
Los ecos de una voz personal
Hoy, en el Teatro Presidente Alvear, se estrena Invenciones, un trabajo en el que será dirigida por Alejandro Maci
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No es complejo imaginar a la exquisita Marilú Marini trayendo las voces de la exquisita Silvina Ocampo. Parece un diálogo cantado, de un fluir de equilibrado orden interno. Por eso mismo es fácil -y grato- pensar que ese encuentro tome cuerpo. De hecho, ella ya visitó los textos de Silvina Ocampo (en su época, menos famosa que Silvina Bullrich y mucho menos social que su hermana Victoria) en dos oportunidades. La primera fue en 1997, cuando estrenó en el teatro de Bobigny, de París, La lluvia del fuego, texto de Silvina que su esposo, Adolfo Bioy Casares, le había entregado a Marilú unos pocos años antes. Esa noche, a A.B.C. lo ubicaron en un gran sillón Voltaire azul como invitado de honor.
Otra noche más cercana en el tiempo, en la glamorosa Villa Ocampo, Marilú les puso el cuerpo a textos de Silvina dirigida, nuevamente, por su amigo Alfredo Arias. Aquella experiencia, que cobró vida hace dos años, culminaba con Axel Krygier interpretando en el gran piano de cola del salón No dejes que te olvide , un bolerazo de Bola de Nieve. Decidida a que no olvidemos ni el nombre de Silvina Ocampo ni su producción, el próximo encuentro entre Marilú y ella se producirá a partir de hoy, cuando se estrene Invenciones , en el Presidente Alvear, según dramaturgia y dirección de Alejandro Maci.
Afuera llueve. Marilú llega puntal a la cita con la elegancia que la caracteriza. En algún momento de la charla confiesa que después de visitar tres veces los textos de Silvina Ocampo quisiera terminar un diálogo con ella. Apenas se escucha, se desdice: "No terminarlo, sino, tal vez, comenzarlo. Necesitaba llegar a ciertas zonas para evocar su universo como en un canto más personal, más de artista a artista, más de trabajadora de la palabra con una creadora de la palabra, como es ella. Porque en esta mujer que parecía ser extravagante, inspirada e iluminada hay una profunda reflexión sobre el amor y la muerte, dos temas que están siempre muy presentes. Hay un soneto, que forma parte del espectáculo, que dice: «Un día moriré de saber todo lo que no me gustaba y hoy me gusta, o lo que me asustaba y no me asusta. Un día moriré de cualquier modo, quiero jugar por eso hoy a estar muerta, sin ávidos gusanos y sin pena»". Es bellísimo.
-En todo esto, ¿también hay una reflexión tuya sobre la muerte?
-Nuestra vida es una preparación para la muerte. Todos nuestros adioses y desprendimientos nos preparan para ese momento. De alguna forma, los actores morimos todas las noches, y en eso hay una suerte de adiós. Y tal vez, por mi lado alemán, la muerte es como una compañera que está ahí, dando vueltas.
Hay otro tema que, inexorablemente, da vueltas alrededor de la mesa del bar: la figura de Silvina Ocampo. De ella Marilú habla en pasado y presente, desafiando casi el hecho anecdótico del fallecimiento de esta señora de anteojos grandes, ocurrido en 1993.
Dice ella: "Silvina es una traviesa, una traviesa inspirada e iluminada. Trabaja lo coloquial y lo vuelve poético e imaginario. Por eso una azucarera de porcelana del salón de su casa era una caja de Pandora llena de sorpresas que transmitía vibraciones que venían de otros mundos. Ella tenía ese poder justamente de hacernos ver detrás del espejo, como una poeta maga".
Su amigo Jorge Luis Borges decía que era imposible engañarla. "Lo maravilloso es que su escritura no es solemne -se entusiasma Marilú-. Hay, sí, atisbos de ironías, atisbos de alguien que ha sufrido pero que tiene la elegancia y la compasión por el otro de no tirárselo todo encima. A lo sumo, muestra ese sufrimiento con delicadeza, con humor. Hay cierta crueldad en ella, pero pienso que es la crueldad de la lucidez."
