
Los múltiples rostros de una actriz
Edda Díaz, entre el drama y el humor
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En su amplia casa de San Telmo, Edda Díaz cuenta: "Una psicoanalista lacaniana me dijo que a ella le parecía bien la pasión, pero que yo ponía pasión en todo. Y le contesté que la vida sin pasión no tiene sentido". La actriz no aclara si dejó a su psicoanalista o si siguió afirmando aquello que ella le cuestionaba. Lo cierto es que en esta temporada de algo está segura: la pasión da muy buenos frutos. Tantos que el cine, el teatro y la televisión la están convocando y le posibilitan apartarse de esa imagen que siempre la ligó al humor. Figura central del café concert, hoy Edda Díaz construye personajes que la alejan de aquello. Y ella lo disfruta. Hasta le encanta que gente joven la dirija. "Todos mis jefes ahora están en los 30 años. Y me encanta, tienen la edad de mis hijos. Estoy muy contenta porque son muy respetuosos, saben, están preparados."
La temporada pasada estrenó Mi reina, amorcito corazón, en la que interpretaba a "la Nancy", una mujer que sufría la violencia familiar y en la que se animaba a manejar registros muy diferentes donde se imponía el grotesco. Estrenó en La Tertulia Día de visita, de Juan Crespo, con dirección de Néstor Zacco (con Carlos Aguilar, Gastón Biaggione, Aníbal Brito, Ana Cestoni, Soledad Cichilli, Romina Gil, Diego Horn, Nora López, Maxi Pereyra, Rodolfo Rodríguez y Ema Visini). Allí es Silvia Uber, una escritora internada en un neuropsiquiátrico acosada por recuerdos, alucinaciones, fantasmas. "Es un gran desafío -cuenta-. Es una señora a la que le gusta hablar bonito. A los actores que tenemos formación de escuela nos gusta, de vez en cuando, tener un texto donde todo suena armónico, aunque se digan cosas terribles."
-¿Sin duda es una criatura muy diferente de las que estás acostumbrada a recrear?
-En mi carrera hice trabajos como El jorobadito, Salir del pozo, Encantada de conocerlo. Acá vuelve a aparecer una posibilidad que ya se había dado en el cine: hacer drama. Me llamaron para Te extraño, donde hice una bobe que rozaba la tragedia, y filmé El notificador, ópera prima de Blas Eloy Martínez. Estoy muy contenta. Tanto a Antonio Gasalla (fueron compañeros en el Conservatorio de Arte Dramático) como a mí nos formaron con una orientación hacia el drama, la tragedia. Pero teníamos humor, un regalo extra, que se da pocas veces. Y ese regalo, a veces, se apodera de vos.
Ahora se anima a más, aunque algo de humor se escapa en "la vecina chusma" que recrea en Un año para recordar (Telefé) o en las dos temporadas que grabó de Amas de casa desesperadas para Ecuador y Colombia. Y tiene ganas de reconstruir algunos monólogos que incluyó en sus experiencias de café concert, como La niña del triciclo o Los siete pecados capitales. "Te parecerá extraño, pero quiero volver a hacerlos. Los jóvenes nunca vieron café concert, ellos hablan de stand up, pero no es lo mismo. Ese es un género americano y es muy de ellos. No me hice actriz para seguir siendo yo, sino para dejar de serlo. Silvia Uber, el personaje de esta nueva pieza, es una posibilidad de jugar con una muñeca nueva. Y quiero seguir haciendo eso."
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