La vigencia de Henrik Ibsen
Sergio Renán dirige a Luis Brandoni y Alberto Segado en una de las obras más emblemáticas de Ibsen, creada en 1882
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Cuando la dirección del Complejo Teatral de Buenos Aires decidió la programación de la sala Martín Coronado del Teatro San Martín seguramente no reparó en que la elección de la pieza Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, podría tener fuertes resonancias en la sociedad argentina o, por lo menos, aportar algo de luz a un problema tan particular como es la instalación de la papelera Bosnia en Uruguay y la consecuente posibilidad de contaminación del río Uruguay, que perjudicaría a los habitantes argentinos.
Creada en 1882, Un enemigo del pueblo puede decirse que trabaja varias cuestiones individuales y sociales a lo largo de su acción, pero el disparador es la contaminación de las aguas de un balneario que mucho significa económicamente para el desarrollo de la comunidad en donde está instalado. Dos individuos se enfrentan a causa de este problema: el doctor Thomas Stockmann (médico) y su hermano, el alcalde Pedro Stockmann.
Es una de las obras más emblemáticas en la producción de Ibsen y se repone el próximo viernes en Buenos Aires y con un elenco que integran Luis Brandoni, Alberto Segado, Stella Galazzi, Pepe Novoa, Horacio Peña, Daniel Tedeschi, Julieta Zylberberg, Sergio Boris, Marcos Woinski, Pablo Rinaldi, Montenegro, Mario Fromenteze, Maia Francia, Lorena Vega, Valentino Alonso, Lucas Krourer, Kevin Melnizky y Nicolás Rodríguez Ciotti. La versión y dirección es responsabilidad de Sergio Renán; la iluminación es de Eli Sirlin; el vestuario, de Mini Zuccheri, y la escenografía, de Graciela Galán.
Luis Brandoni, el doctor Stockmann en la ficción, regresa al San Martín después de 38 años. Sus últimas experiencias en ese espacio habían sido en 1969. En aquella temporada participó de los elencos de Rosencrantz y Guildersten han muerto , de Tom Stoppard, y La pucha , de Oscar Viale. A partir de entonces, desarrolló una amplia actividad en el cine y el teatro comercial y en éste, sobre todo, representando a los protagonistas de las más variadas piezas de autores argentinos.
El actor demuestra un fuerte interés por descubrir hoy los engranajes que dan vida a este personaje fundamental de Henrik Ibsen. "Ese personaje está inscripto entre los grandes de la literatura dramática universal -destaca-. No he tenido el deseo de llevar a cabo muchos títulos a lo largo de mi vida, pero el único que quiero representar, desde hace mucho tiempo, es éste. La obra tiene una dimensión extraordinariamente importante, que, desde luego, puede tener una lectura política, pero creo que lo más fuerte es su planteo ético. El doctor Stockmann es el paradigma de una posición ética a ultranza".
Luis Brandoni recuerda con afecto algunos dichos de su maestro Alfredo de la Guarda, en tiempos de estudiante del Conservatorio Nacional. "«El teatro del mundo se divide en dos: antes y después de Ibsen», nos dijo entonces De la Guarda. Y esto, sin duda, nos llevó a leer y leer. Con este autor, los personajes dejaron de ser de bronce o articulados como muñecos. Con él aparecieron los conflictos humanos más crueles en escena. Este señor se metió con cosas que hasta el día de hoy provocan polémica."
Brandoni se entusiasma en el momento de analizar la conducta de la criatura que le toca construir: "Stockmann, en rigor de verdad, se ha blindado con su forma de ver la vida. Y lo más interesante es que no claudica en sus principios. Y esto lo torna un ser paradigmático. Ibsen, por intuición o por talento, tiene un manejo de la técnica teatral que es admirable. Si en la obra el alcalde de la ciudad fuera un extraño, el conflicto se mantendría igual, pero el autor decide hacerlos hermanos y esto complica las cosas. ¡Cómo de una misma familia, de una misma sangre, se dan concepciones de la vida tan distintas!".
Antagónicos
Alberto Segado, quien recrea en la obra a Pedro, el alcalde, también se muestra sumamente interesado por esta historia y por su autor. "Ibsen es un maestro de la acción dramática -dice- y también lo demuestra cuando delinea los caracteres de los personajes y los confronta. En esta pieza, donde el conflicto podría haber sido entre el ciudadano y el gobierno de su ciudad, hacer que ellos fueran hermanos resulta muy interesante. Eso me entusiasma de Ibsen, porque echa luz sobre ciertas conductas de los hombres. Y, en este caso, no toma partido."
El actor, en su análisis, intenta observar a los personajes desde este presente y entonces destaca: "Podría pensarse que el doctor Stockmann es el bueno, pero siento que la sociedad actual tiene que ver mucho más con Pedro, mi personaje, que es más pragmático en su manera de ver la realidad. Es un mesiánico inflexible. El otro posee un carácter muy extremo. Son conductas que llevan al matadero y, en este presente, me parece que hacer foco en ellas es muy importante".
Segado pone especial interés, a la hora de dar forma a su personaje, en comprender las contradicciones que afronta. "Por un lado, en esta disputa -explica-, asoma la relación con su hermano donde él se ve atrapado en esa situación familiar pero, a la vez como funcionario, tiene que pensar en el bien de su pueblo. Escucha a su hermano pero no puede resolver cosas con la perentoriedad que él le exige. Creo que es un hombre más flexible y, por eso, sus dudas son mayores".
Como Brandoni, Alberto Segado hace hincapié en los planteos éticos y morales de la pieza. "Son esos conflictos los que te colocan frente a un dilema moral -explica-: ¿cómo te ubicás, cuando el médico descubre que las aguas del balneario están contaminadas? Es fácil decir: «Se cierra el balneario». Es lo que está pasando acá con el tema de las papeleras. También el conflicto nos permite ver cierto entramado social. Las resonancias son múltiples. Ahora bien, ¿cómo se resuelven esas tensiones, cuando a la vez tenemos que seguir conviviendo?".
"El ideal del teatro es que el espectáculo no termine cuando baja el telón. Este es un espectáculo de esas cualidades", remata Luis Brandoni, recordando una frase de otro de sus maestros, en este caso Antonio Cunill Cabanellas.




