione desde el principio hasta el final.