"La cucaracha es el Ser"
A su manera, Marilú también encarna a una especie de exquisita maga que, no sin cierto temor, apuesta otra vez por una poética lejana a los tiempos de la eficacia inmediata de la época. "Silvina dice que no se puede amar sin crueldad. Es cierto. A veces me parece que uno es cruel con el otro porque tiene que decirle ciertas cosas para poder transmitir algo muy íntimo que lo haga cambiar. Entre nosotros, desgraciadamente, nada se puede cambiar salvo en el amor y en el arte. Lo demás, ¡qué sé yo...!", suspira mientras toma un café.
En Invenciones, un personaje , Greta, repasa su vida entre charlas entrecortadas, olores a magnolias, visitas imaginarias y encuentros. Lo autobiográfico y lo ficcional transitan por un delicado zigzag. Como punto de partida, Maci tomó varios escritos suyos y una genial entrevista que le hizo María Moreno. En ella, por ejemplo, Silvina dice muy suelta de cuerpo: "Escribo porque no me gusta hablar, para dejar un testimonio más de la vida o para luchar contra ese exceso de materia que acostumbra a rodearnos. Pero si lo medito un poco, diré algo más banal".
En el material "zurcido" por Maci se cruzan textos en los cuales la autora de Ejércitos en la oscuridad demuestra una gran lucidez intelectual y un inquietante espíritu lúdico. "Si bien por su estilo y por las cosas que dice sus palabras son para cualquier público, el contenido está afectado -reflexiona-. Por otro lado, es de una gran extravagancia, como cuando dice: «¡Qué hermafrodita es el remordimiento!»."
-Cierto, mi mamá no diría algo así.
-O se lo callaría... [se ríe]. Silvina tiene textos increíbles... "Hay pasos que cuando se acercan son el compendio de toda la felicidad. En ese momento quisiera ser perro." ¿Ves? Es una maravilla porque la situación que se describe es emocionalmente fuerte pero no está hecha gongorianamente, aunque tanto ella como yo admiremos a Góngora. Inclusive lo maravilloso en su producción es que no hay momentos, cómo decirte, de solemnidad, aunque indague caminos que no son políticamente correctos para una escritora seria.
En todo este juego de voces recreadas vale aclarar que el espectador no se topará con Marilú Marini haciendo de Silvina, como sí ocurría con Niní cuando era imposible no ver a la gran Marshall. "Eso sería reductor de ella -acota esta señora, que desde la década del 60 vive en París, después de su experiencia en el Di Tella-. El público verá a una mujer que está esperando, y uno de los juegos, de esas invenciones, es Silvina." Ahí, como hace durante la charla con LA NACION, es cuando Marilú imita la inconfundible voz nasal de Silvina Ocampo.
-En ese personaje que trae a colación distintas voces, ¿cómo es tu rutina previa antes de llegar al teatro? Por ejemplo, estamos en medio de una tarde de tormenta y la obra comienza con una tormenta. Ese dato tomado al azar, ¿sirve?
-Todo sirve. No podés hacer el personaje desde otro lugar que no sea tu cuerpo físico y tu cuerpo mental. Si un actor tiene dolor de callos o de oídos hay que metabolizarlos. En este caso es algo...
Marilú se detiene. Hace una pausa y retoma: "Es increíble lo que me preguntás, porque es como si recién ahora, a una semana del estreno, le estuviera dando un cuerpo al personaje. Y si normalmente soy capaz de dibujar al personaje, en este caso todavía no sé muy bien qué aspecto tiene. La conozco más a Silvina que a Greta, la protagonista de Invenciones" .
A Silvina Ocampo escribir teatro no le gustaba del todo. "Lo siento como un pecado contra la expresión", dijo alguna vez. Pero en este nuevo encuentro Marilú Marini parece ser su contracara y su complemento. En el punto medio de estas dos magas, entran en juego las invenciones de una y de la otra.
Para agendar
Invenciones con Marilú Marini, dirección de Alejandro Maci.
T. Presidente Alvear, Corrientes 1659. De miércoles a sábados, a las 21, y los domingos, a las 19.



