
La trama de un teatro patagónico que se rebeló al olvido
De luchas anarquistas a una sala con farol en lo alto pasando por Libertad Lamarque, cine en 3D y un festival que es uno de los más antiguos
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COMANDANTE LUIS PIEDRA BUENA.- Cuentan que cuando en 1986 se hizo la primera edición del Fes.Te.Sa. (Festival de Teatro Santacruceño) los actores que llegaban de otras ciudades iban de casa en casa seleccionando muebles para usarlos como escenografías de sus espectáculos. Algunas de esas obras transcurrían en típicos living. Así sucedía que muchas familias de Comandante Luis Piedra Buena entraban al teatro en el cual estamos ahora y se encontraban con su sillón, con esa lámpara de la abuela o con las copas que sólo se usan para Navidad.
Los actores de los elencos invitados paraban en casas de familia. Con el tiempo, se sucedieron diálogos como el siguiente. Vecina 1: "¿Che, ese que está en la tele no era el chico que paró acá". Vecina2: "¡Claro! Es el Palomino, el Juan Palomino!" Bajo estas particulares leyes nació este encuentro que esta temporada cumplió sus 26 años de existencia ininterrumpida (¿habrá en el país un festival de teatro más longevo?).
El lugar posee dos teatros: la Sala Select y El Teatrino. En el Select, a la hora señalada para la nota, llegan los integrantes de la comisión directiva de la Fundación Fes.Te.Sa. La presidenta de la fundación es Adelina García. Apenas entra se ubica en una butaca que considera suya por derecho propio. Este espacio, cuentan desordenadamente, tuvo varias etapas. En la década del 20, un tal Agapito Crespo era el dueño de La Fonda Obrera. Acá se alojaron trabajadores anarquistas y socialistas que, en 1921, entraron en huelga por mejoras laborales. La historia que retrató la película L a Patagonia r ebelde . Acá, cuentan, corrió sangre.
A principio de la década del 30 se habilitó en la ex fonda el primer cine del pueblo. El espacio principal era utilizado como salón de patinaje sobre ruedas, cine, salón de baile, teatro y espacio para espectáculos. Al fondo también había un hotel, un bar y más espacios. En lo alto de la fachada había un farol. Se prendía cuando había función. En sus caras laterales tenía tallado el nombre del lugar: Cine Select. En algún tiempo también sonaba una sirena.
En 1932 se realizó la primera función de teatro. En el verano de 1941 estuvo Libertad Lamarque. También Tita Merello. En 1945, Adelina, la que tiene butaca propia, actuó aquí. Ya en manos de otras gentes, en 1969 viene una remodelación que deja al Select casi como está ahora: con una platea y un pullman con capacidad total para 270 personas. "Yo estuve a cargo del cine desde 1965 a 1970. Las películas mexicanas y españolas llenaban. Algunas veces hasta teníamos que traer sillas del hotel de enfrente", recuerda Jorge Segovia, otro integrante de la comisión. En 1975 llega la televisión a este pueblo ubicado a 230 kilómetros de Río Gallegos. Por el conflicto militar con Chile (canal de Beagle, 1977/8) los militares se instalan acá. Al tiempo, se van. La Guerra de Malvinas hizo que volvieran. Después de esos tiempos oscuros, el abandono.
Casi al fin de la dictadura se vive una especie de ebullición. Esta gente que está acá contando esta historia decidió convocar a más gentes. "Soñábamos con tener un teatro propio. Ya no había cine, no quedaba nada...", recuerdan Mario Morici y Norma Arregui. La convocatoria funcionó. De hecho, en mayo de 1986 se realizó la primera edición del festival patagónico. Ese año, Comandante Piedra Buena fue designada Capital Provincial de Teatro.
La sala se iba recuperando de a poco, pero pertenecía a privados. La gente de la Fundación Fes.Te.Sa. fue por más. En 1992, el Instituto Nacional del Teatro (INT) aportó los fondos para la adquisición del Complejo Teatral que, actualmente, esta gente co-administra junto con el municipio. Hace dos años, el espacio también forma parte del Incaa y ya se pueden ver películas en 3D. "La historia de esta sala es como haberle ganado una partida a la oscuridad", dice al pasar Verónica Olarieta, la delegada del INT que tiene su oficina acá mismo.
Otro círculo, un círculo
En la fachada del teatro hay un mural realizado por los artistas Kura y Almeidas. Ellos también se encargaron (o les encargaron) de un parque temático en el que están los personajes de Paturuzú. En una esquina, por ejemplo, hay una escultura de Isidoro Cañones que haría las delicias del Pop Latino. El actor Andrés Fernández debe estar acostumbrado a este paisaje. Andrés, hasta sus 20 años, vivió en el conurbano bonaerense. Nunca había visto al mar, nunca había volado, nunca se había tomado uno de esos micros con baño adentro, nunca había subido a un barco, nunca había conocido el viento patagónico. Todo este combo lo conoció en las Malvinas en tiempos de guerra. Y todo esos retazos los entrelaza con especial cuidado en su unipersonal Silencio ficticio , obra que llega acá gracias al INT.
La función tiene lugar en El Teatrino. La obra despliega un nivel de verdad del cual es imposible abstraerse. El reconoce que para cada aniversario de la guerra se transforma en una especie de muñequito de torta de un recuerdo que nadie le preguntó si quería formar parte. Pero ya está, lo es.
Andrés vive en Río Gallegos junto a su madre y su hija. Entre cada generación hay 30 años (el mismo lapso de cuando culminó una guerra de la cual esta sala cobijó a varios pibes como Andrés). En la isla, él se enamoró de Nicola Colbert. Nicola era una kelper de piel blanca, blanquísima, que le lavaba la única muda. La última vez que la vio le regaló una radio con una notita escrita en castellano. Cuando cayó prisionero se deshizo por temor a represalias. En todo ese tiempo, sólo hubo un beso en medio del viento.
En esta ciudad, como en toda la Patagonia, el viento se impone. Los últimos vientos políticos tienen ráfagas cruzadas. Mientras el gobernador Daniel Peralta está enfrentado con la presidenta Kirchner, el intendente de Piedra Buena, José Bodlovic, trabaja para su re-reelección. En abril, la presidenta anunció la licitación de dos represas. ¿Dónde fue eso? Acá, en este teatro. Bodlovic , el intendente re-re-re-reelegido (desde 1999 ocupa el cargo) suele festejar sus años de trabajo en la administración pública (lleva 50). ¿Dónde se hace el festejo? Acá, en el Fes.Te.Sa, la única sala del pueblo que se rebeló al olvido.
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