Los sonidos, a puro golpe
El Luna Park se sacudió con la actuación del grupo Stomp
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El escenario descubierto mostró la estructura base del espectáculo que el grupo inglés Stomp presenta en estos días en el Luna Park.
No es una novedad para el público porteño este show de percusión, ya que el grupo presentó su propuesta en Buenos Aires en 1997. De aquella presentación a ésta es poco lo que se ofrece como renovador. Y esto no representa un demérito, porque el grado de perfección que alcanzan como conjunto sonoro no ofrece fisuras.
Para ubicar al espectador que no presenció este show, la sensación al ver el escenario es como ingresar en un galpón de chatarra donde diferentes desechos metálicos o de plástico lucen como orgullosos trofeos adquiridos.
Comienza el espectáculo cuando entra, sin previo aviso, uno de los miembros con un gran escobillón barriendo el escenario. Al instante se van sumando los demás, en total seis varones y dos mujeres, que empiezan su rutina sonora con el cepillado, el zapateo y el golpe de los palos. A pesar de que el instrumento percutor es el mismo, la variedad está en los valores del ritmo que, musicalmente hablando, podrían traducirse en blanca, negra, corchea, síncopa. A eso se suma cierto grado de humor, a cargo de dos de los integrantes, mientras el resto demuestra tener aptitudes ya sea para el baile o para el ritmo. Especialmente se perciben las aptitudes cuando la rutina se limita a utilizar las palmas de las manos que golpean en distintas partes del cuerpo obteniendo diferentes resonancias.
Se puede establecer que el espectáculo son diferentes números por el objeto-instrumento que utilizan, y con ese esquema se suman o restan intérpretes.
Para la secuencia de la caja de fósforos, son tres los que logran extraer sonidos golpeando con los dedos esas cajitas de madera. Luego es el turno del zapateado sobre arena.
Hasta aquí un tipo de ejercicio que se renueva cuando llega el momento de utilizar distintos objetos, y en este sentido demostraron tener mucho más que habilidad.
Todo material es válido
Armar un soporte sonoro con cepillos de diversos tamaños no resulta tan fácil como ellos lo muestran. Pero luego la complejidad aumenta cuando empieza a utilizarse tubos de goma de diferente grosor y largura, baldes de aluminio, bachas de cocina, jarros de todo tamaño, varas de madera.
El toque de creatividad está en extraer de sillas metálicas un mundo sonoro diverso, de increíble resolución por el acierto en la manipulación.
Llega el momento de utilizar la estructura donde se perciben llantas de coche, cilindros de oxígeno, matafuegos, radiadores, señales viales de tránsito, chapas metálicas de plástico, todo un entramado que resuena con los golpes de las baquetas que ejecutan dos de los integrantes colgados de un elástico.
El sonido se acrecienta cuando llega el momento de los grandes tachos tanto de metal como de plástico, al mismo tiempo que se incorporan las cajas de madera. Toda la resonancia se ve amplificada por un equipamiento técnico, recurso que queda expuesto cuando entran en el número del papel de diario, del cual logran extraer un sonido acompasado, percibido por toda la audiencia de la sala.
No faltó la invitación a la platea de sumarse al juego de palmas, que resolvió airosamente la dificultad que presentaba la variedad de ritmos solicitada.
El grupo se ganó el aplauso de los espectadores, entusiasmados por tanto despliegue de percusión que llegó con nitidez a los oídos de todo el público, incluso el más alejado.



