
Los titiriteros vienen marchando
Cada año aumentan sus aportes en todos los estilos y con una estética cada vez más cuidada
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En estos momentos en la cartelera hay muchos espectáculos protagonizados por títeres, o que los incluyen. Se han multiplicado los conjuntos, las técnicas y las propuestas. El titiritero trabaja cada vez más "a la vista". Puede observarse un desarrollo en los distintos aspectos de la profesión. Crece el número de escuelas, talleres y cursos. Aunque siguen transitando por paseos y plazas, se ubican mucho más en salas convencionales y no convencionales.
Son escurridizos, independientes, traviesos y pueden ser terriblemente serios. Comparten cartel con los actores. Pueden estar hechos de los más diversos materiales, adoptar las más distintas formas, moverse de las maneras más insospechadas. Fuera del escenario son un objeto, una cosa. En el escenario cobran vida y una misteriosa fuerza de comunicación. En algunos lados se los llama títeres, en otros, marionetas o guiñol, teatro de muñecos y actualmente se maneja más la denominación "teatro de objetos", porque el títere es por definición "cualquier objeto que puesto en movimiento cobra dimensión dramática". Estos "objetos" movidos de cierta manera transportan sobre sí la carga de las emociones, los sentimientos, los temores y las necesidades de quienes los miran, mientras despiertan ecos insospechados en el inconsciente: todo depende de la mano que los mueve.
Todo esto no es nuevo. Lo que sí es algo para tomar en cuenta es la manera en que la estética del títere se ha diversificado: han aumentado los espectáculos de títeres para adultos, los pequeños actores han dejado de ser solamente los "de risa fácil", comparten el escenario con actores y músicos, proponen historias muy diversas y complejas: cantan ópera, como en "La flauta mágica" de Gabriela Marges; enseñan astronomía, como en "Sueños con estrellas", de Libertablas; representan a Shakespeare, como en "Romeo y Julieta" del Grupo de Titiriteros del San Martín; a Cervantes, como en "El Quijote", de Libertablas; a los clásicos griegos, como en "Mitos griegos a la criolla", de Perfil Griego, sin por eso abandonar ese lugar íntimo y recogido del cuento breve, ingenuo y tierno, como en "Huevito de ida y vuelta", de Silvina Reinaudi, o "Una historia de amor", de Marcelo Peralta. Tampoco faltan el humor y la picardía, la emoción que se concentra al máximo en los pequeños espectáculos unipersonales, como los de Sergio Ponce, Guillermo Bernasconi, Javier Cansino, Pablo Sáenz, entre otros.
Sergio Rower, integrante del grupo Libertablas, dice: "A principios de este año hubo un foro de titiriteros, y a mí me resultó especialmente gratificante encontrarme con tantos colegas hablando de temas profundos relacionados con la profesión. Creo que el movimiento ha crecido mucho, no solamente en cantidad. De hecho hay una irrupción, pero con mayor profesionalismo, que luego pasará por la decantación. Por ahora es muy interesante y señala puntas hacia una diversificación."
Sarah Bianchi, decana de titiriteros, directora del Museo Argentino del Títere "Mane Bernardo y Sarah Bianchi", comenta: "El títere no solo está presente, sino que está ocupando un puesto muy digno en el espectáculo. Personalmente agradezco esta tendencia que lleva a los titiriteros a intensificar el cuidado en cada detalle, no solamente del títere sino de ellos mismos, en reconocer que la estética es importante. Veo que hay muchos conjuntos nuevos que se preocupan por utilizar buenos textos, exploran nuevas técnicas, eligen con cuidado los elementos y tienen en cuenta la imagen visual, la unidad estética, cada detalle: las voces, los tiempos. Son chicos que cuentan con una base y saben que hay que investigar. En ese aspecto me interesó mucho el trabajo de Eva Halac con "El ruiseñor"".
"Veo estos cambios -continúa- en algunos de los espectáculos que presentamos en el Museo, como "Con la música a otra parte", del grupo El Yeite, que estará este fin de semana a las 16, o el conjunto De acá, que irá la semana que viene. También el grupo Aferrate a la baranda frecuenta nuestro retablo con "Irulana y el ogronte", de Graciela Montes, con mucho éxito."
Lo viejo, nuevo
A su vez, Silvina Reinaudi, directora y dramaturga de varios espectáculos del grupo Asomados Escondidos y que hace poco recibió el premio María Guerrero en espectáculo infantil por trayectoria, comenta: "Hay una nueva generación que está haciendo excelentes trabajos y que explora nuevas posibilidades, se atreve, pero con profesionalismo. También parecería que hay en los antiguos una tendencia a rehacer lo viejo, a rescatarlo. Esto es bueno a veces: el público recibe con alegría algunos retornos. Algunos espectáculos ya son clásicos: la gente ya los eligió. Pero cuando hablo de rehacer, me refiero a un trabajo en serio, volverlo a mirar y componer, hacerlo nuevo, es decir, resignificarlo, no reflotarlo. Nosotros estamos presentando una nueva versión de "La caja cerrada", en la que hicimos muchos cambios, pero hemos mantenido su esencia, y nos encontramos con una respuesta extraordinaria del público: son ellos en definitiva los que nos dan las claves para seguir creciendo. Pero eso significa valorar mucho cada detalle."
