
La pérdida de la identidad, en una caricatura mordaz
"El señor Martín." Autor y director: Gastón Cerana. Con Emiliano Dionisi y Mariano Mazzei. Música original y arreglos: Gabriel Goldman. Escenografía, vestuario y utilería: Verónica Lavenia. Caracterización: Marcelo Iúdice. Luces: Lavenia y Cerana. Producción: Romina Chepe. En el Teatro del Nudo, Corrientes 1551. Los sábados, a las 21. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Esta obra recientemente reestrenada se dio a conocer en 2002 en el marco del ciclo Teatro por la Identidad. Precisamente es ese tema el eje central de la pieza: la pérdida de la identidad en un sentido amplio, desde el ser individual hasta el ser nacional.
Dos personajes son exponentes de un universo de desencadenantes. Martín es un adolescente que concurre al James Day High School, un colegio privado bilingüe de la zona norte del Gran Buenos Aires, sólo por decisión paterna. Su profesor es Mr. Martin, un caricaturesco personaje que dice haber nacido en Escocia y que pretende inculcar el idioma inglés y las costumbres anglosajonas hasta en lo cotidiano. Su alumno tocayo se resiste y no teme cuestionar ni los métodos, ni los resultados, ni la personalidad de su propio docente inclusive.
La pieza es una perfecta alegoría múltiple que refleja no sólo la pérdida de identidad, sino también la incomunicación, cierta hipocresía educacional y los comportamientos sociales masivos.
Su autor, Gastón Cerana ("Me gusta y me marea"), con esta obra de estructura sólida y perfecta, a la que no le sobra ni le falta una palabra, demuestra ser un dramaturgo consolidado. En los personajes están muy bien reflejadas las dos fuerzas antagónicas que se enfrentan en un juego de valores de víctima-victimario. Mr. Martin, que hasta pretende cantar el Himno Nacional en inglés, sólo sabe pronunciar en castellano palabras como "disciplina" y "orden", mientras disfruta de la presión, el desprecio y el maltrato. El docente pretende una transformación total hasta de lo cotidiano: un cambio prepotente. "Tú no estás a gusto aquí, pero es lo que te ha tocado", le recuerda a su alumno. Por su parte, Martín puja por la subversión de los sistemas y se burla de la solemnidad, mientras busca una respuesta que pueda constituirse en una clave para encontrar una salida que parece imposible.
"Life is a multiple choice", dice. El menosprecio de su maestro por su tierra, sus costumbres y su rebeldía, lo incentiva para una protesta mayor y, a la vez sencilla, con palabras como "chacra", "mate" o "sangría".
En la relación entre ambos se reflejan las presiones de la sociedad y el origen de ciertas conductas forjadas que parecen inextirpables.
Mr. Martin habla en inglés un 95 por ciento de la obra; por lo tanto, podría parecer que es una pieza elitista. La falta de una traducción real de esos párrafos dejan afuera a parte del público, pero eso es, en apariencia, una intención del autor como correlato de la línea argumental de la pieza. La incomprensión y la intolerancia podrían trasladarse a la platea, a ese público que por momentos es incorporado a la acción por Mr. Martin o por el joven Martín en una suerte de juego épico.
Cerana amplió el concepto no sólo a una estética de cómic, que va mutando en lúgubre hasta un final que se revierte, sino también a los criterios de actuación.
Mariano Mazzei, como el irritable e irritante docente, trabaja a su criatura desde la parodia y establece una interesante transición entre la caricatura y la tragedia.
Por su parte, el jovencísimo Emiliano Dionisi desempeña un papel que parece hecho a su medida y se apoya, fundamentalmente, en su elocuente gestualidad.
En resumen: "El señor Martín" es una de las mejores obras que Buenos Aires abraza en su cartelera.






