La idea es zapatearse todo
Bueno
"Triptap". Dirección general, coreografía y vestuario: Mónica Povoli. Producción integral: Juan C. Iacoponi. Elenco: Mónica Povoli, Maximiliano Pellizza, Barbra Podestá, Mariela Moumdjian, Paula Sempé, Laura Morandini, María Soledad Maurici, Ana Gutiérrez, Rodrigo Cecere, Matías Cazeaux y Sergio Castro. Asistentes de coreografía: B. Podestá y M. Pellizza. Luces y compaginación musical: M. Pelliza. Arreglos musicales: Gabriel Goldman. En Molière, Balcarce 682. Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: bueno
Mónica Povoli es una de las profesoras de tap (zapateo americano) más conocidas en el medio artístico, junto a otros nombres grandes del género como Ana Padilla, Rodrigo Cristófaro, Bebe Labougle, Elizabeth de Chapeaurouge, Alberto Agüero, Liliana Jurovietzky y Liber Scall. En 2005 armó un elenco de bailarines con el que dio forma a un music hall muy entretenido que llamó "Buenos Aires Tap". Este año, buscó variantes dentro del mismo género y armó lo que tituló como "Triptap".
En la cómoda salita del Molière (ahora ya no se fuma tanto, ni hay tanto mozo pasando por delante de las mesas) se desarrolla este music-hall en el que todo se habla con el lenguaje del tap, salvo por algunas canciones agregadas.
Pero la variante que Povoli eligió es traducir en ese idioma (el del tap) otros ritmos como el tango, la milonga, el ballet clásico y hasta distintas melodías de diferentes etnias y nacionalidades. Es decir, a lo largo de 19 cuadros, la compañía de diez bailarines no sólo zapatea ritmos clásicos de origen norteamericano sino que se lanza a elaboraciones un tanto más artesanales.
Claro, este desafío no es perfecto. Es raro ver "Verano porteño" bailado en ritmo de tap. Se ve forzado, los movimientos no son orgánicos y las chapas no hacen más que molestar al bandoneón. Aunque la dificultad es sorteada por el diseño de figuras coreográficas. En cambio, ganan en creatividad con la confección de una interesante coreografía grupal de "La puñalada".
Por otra parte, el "Concierto en Sol", de Vivaldi, bailado por Povoli, Maximiliano Pellizza y Barbra Podestá es un ejemplo claro e impecable de cómo se pueden fusionar los estilos hasta engrandecerlos, a partir de la diferencia y la dificultad. Los cuadros étnicos también son creativos, aunque no descuellan.
A su vez, el grupo alcanza otro pico en la realización de un número "a capella", donde las chapitas de los zapatos son el único y reluciente lenguaje. Es ahí donde el tap evidencia su carácter percusivo. Povoli coreografió una aparente libertad en la que virtuosamente, Gutiérrez, Pellizza, Podestá, Sempé y ella misma, interpretan un "Feet on Tap", bien apoyado en lo gestual y en el carácter lúdico de la danza.
Asimismo, es muy simpático el número de teatro negro, sobre todo la primera parte, con una suerte de cakewalk en la oscuridad.
La compañía tiene un estilo clásico y casi puntilloso de zapateo americano, con números de conjunto efectistas. Las coreografías tienen creatividad y dominio de la masa en escena, aunque, por momentos, hay cierto abuso de los stomps y los stamps (pisadas plenas) que se vuelven puro efecto.
Buen elenco
"Triptap" es un music hall sin uniformidad, que de pronto pasa del tap clásico al tango y luego, inesperadamente, irrumpe una canción italiana o una armenia. El concepto es la diversidad y se ve algo desordenado, aunque se disfruta y no aburre en ningún momento.
En la compañía hay mucho esfuerzo y sudor y es notoria la personalidad de cada uno de los bailarines. Pero sería justo destacar la habilidad combinada con la gracia que reflejan, sobre todo, Povoli, Paula Sempé, Ana Gutiérrez y Maximiliano Pellizza.
Por su parte, la cantante Mariela Moundjian se lanza y hace sus partes con solidez.
El vestuario (diseñado también por Povoli) es otro de los puntos más destacados del espectáculo: brillo, diversidad y creatividad.
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