La revista, con una señora al rojo vivo
Hoy se sube al escenario en el que debutó hace medio siglo para estrenar el espectáculo Por amor al Maipo
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"Está igual", comenta Rojo mientras recorre con la vista las paredes del teatro Maipo hasta llegar al ascensor. "Estar aquí me produce una sensación muy reconfortante; es como volver al nido. Estar en los camarines y en el escenario me remonta a mi primera juventud. Cada rincón del teatro, me recuerda cosas pequeñitas que hacen a mi historia y a mi vida", dice, y señala una de las láminas colgadas que retrata todo el brillo revisteril de épocas pasadas.
Ethel Rojo tenía sólo 17 años cuando debutó en el Maipo; hoy, medio siglo más tarde, vuelve a pisar las mismas tablas que la convirtieron en un mito del bataclán porteño. En sus inicios, allá por 1955, Rojo -bautizada "la juvenil"- se las arreglaba entre vedettes de oficio provistas de melenas brillantes, bustos generosos, amplias caderas y cinturas de avispa. "Era una chiquilina que recién empezaba -recuerda la figura, que actualmente asume 70 años-. En ese momento, el teatro era de Zully Moreno y de [Luis César] Amadori. Ellos me contrataron como bailarina rasa. Era muy buena para estar tan al fondo y me fueron ascendiendo poco a poco. Al año y medio de haber debutado, ya me empezaron a dar roles más importantes y me pusieron el rótulo de la vedette juvenil. Y yo, que era una figurita, me fui a Europa y, después de unos años allí, volví como figura. Lo demás es historia."
En Por amor al Maipo , el show pseudorrevisteril dirigido por Valeria Ambrosio que la devuelve a las plumas, Rojo se ríe de sí misma y de su condición de vedette veterana. "Me tomo el pelo todo el tiempo. Hay un número que muestra un ensayo en el que no doy pie con bola y la gente me dice: ?Callate que sos mayor´. Es muy gracioso. Desde que empieza la función hasta el final, el resto del elenco se queja y dice: ?Ay! Esta mujer. Pobre. No le da con la edade_SSRq. A mí me parece divertido que yo lo acepte", dice Rojo, y aprovecha la pausa para apurar el café que necesita luego de las largas horas de ensayo sobre el escenario, en las que revive toda su carrera.
"En la obra, se nombran a vedettes de la época y hay partes reales. Como cuando una de las chicas me agarra de los pelos porque me cruzo en su camino. Eso me sucedió. Eran bravas las muchachas de entonces. Hoy tienen la televisión y largan todo por ahí", observa Rojo, y agrega que, ahora, los artistas están más preocupados por tener pantalla que por mostrar al público su talento.
Sin nostalgia
"No me quedé en mi época de brillo. Avancé mucho como ser humano. La edad no me asusta; el estar más gordita, tampoco. No me paralizan las cosas que podrían afectar a una mujer que fue un símbolo. Eso lo dejé en mi pasado", aclara la bailarina, que tiñó su cabellera para complacer a Zully Moreno. "Un día me llama a la oficina y me dice: ?Si te ponés el pelo rojo, te regalo una peluca´. En aquella época, una peluca de pelo natural costaba lo mismo que un departamento; eran carísimas. Luego, el pelo rojo fue para mí un sello, y eso se lo debo a Zully", destaca la artista que recuerda a la popular actriz como aquella persona que la sacó del fondo del escenario. "Era una diva como hoy no existe en la Argentina. Susana Giménez es una diva, pero Zully era aun más porque era misteriosa", distingue Rojo y, luego, rescata de su memoria la aparición de Tato Bores.
"Cuando debuté en el teatro, Tato estaba en una tercera línea; no era figura todavía. Y después mirá lo que fue. De toda esa generación, él fue quien llegó a ser una estrella", opina y, rápidamente, aclara que su espectáculo no tendrá nada de nostálgico. "No quiero decir la palabra nostalgia porque este show no tiene nada de eso. Sí, es una especie de homenaje a la juventud de una generación que represento", afirma.
Para agendar
Por amor al Maipo, con Ethel Rojo y dirección de Valeria Ambrosio.
Teatro Maipo, Esmeralda 449 (4322-4882). Hoy, a las 20.30. Entradas desde 30 pesos.




