
La zigzagueante historia de un cabaret
Desde hace más de un año, la obra que hizo famosa Liza Minnelli se presenta en el teatro de Romay
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MADRID.- Mucho se ha escrito sobre los espectáculos teatrales que se pasean de una ciudad a otra con un manual de instrucciones para su armado bajo el brazo. Se habló de macdonalización del teatro y de un sinfín de cosas. Buenos Aires no fue la excepción, y varias megaproducciones se montaron bajo ese criterio. Lo que pocas veces debe de haber ocurrido es que la producción de un espectáculo haya quedado a mitad de camino y que meses después haya sido retomada del otro lado del Atlántico. Bien, damen und herren , eso sucede con "Cabaret".
Veamos: la acción de la obra se ubica en una Berlín de entreguerras. En medio de otro clima enrarecido, la debacle argentina de fines de 2001, en el teatro Opera de Buenos Aires se estaba haciendo la preproducción de este musical que iba a estrenarse en mayo. Sin embargo, eso quedó en la nada y, cosas del destino, buena parte del grupo artístico que la preparó en Buenos Aires la terminó estrenando acá, en el teatro que tiene Alejandro Romay en plena zona paqueta de una Madrid reluciente.
En la ficción, "Cabaret" transcurre en Berlín. Entre el alcohol, el livin´ la vida loca y la música de jazz, el nazismo iba creciendo entre las sombras. De algún modo, ése es el cuerpo principal de la trama de este musical que en Buenos Aires se interrumpió porque el período de livin´ la vida loca había llegado a su fin. En la avenida Corrientes, para darle vida a este musical conocido gracias a la versión cinematográfica de Liza Minnelli y Joel Gray, el escenógrafo Alberto Negrín estaba poniendo patas para arriba la sala para convertir al Opera en el Kit Kat Club, un cabaret decadente.
La producción ya había realizado un casting con 170 actores. Del mismísimo Norte, el enviado para dirigir el caos fue BT McNicholl; un norteamericano que antes de partir de su país decía: "Vuelvo muerto o siendo presidente de la Argentina". Claro, había dejado su confort del Primer Mundo cuando la banda presidencial en la Argentina iba de una mano a otra. Eso sí, antes de partir de Buenos Aires llegó a anunciar que Elena Roger y Guillermo Angelelli iban a ser los protagonistas (casualidad o no, los mismos que actualmente protagonizan "Houdini").
Aquella "Cabaret" venía superando los vaivenes del corralito y de la pesificación. Todo parecía marchar viento en popa mientras todo se hundía. Como es de suponer, se impuso lo general y la cosa quedó en la nada. Pero no tanto...
El mañana me pertenece
Claro que como "la plata hace al mundo girar" -así dice el recordado tema que cantaba Joel Gray-, el alicaído peso argentino se transformó en "pasta" (como dice la dudosa versión madrileña). Entonces, muchos de los que habían trabajado para estrenar "Cabaret" en Buenos Aires se vinieron para acá para montarla en el reluciente teatro de Alejandro Romay y con la dirección del mismo norteamericano que pasó por Buenos Aires.
Siguiendo el parámetro que se iba a aplicar en otros lugares, el teatro Alcalá se ha convertido en un decadente y bello cabaret con mesitas, camareros que van de acá para allá y hasta dos barras a los costados del patio de platea.
La recreación del espacio se convierte en uno de los aspectos más notables de este cabaret ubicado en una de las zonas más opulentas de Madrid. Tan cool es todo que si en Buenos Aires la entrada más barata iba a salir 15 pesos, acá, por la más cara hay que pagar unos 65 euros (para evitar infartos, ni se le ocurra multiplicar por cuatro). Como dice la canción: "Money makes the word go round" (o algo así como que la plata hace girar al mundo).
Lejos de cualquier nacionalismo, la puesta que se ofrece en España tiene sabor argentino. Sin ir más lejos, quien recibe a este cronista es el propio Diego Romay, que llegó luego del estreno porteño de "Nativo". O, por ejemplo, tanto la escenografía como el vestuario, las luces y la dirección pertenecen a Alberto Negrín, Fabián Luca, Ariel del Mastro y Alberto Favero, respectivamente, todos nacidos de aquel lado del Atlántico. Hay más: en escena, varias de las chicas del Kit Kat Club deben de haber pasado por alguna comedia de Pepito Cibrián o Ricky Pashkus. Y entre el elenco, que encabezan Natalia Millán y Manuel Bandera, la argentina Patricia Clark, que hace de la dueña de un hotelucho de mala muerte, se destaca por la convicción que impone a su papel. De todos modos, vale aclarar que aunque tanto la puesta como la lavada de cara que se le ha dado a la sala son impecables, pocas veces las actuaciones llegan a conmover (esas cosas, de un lado o del otro del océano, siempre suceden).
Ahora bien, ¿usted se quedó con ganas de ver esta versión en Buenos Aires? Entonces, damen und herren , no le quedará otra cosa que venirse hasta acá. Total, con euros o sin ellos, la vida es un cabaret.






