
Las siete vidas de Mónica Cabrera
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"Arrabalera, mujeres que trabajan". Libro, interpretación y dirección: Mónica Cabrera. Dirección de arte: Laura Sánchez. Dirección musical: Claudio Martín. Diseño de iluminación: Eli Sirlin. Asistencia de dirección: Roberto Moreno. En el Auditorio del Centro Cultural Recoleta.
Nuestra opinión: muy bueno.
En esta temporada, la actriz y directora Mónica Cabrera vuelve al unipersonal y con una experiencia singular. Muestra la realidad de siete mujeres que trabajan en lugares distintos, que poseen cualidades personales muy diferentes, en apariencia, pero que conocen muy bien la vida.
Todas parecerían tener un costado marginal que les aporta mayor locura. A veces esa locura las torna patéticas, otras asquerosamente frívolas; están las que llevan una vida oscura y son crueles y también las que están tan perdidas que ni siquiera pueden explicar quiénes son.
El muestrario que diseña Cabrera es amplio y tiene mucha profundidad, porque cada una de esas mujeres está construida con mucha entereza. Hay rasgos muy definidos en la composición que hace la intérprete que le permiten al espectador tener muy en claro que esos seres han sido extraídos de una realidad verdaderamente cotidiana.
Seguramente cada persona del público conoce a alguien que habla o actúa como esos personajes. Lo de Mónica Cabrera no es caricatura, aunque a veces lo parezca. Es mucho más complejo. Ella se ha transformado en un espejo que devuelve imágenes potentes y muy grotescas. Tanto, que conmueven, provocan la risa o hacen reflexionar.
Cada cuadro, un tango
La experiencia está estructurada en cuadros y cada uno de ellos está enlazado por un tango que interpreta la misma actriz. "El que atrasó el reloj", "Arrabalera", "Grisel", "Cristal", "Nieblas del Riachuelo", "De buena fe" y "Mano a mano" irán sucediéndose y, de alguna manera, enmarcarán un aspecto del personaje que se presenta a continuación. También, entre uno y otro personaje, voces en off refrescarán la memoria del público. Asomará un dato de la historia en el que la mujer fue protagonista o que marcó su conducta, en tanto miembro de esta sociedad.
En definitiva, esas mujeres no son más que duros emergentes de un tejido social que les dio forma, que las moldeó según las circunstancias, que las enriqueció o las empobreció.
Chichita, la señora que limpia los baños; Chavela, la trabajadora doméstica paraguaya; Marucha, la mujer que conoce de dietas; la Chola, la agenciera de lotería; la sexy tonta, Mecha, la escritora, y Pochi, la cantante de tangos y personal de seguridad, son claramente hermanas en esta vida. Y todas juntas pueden repetir esos versos de "Arrabalera" que dicen: "Si me gano el morfi diario, ¿qué me importa el diccionario y el hablar con distinción?" Lo de ellas pasa por otro lado, por enfrentar la vida con mucha fuerza.
Es muy notable el trabajo de composición que realiza Mónica Cabrera. Apenas cambia sus zapatos y agrega un dato más a su vestido negro y se transforma en un ser distinto. Su postura corporal, su tono de voz, sus actitudes, se trasmutan de inmediato para dar vida a un nuevo ser, y con una contundencia impresionante.
"Arrabalera..." es una experiencia que, fundamentalmente, confirma la capacidad de una de las mejores actrices porteñas de la generación intermedia.



