La verdad de la milanesa performática

Alejandro Cruz
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15 de marzo de 2019  

4 movimientos para una sinfonía

Nuestra opinión: muy buena

Interpretación y dirección: Agustina Sario y Matthieu Perpoint. Iluminación: Adrián Grimozzi. Diseño escenográfico: Leandro Egido. Creación musical: Matthieu Perpoint y Demián Velazco Rochwerger. Video: Joaquín Wall. Asesoramiento estético: Fabiana Barreda y Andrea Saltzman. Sonido: Federico Spinelli. Sala: Matienzo. Funciones: jueves, a las 20.30.

En la sala de Matienzo hay olor, olor a comida. En uno de los laterales se instaló una gran mesada de cocina. Un horno eléctrico está prendido. De ahí viene el olor, el aroma de las milanesas que está cocinando Agustina Sario siguiendo una receta que su madre le cuenta en un audio familiar con sabor a cotidiano. En escena los huevos batidos, el ajo, el perejil y el pan rallado (aunque también hay harina) para los filetes de carne se transforman en una materia en mutación.

A lo largo de esta acción los ingredientes de esta comida típicamente argenta pasan de la mesada de esa cocina al cuerpo de ella y de su piel al piso, transformándose tanto en materia escenográfica como parte de un vestuario pegado en el cuerpo casi desnudo de Agustina. Mientras eso sucede unos suculentos platos de milanesas recién salidas del horno pasan de mano en mano entre la platea. En esa instancia de 4 movimientos para una sinfonía, Mathieu Perpoint oficia de camarero pendiente de darles de comer y de beber a los otros comensales de esta fiesta performática.

Aclaremos algunos datos de este banquete: ella es una estupenda bailarina que ha trabajado en varias compañías nacionales e internacionales. En el plano local formó parte del grupo Krapp y de diversas producciones de Luis Biasotto. Él es una bailarín y performer francés de una extrema libertad interna en sus movimientos. Desde 2012 reside en la Argentina. Suele habitar obras de Biasotto, Alejo Moguillansky y Luciana Acuña o proyectos de Rafael Spregelburg y Matías Feldman. En Buenos Aires dan clases de improvisación, son pareja y, seguramente, en casa cocinan milanesas.

Volvamos a la propuesta. En 4 movimientos... hay otras mutaciones, otros movimientos que hacen a esta lúdica, expansiva y ecléctica comilona. De la escena doméstica se transforman en sujetos eróticos, poéticos, provocadores. Todos esos desplazamientos de lógicas diversos suceden mientras en la misma mesada de la cocina los ingredientes conviven con la bandeja de sonido del músico Demián Rochwerger y sobre una enorme pantalla de fondo se proyectan algunos videos de Joaquín Wall que ofician de espejo del vivo. El último movimiento termina con el público bailando un lento cantado por Mathieu, que tiene algo de digestión colectiva para asimilar un vibrante banquete performático.

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