La omisión de la familia Coleman fue ovacionada de pie
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BOGOTA (De una enviada especial).- Si bien no son los únicos porteños que participan del festival ya que también andan por tierras colombianas los actores de la Liga Profesional de Improvisación de Argentina -y sin desmerecer lo que estos intérpretes hacen cada día en sus adrenalínicas competencias-, los argentinos de los se habla mucho (y bien) desde anteanoche son los integrantes de La omisión de la familia Coleman , que dirige Claudio Tolcachir. Con casi cuatro años ininterrumpidos de funciones en Buenos Aires y en países como los Estados Unidos, España, Francia, Chile, Bolivia y Brasil, los Coleman acaban de comenzar con este festival una nueva gira -de más de un mes- que los dejará un tiempo en Colombia para luego llevarlos a Panamá, Costa Rica y El Salvador.
Con las entradas agotadas desde hacía varios días, la noche del estreno local el público rebasaba las plateas para ocupar escaleras y los pequeños rincones vacíos que pudiesen quedar. Los bogotanos recibieron tremendamente bien la historia de esta familia, lo que quedó demostrado a los pocos minutos de comenzar la obra con las fuertes risas que inundaban la sala de la Casa del Teatro, que fueron trocando al ritmo de una tragedia de verdad conmovedora. Cuatro y cinco veces tuvo que salir el elenco a saludar a un público que lo ovacionaba de pie. Así pasó una prueba de fuego para el grupo ya que en este estreno colombiano debutó la nueva abuela, Araceli Dvoskin, que reemplazó con soltura a la entrañable Ellen Wolf.
Exultante estaba todo el elenco y, sobre todo, su director que todavía no termina de creer lo que está pasando con un proyecto que imaginó sólo iba a estar un mes en cartel.
El equipo Coleman tuvo que adaptar la obra a nuevos espacios escénicos y la diferencia sólo la notan quienes pudieron ver la puesta en Buenos Aires. La sala Timbre 4 con sus ventanas, sus puertas, el baño, y todo el marco que no se veía pero que se percibía, es reemplazado por unas sillas en donde se hace el off con unos sutiles cambios de luz. La fuerza sigue estando en la historia de esa particularísima familia y en el trabajo impecable de un más que sólido equipo actoral.
Para Claudio Tolcachir no todo es mundo Coleman -aunque por estos días claramente recobró preponderancia-. Además de girar -como actor- con Un hombre que se ahoga , de Daniel Veronese, obra con la que acaba de regresar de Tokio, este multifacético hombre de teatro ya está a pleno con los ensayos de la segunda obra escrita por él mismo, que espera estrenar a mediados de julio. Y además acaba de comprar una vieja fábrica de sillas que queda en la misma manzana de Timbre 4 para ampliar la sala y hasta hacer un pequeño restaurante.