Cuenta el ejemplo de "Huevito de ida y vuelta", un espectáculo que Asomados y Escondidos presenta en vacaciones en el Centro Cultural de la Cooperación. "Cada vez lo vienen a ver chicos más chiquitos. Es asombroso con qué atención lo siguen. Si uno se pone a pensar, son unos cuantos objetos sobre una tabla de planchar, que funcionan como títeres de varilla, con la técnica de mesa. Las titiriteras sólo participan cuando sus caras quedan bajo la luz. Pero en realidad es un simple resorte de plástico que sobre esa tabla se transforma en un gusanito. Es algo mágico, logrado después de mucho trabajo, de muchos ensayos. A la gente le impacta todo: la sincronización, la estética, la manipulación cuidada y precisa. Es que de eso se trata -concluye- la magia sólo viene a posarse sobre el trabajo a conciencia. Y eso es lo bueno que veo en los nuevos aportes, porque una actitud reflexiva tiende a producir una maduración."
Reflexión y crecimiento
Todos los titiriteros consultados señalan un crecimiento profesional, como si el títere pisara fuerte y seguro. Ya no se improvisa, se crea, se explora, pero buscando los recursos en un saber que se encuentra en la experiencia y el trabajo de muchos. Todos los consultados señalan la importante influencia del Periférico de Objetos en la búsqueda de nuevas posibilidades con el títere, y el reconocimiento de que todo objeto puede ser actor si así se decide.
"En este momento ya no sirve ser solamente autodidacto porque se tienen condiciones -dice Sarah Bianchi-. Hay talleres y escuelas, se dan cursos. Muchos protestan contra ellas, pero las escuelas forman, después cada uno encontrará lo suyo."
En este momento, las escuelas del teatro San Martín, la de Avellaneda, dan la posibilidad de preparación profesional a los que se inician. Cada vez más, los festivales incluyen talleres y foros. Actualmente el titiritero no solamente tiene que aprender a construir y manipular su títere, sino a construir su retablo, cultivar y educar su voz, trabajar la expresión corporal, conocer un poco de música y, tal vez principalmente, saber dónde pedir ayuda.
"Por ejemplo -sigue Bianchi- muchos descuidan no solamente la dramaturgia y no eligen buenos textos, sino que se olvidan de pedir ayuda en la dirección. Ellos dicen que no pueden darse el lujo de buscar alguien que los dirija; es cierto que es más trabajo y que cuesta dinero, pero la diferencia es muy grande."
Sergio Rower, al analizar su trabajo en Libertablas, dice: "Al "Quijote" ya lo vieron más de 30.000 chicos de escuelas; creo que nosotros también hemos crecido, buscando siempre la técnica que el texto nos propone y eligiendo los guiones de esos viejos y queridos libros de nuestras bibliotecas, los clásicos que queremos compartir con los chicos. Las maestras nos agradecen tanto que los trabajemos para que los chicos los conozcan. Y usamos todo lo que necesitamos, no importa si es guante, varilla, marote, teatro negro, a la vista o escondidos, lo que haga falta para contar lo que queremos. Lo importante es que sea teatro, que el actor y el titiritero encuentren el código en común con su compañero".
Nivel universitario
Daniel Spinelli, integrante del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, autor y director de varias obras, entre ellas "Imágenes de Titiritierra", comenta con entusiasmo la creación del Cipto (Centro de Investigación y Producción en Teatro de Objetos), en la Universidad Nacional de General San Martín (Unsam). "La idea -dice- es producir e investigar dentro del ámbito académico. Nosotros actualmente coordinamos un taller de producción de títeres en la carrera de Licenciatura en Artes. La universidad está construyendo una sala especial para teatro de títeres experimental en un viejo galpón de los ferrocarriles, en Migueletes. Todas estas cosas son auspiciosas señales de crecimiento, ya que esta iniciativa está abierta a la comunidad titiritera en su conjunto. El títere es un personaje dramático, apenas se asoma crea un campo dinámico en el que están insertos todos, los actores y las cosas. El puestista, el director, tiene que poder coordinar todo esto."
No va más
Tito Loréfice, también integrante del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, director de algunos de los espectáculos del grupo, como el recientemente estrenado "Romeo y Julieta" en la sala Cunil Cabanellas, reflexiona: "El actual movimiento titiritero se va viendo como una tendencia a la superación. Antes no se cuidaba tanto el detalle, ahora quieren formarse más, producir mejores espectáculos, cuidar los aspectos interpretativos, pulir la dramaturgia. No se toma a la ligera nada: hay más demandas de cursos completos, de formación completa. No solamente hay abundancia de gente nueva buscando dar forma a su propuesta, y eso significa un desafío, una sana competencia, sino que el público conoce más, es más exigente, se te acerca comentando detalles que te asombran, es decir, la gente ya no se morfa ningún "así nomás"".
"Y eso es muy bueno -sigue- se ha ampliado la integración de técnicas, cada vez es más importante que el titiritero dé vida con su cuerpo a las emociones de su personaje. Por ejemplo, con "Romeo y Julieta" tuvimos que preguntarnos: ¿cómo hacer tragedia con títeres de guante, tan asociados al humor? ¿Cómo darle otro tono? Debatimos mucho y la respuesta estuvo en la integración titiritero y muñeco, trabajando a la vista. Es una experiencia nueva, de mucho trabajo, que incluso estamos perfeccionando para la nueva presentación del espectáculo, en agosto, o en octubre, de acuerdo con los compromisos del San Martín con el Festival Internacional de Teatro.
Universitarios o autodidactos, pequeños o grandes, en salas o en la calle, los títeres parecen encontrar en estos tiempos un lugar muy especial en una sociedad que tiene muchas ganas de que les cuenten historias.



