
Los trapitos al sol
"El gran deschave", de Sergio De Cecco. Con Carlos Scornik, Martina Palazon, Marcelo Nacci y Miguel Volpara. Vestuario: Lucía Pita. Escenografía: Cristina Ermelo. Dirección general: Fito Allende. Duración: 150 minutos. Teatro del Viejo Palermo (Cabrera 5567). Funciones: los domingos, a las 20.
Nuestra opinión: regular
Sergio de Cecco (1931-1986) obtuvo en 1975 el premio Argentores por "El gran deschave". La obra alcanzó un gran éxito gracias, entre otras cosas, al trabajo de Federico Luppi y Haydée Padilla y a la dirección de Carlos Gandolfo. La pieza trata sobre un matrimonio con 10 años de casado que una noche saca a relucir sus problemas. El disparador del estallido es, simplemente, una televisión que una noche deja de funcionar. Esa situación rompe con la rutina y hace que los dos personajes centrales, casi sin querer, se encuentren sacando los rencores contenidos durante años.
De Cecco expone esas miserias con una audacia que décadas atrás era bastante llamativa. Claro que, con los años, el material dramático se ha resentido, ha perdido contundencia y hasta efectividad. Mucho más, si se tiene en cuenta la cantidad de espectáculos confesionales y catárticos que en estos últimos años han invadido la cartelera porteña.
Sin embargo, tanto en lo formal como en lo temático, Fito Allende, el director de esta nueva puesta de "El gran deschave", parece no haberle temido al paso de los años. De todos modos, el resultado es bastante pobre. En primer lugar, la pieza requiere de dos actores de enorme talento que encuentren constantes imágenes internas para que la acción no decaiga. Precisamente no es el caso de este espectáculo que se ofrece en el Teatro del Viejo Palermo. Si bien Carlos Scornik logra dar vida a su Jorge apelando a una variedad interesante de recursos, su compañera, Martina Palazon, como Susana, no está a su altura. Ella despliega una composición excesivamente monótona.
Para colmo, la obra dura dos horas y media, lo cual agrava las cosas. Seguramente con una buena dramaturgia que hubiera rescatado los nudos del conflicto, la trama habría ganado en contundencia y suplido algunas falencias interpretativas. Hasta podría suponerse que ese mismo texto "corrido" del registro realista también habría encontrado otros vericuetos más atractivos. Sin duda, ninguna de esas dos opciones (que el teatro alternativo porteño maneja con tan buen criterio) formó parte de la premisa del director.
Y si bien en sus rubros técnicos (escenografía, vestuario e iluminación) esta puesta de "El gran deschave" es correcta, esos aspectos no alcanzan para darle vitalidad a un texto que fue vital décadas pasadas.







